Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | CuZeando en la Ciencia

La ciencia tiene caseta

OPINIÓN | Explicar ciencia es como hacer malabares con conceptos afilados: si los lanzas mal, te pinchas tú; si los lanzas demasiado alto, nadie los ve

'Cosmos' es una adaptación de la serie creada por Carl Sagan en 1980.

'Cosmos' es una adaptación de la serie creada por Carl Sagan en 1980. / National Geographic

Explicar ciencia es como hacer malabares con conceptos afilados: si los lanzas mal, te pinchas tú; si los lanzas demasiado alto, nadie los ve. Y, sin embargo, pocas cosas son tan necesarias como que la ciencia nos llegue, nos despierte la curiosidad y nos ayude a entender el mundo que habitamos.

Este fin de semana, Zamora celebra una de esas citas que conectan saber y ciudadanía: la Feria del Libro. Un momento perfecto para recordar que la ciencia no debe quedarse encerrada en laboratorios ni en revistas especializadas, sino salir al encuentro de la gente: a las plazas, a los parques… y, por supuesto, a las páginas de un libro.

Divulgar ciencia no es simplemente traducir tecnicismos. Es transformar ideas complejas en relatos comprensibles sin perder su esencia. No basta con saber: hay que querer contar. Y hacerlo con empatía. Como decía el biólogo Lewis Thomas: "Si no puedes explicar lo que haces a tu abuela, probablemente no lo entiendes del todo". El reto está en que no todas las abuelas —ni nietos— dominan el inglés técnico ni tienen un doctorado en física cuántica.

Por eso, los divulgadores son fundamentales. Desde las aulas a los podcasts, desde columnas en la prensa hasta libros que se exhiben en ferias como esta. No hace falta ser científico para divulgar, aunque ayuda. Tampoco ser escritor profesional, aunque también suma. Lo esencial es tender puentes entre lo complejo y lo cotidiano.

La historia de la divulgación científica está llena de nombres brillantes. Isaac Asimov, además de maestro de la ciencia ficción, escribió más de 500 libros de divulgación, desde química hasta historia antigua. Decía que "la educación no es algo que se da, sino algo que se cultiva". Y él cultivó generaciones enteras.

Carl Sagan nos enseñó a mirar al cosmos con asombro; su serie Cosmos todavía inspira. Richard Feynman explicaba la física cuántica con tiza, sentido del humor y una pasión contagiosa. Y más cerca de casa y en nuestro idioma, nombres como Eduard Punset, Clara Grima, Deborah García Bello, Rocío Vidal o Javier Sampedro han acercado la ciencia a miles de personas con cercanía, rigor y una buena dosis de creatividad.

Podría parecer que la divulgación es solo para unos pocos interesados, pero no es así. Según estudios editoriales, cerca del 25% de los lectores españoles afirma haber leído en el último año algún libro de ciencia o tecnología. Puede parecer una cifra modesta, pero representa un crecimiento sostenido y revela un cambio cultural pues la ciencia ya no se esconde, se lee, se recomienda, se comenta.

Y cuando se mezcla con la vida cotidiana, el interés crece. Desde libros sobre el cerebro que se leen como novelas hasta ensayos que explican, con humor y datos, por qué es mejor no discutir sin argumentos científicos sobre vacunas, energía o alimentación.

También aquí, en Zamora, la ciencia ha salido recientemente del aula para colarse en los bares con las jornadas de Pint of Science, donde investigadoras compartieron sus conocimientos entre risas, cervezas y conversaciones sin bata. Otro ejemplo de que la ciencia no solo puede, sino que debe, formar parte de nuestra vida cotidiana.

En esta Feria del Libro, la ciencia compartirá espacio con la poesía, la novela, el ensayo, los cuentos y la ilustración. Porque la divulgación también es cultura, y el conocimiento necesita tanto de laboratorios como de librerías. Entender el mundo sigue siendo un acto de calma, reflexión… y lectura.

El libro —como objeto, como puerta— sigue siendo una de las herramientas más poderosas para acercar saberes, despertar vocaciones y generar encuentros. Por eso, estas ferias son tan valiosas. Permiten mirar, hojear, descubrir y conversar. Son lugares donde los lectores y lectoras no solo compran libros, sino que se reencuentran con la curiosidad.

Apoyar la feria es apoyar la cultura local, el comercio de proximidad y el tejido vivo de nuestras ciudades. Comprar un libro en una caseta de la plaza no es solo llevarse una historia. Es apostar por la conversación, por el pensamiento, por la comunidad. Así que, si te acercas estos días a la Feria del Libro, déjate llevar por la ciencia, la literatura o la filosofía. Porque muchas veces, comprender el mundo empieza con una pregunta bien contada.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents