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Opinión | Zamoreando

De mercadillo

OPINIÓN | Con la madurez, tengo para mí que todas las personas tendemos a comprar menos marcas de vestir, puesto que las marcas imponen sus reglas

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, interviene en el Senado este 4 de noviembre.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, interviene en el Senado este 4 de noviembre. / A. Pérez Meca

Con la madurez, tengo para mí que todas las personas tendemos a comprar menos marcas de vestir, puesto que las marcas imponen sus reglas, y conforme pasan los años nuestro estilo personal está más definido. A día de hoy se prioriza más la comodidad y la calidad sobre las tendencias pasajeras. Es mejor invertir en prendas básicas y duraderas, de esas a las que no se les nota el paso de las modas, precisamente por eso, porque son básicas, son un fondo de armario más que necesario.

No obstante, la fiebre por las marcas no ha pasado. Algunas personas gustan lucirlas en ropa, gafas, bolsos, cinturones y otros muchos accesorios. Cuanto más a la vista, mejor. Y si no se puede acceder a las marcas originales, cuántas de ellas con precios prohibitivos, se ‘tira’ de lo que se vende en los mercadillos, donde reinan los productos chinos y de otros países donde las falsificaciones están a la orden del día y además son legales.

El bolso de la hija adolescente de Yolanda Díaz es uno de los más populares en los mercadillos donde reina la imitación. Además de los Vuitton, tan codiciados siempre, los de Chanel y los de nylon de Prada se encuentran entre los más deseados. Le voy a decir una cosa, con los de imitación se acaba pagando el pato. Si no son las costuras, son las asas, tienen la vida más corta, se deterioran antes, los herrajes se pierden por el camino y los acabados precarios acaban pronto con la vida del bolso. Luego está el tema de los colores, que no coinciden con los originales, ya que los de las copias suelen ser más chillones.

Todos y todas hemos caído alguna vez en la tentación, pero claro, no somos ministras, ni tenemos cargo público alguno. Lo malo es cuando se predica una cosa y se hace la contraria. Un bolso original de 1.550 euros como tantos de Vuitton o de más de 10.000 euros, como algunos modelos de Chanel, no están al alcance de todas las economías, salvo que se líen la manta a la cabeza, se pongan por montera la economía personal y se den el gustazo de llevar una joya de piel de esa magnitud, o de nylon como el de Prada que cuesta la friolera de 1.650 euros.

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