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Opinión

Alegorías de América y de España

OPINIÓN | El friso de Delhy Tejero en Tabacalera presenta elementos ornamentales que no se encuentra en el resto de la producción arquitectónica industrial de esta época en Sevilla, donde no hay ninguna otra obra de esta pintora

Flores de tabaco en la mampara del frio de Delhy Tejero para la fábrica de Tabacalera en Sevilla.

Flores de tabaco en la mampara del frio de Delhy Tejero para la fábrica de Tabacalera en Sevilla. / Cedida

El friso del vestíbulo de la antigua Fábrica de Tabacos, creado por Delhy Tejero entre 1965 y 1966, fue su penúltimo encargo. El conjunto fabril de destino se construyó entre 1954 y 1964 en la margen izquierda del Guadalquivir, y sustituyó a la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, erigida entre 1728 y 1770, que alberga ahora el Rectorado y varias facultades de la Universidad de Sevilla; en este último edificio es donde imaginó Prosper Merimée el libreto de la ópera «Carmen», al que puso música Geroges Bizet.

La nueva Tabacalera, de estilo racionalista –en línea con la modernización que impulsó el gobierno tecnocrático del régimen– tenía poca decoración, toda en Edificio de Oficinas, y consistía en un relieve en la fachada y el mural de Delhy Tejero en el vestíbulo, ambos alusivos a la fabricación del tabaco. La artista toresana realizó el friso estando ya muy enferma ―moriría dos años después, en 1968― y sin desplazarse a Sevilla, por lo que, en lugar de pintarlo con la técnica del fresco, utilizó el óleo con el lienzo. La pintura recorre los laterales de la puerta de entrada y los dos muros más largos, y se complementa con la mampara de cristal del fondo.

El mural, de 97 cm de ancho, representa alegorías de América y España relacionadas con la producción del tabaco. El muro de la izquierda lo dedica a América –hojas de tabaco secándose, indios recolectando, piedras de moler, aves exóticas, una rosa de los vientos– y el de la derecha a España: aves y hojas de tabaco al sol, pipas, abanicos, cajas, dos cigarreras, un alambique, un timón y varias carabelas. El friso se extiende por los pilares –cuatro exentos y dos adosados a la mampara– con dibujos abstractos de hojas del tabaco, abanicos y pipas, y se completa con la mampara de cristal del fondo, donde la artista grabó en bajorrelieve numerosas flores de tabaco.

El conjunto es de una gran originalidad y armonía plástica. Su estilo mezcla figuración y abstracción, algo muy común en la producción de la artista desde los años cincuenta. Sintetiza las formas, geométricas y primitivas, convirtiendo las figuras en símbolos, y unificándolas en una estructuración general a base de líneas curvas ―especie de ondas― y planos de color que producen un juego de movimientos rítmicos. Los colores son suaves, de una gama reducida, en la que predominan los azules, grises, negros y naranjas.

La instalación del mural no respondió al deseo de la artista. Los lienzos se colocaron en el extremo superior del muro, a mayor altura de la que se había decidido en un principio debido a la decisión arquitectónica de revestir de mármol rojo los muros y columnas. El resultado final disgustó a Tejero, pues el mármol rojo interfería en la percepción del conjunto y quitaba protagonismo a la pintura.

Cabe resaltar el valor de la unidad con el conjunto fabril, esto es, la estrecha vinculación del friso con el espacio en que se ubica, tanto por el formato como por la temática de la obra: la decoración. A su vez, tiene un importante carácter representativo, puesto que la presencia de elementos ornamentales no se encuentra en el resto de la producción arquitectónica industrial de esta época en Sevilla, donde no hay ninguna otra obra de esta pintora.

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