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Opinión | Siete días y un deseo

Los fuegos no llegan solos

OPINIÓN | Si quieren conocer una de las causas fundamentales de la actual tragedia nacional es precisamente el abandono de nuestros pueblos por los efectos del éxodo rural durante los años cincuenta y sesenta del siglo XX

Ayoó de Vidriales, uno de los pueblos afectados por el incendio de Molezuelas.

Ayoó de Vidriales, uno de los pueblos afectados por el incendio de Molezuelas. / José Luis Fernández / LZA

El análisis más certero sobre los fuegos se lo he escuchado a Santiago, "El Cabrero loco", que así se hace llamar en sus grupos de wasap y en la radio, especialmente cuando interviene en "El Faro", el programa radiofónico que acompaña los sueños a miles de ciudadanos que amamos con los sonidos de las ondas a cualquier hora del día y, como en este caso, de la noche. Las palabras del amigo Santiago en la madrugada del jueves deberían ser escuchadas por todos los ciudadanos y, de manera muy especial, por quienes tienen responsabilidades políticas y técnicas en la prevención y el cuidado de nuestros bosques. Santiago sufrió las consecuencias directas del fuego de la Sierra de la Culebra en 2022 y entonces, aunque ya lo había anunciado muchísimo antes, se cumplieron sus presagios. Él sabe de lo que habla porque es una persona que ama y siente como nadie lo que hace. Pero sus palabras casi siempre caen en saco roto o se las lleva el viento a otros rincones lejanos porque quienes deberían escucharlas andan a cosas mucho más "importantes" o disfrutan de los "merecidos" descansos a cientos de kilómetros de distancia de donde arden las casas, las naves del ganado, los pastos, los árboles, etc.

En fin, para qué seguir si ya se ha dicho casi todo sobre los fuegos y, sin embargo, apenas hemos aprendido algo. Que si se apagan en invierno, que si se necesitan cuadrillas con contratos estables, que si se requieren inversiones permanentes en maquinaria, hidroaviones, helicópteros, etc., para estar preparados ante las emergencias, que si la educación ambiental debería formar parte del curriculum escolar, que si todo el mundo debería tener dos dedos de frente para cuidar uno de los bienes más preciados y no reír las gracias de esos pirómanos que andan sueltos por ahí. ¿Y de los fuegos y la España vacía o vaciada, qué? Pues que si ustedes quieren conocer una de las causas fundamentales de la actual tragedia nacional es precisamente el abandono de nuestros pueblos por los efectos del éxodo rural durante los años cincuenta y sesenta del siglo XX, mitigado aunque no eliminado en las décadas posteriores. ¿Y qué decir de la crisis de la agricultura y ganadería o, más bien, del olvido de las prácticas ganaderas tradicionales, es decir, de la ganadería extensiva como uso fundamental para el cuidado de nuestros bosques? Vean y escuchen a Almudena, desde Argañín, y lo entenderán todo.

Por eso, ahora que nuestros pueblos son un espejismo, que se encuentran atestados de veraneantes que se fueron y que regresan a casa para disfrutar de las fiestas o de las numerosas actividades culturales, también debería hablarse de estas cuestiones tan importantes para la supervivencia, no solo de las zonas rurales, sino de las ciudades y, por extensión, del planeta Tierra. Algo hemos comentado estos días en Abelón y Monumenta, donde he impartido dos talleres sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde aquí, muchísimas gracias por la acogida tan favorable. Me temo, sin embargo, que el ruido de las verbenas, los olés en las plazas de toros, las comilonas en las bodegas o en los garajes improvisados como comedores alternativos, etc., son poco propicios para hablar del fuego y que nos tendremos que conformar con mirar las imágenes de las llamas en la televisión y, llegado el caso, derramar algunas lágrimas por las consecuencias de lo que ven nuestros ojos. Y no estaría mal que así sucediese porque, al fin y al cabo, cada uno expresa los sentimientos como puede o le apetece. ¡Ay, qué pena más grande!

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