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Opinión | Al grano

La canica del niño vacceo

¿Qué ocurre? ¿Qué está sucediendo? Ya no se escuchan gritos estridentes en los pueblos zamoranos

Excavaciones en El Viso

Excavaciones en El Viso / I. G.

Fue hace nada, a finales de junio, en la primera excavación reglada —¡qué ya tiene bemoles, después de tanto tiempo de saber, a ciencia cierta, que debajo del promontorio hay vestigios más que evidentes de vida!— en la Cuesta El Viso, cabeza arenisca de la Tierra del Vino zamorana, espacio arqueológico declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta en 2013, donde, aparte de otro material interesante, aparecieron varias bolitas de barro, sí, sí, seguramente canicas con las que jugaron los niños vacceos de hace entre 2.000 y 2.500 años. Las esferitas, preciosas y casi perfectas en su confección, están punteadas siguiendo dos líneas armónicas que se juntan como si fuera una equis o algo así.

Uno —y un grupo de voluntarios impagable de la zona, ligados casi todos a Bamba, que apoyó a los arqueólogos— que estaba allí en el momento del hallazgo no pudo por menos que imaginar cómo sería la vida de los niños hace quince siglos en un asentamiento prehistórico (¡sea Arbucala o no, Carlos Sanz Mínguez, estuviera Aníbal Barca o no, qué nada es hasta que no lo parece!) de agricultores cerealistas y ganaderos. Seguro que la grey infantil tuvo mucha más importancia que tiene ahora en la zona, seguro que su protagonismo fue muy grande, era el futuro y había que mimarlo con juegos y la instrucción necesaria.

Ahora, en la comarca donde camparon (en medio de los peligros propios de una época sin normas) a sus anchas los niños vacceos, apenas hay nacimientos. Las plazas de los pueblos (con alguna honrosa excepción) están vacías, algunos colegios se cierran, y a la caída de la tarde juliana ya no se oye el griterío estridente de quien no tiene freno porque lo que ha hecho siempre es ir hacia adelante.

Ya sé, ya sé, que me ha vuelto a salir la vena victimista y en este caso con un ejemplo de antes de la tos (¡Irene Gómez, permíteme que te copie la expresión!), pero es que es muy duro acostumbrarse a ir de entierro en entierro hasta la derrota final sin ningún bautizo mediante. ¡No dura el trigo eternamente si alguien no lo siembra!

Andamos dándole vueltas y vueltas a los aranceles de Trump, que van a hundir definitivamente al campo europeo (al zamorano, ni te cuento), a las realidades paralelas de Sánchez y Feijóo, a la guerra de Ucrania o al genocidio del pueblo palestino, y ni un minuto a la tragedia nuestra de cada día que nos tiene maniatados. Ya sé, ya sé, que lo que nos está tocando es propio de la evolución y de los movimientos naturales de la población, ¡pero qué asco, no, qué nadie haga nada! Con todo, lo más triste es que ya se nos están acabando las lágrimas. n

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