Opinión | El espejo de tinta
Ferraz no era una fiesta
OPINIÓN | Pedro Sánchez es un muerto que, aunque se sabe cadáver, lo disimula impertérrito apartándose de los que van cayendo a su alrededor

Pedro Sánchez en el Comité Federal del PSOE. / José Luis Roca
En los funerales de jazz en Nueva Orleans, bandas de músicos acompañan a los familiares del fallecido tocando himnos, al ritmo jazz, mientras se traslada el féretro en su último viaje. La escena, a su paso por Bourbon Street la hemos visto reproducida en varias películas. Ahora se confunde en el imaginario colectivo con el meme que surgió y se hizo mundialmente famoso a partir de un documental de la BBC sobre el grupo "Dada awu" (papá ha muerto). El documental expone la tradición de Ghana por la que se contratan bailarines porteadores de ataúdes para celebrar la vida de los difuntos en los funerales.
Pedro Sánchez es un muerto que, aunque se sabe cadáver, lo disimula impertérrito apartándose de los que van cayendo a su alrededor. Como si, pese a que sean parte inescindible de sí mismo y de esa religión pagana y santera que es el sanchismo, no fueran más que unos colaboradores advenedizos con los que alguna vez se cruzó por los pasillos. Esquiva cualquier roce con el mismo cinismo pétreo con el que un emperador romano ordenaba, con apenas un leve movimiento de dedo, la muerte para sus gladiadores a los que solo unos minutos antes ensalzaba con fervor.
En la sede del PSOE las palabras ayer eran unas, las caras otras. Hasta los aplausos sonaban más a despedida y hundimiento que a saludo a nuevos tiempos. El escenario no es nuevo. Lo vimos en su momento con un Rajoy que tocaba la lira despreocupado y haciendo gracietas mientras se hundía su Titanic y se ahogaban tripulación y pasaje. Cambios meramente cosméticos, un nuevo código ético que nadie cree y las alusiones a la prostitución y al machismo como últimos muros para evitar la huida de una casa en la que es irrespirable el olor a putrefacción que proviene desde los primeros tiempos y de la obscena cópula de los pactos de gobierno.
Dicen que con París era una fiesta, Hemingway nos dio un libro esencial para entender el siglo XX, así como el universo y la personalidad de uno de sus más grandes creadores. Con el comité de ayer Sánchez ha hecho lo propio para entender el sanchismo y la política de partidos actual con los porteadores del ataúd trastabillándose al bailar. Ferraz no era una fiesta.
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