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Opinión

Una cofradía de postulantes

La evolución propia de la sociedad haría reducir a la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla en fecha incierta la costumbre de pedir con la campanilla todas las noches del año a tres postulaciones anuales

BENDICION CONQUEROS TORO

BENDICION CONQUEROS TORO / MARIA JESUS CACHAZO / LZA

La evolución propia de la sociedad haría reducir a la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla en fecha incierta la costumbre de pedir con la campanilla todas las noches del año, reduciéndola a tres postulaciones anuales de la que soóo se conserva en la actualidad la realizada por los conqueros, estas serian:

  • 1ª Todos los domingos de Cuaresma, que sería realizada por los cargos directivos de la cofradía, con sus insignias, pidiendo a la puerta de las iglesias a la salida de las misas. Esta seria eliminada en 1975, tras la unificación en derechos y obligaciones de los hermanos de túnica negra y morada, al considerar la cofradía que con el nuevo sistema de cuotas impuesto para los hermanos y viudas no era necesario seguir realizándola.
  • 2ª En el mes de noviembre, la cofradía repartía por la ciudad cuatro campanilleros para que, en el nombre de las benditas ánimas del purgatorio, les fueran entregada una limosna. Dicha costumbre está reducida en la actualidad a las mesas petitorias que la cofradía dispone en la puerta del cementerio los días previos a la fiesta de Ánimas.
  • 3ª Los conqueros, estos cuatro postulantes de túnica negra, debían colocarse el Jueves Santo en el atrio de la Colegiata, Iglesia de la Santísima Trinidad, Iglesia de la Concepción (este anteriormente se colocaría en la puerta del desaparecido convento de San Francisco cuando la cofradía tenía su sede en él) y el cuarto, a la puerta de la iglesia de Santa Catalina. Se comprometen igualmente a postular durante la procesión del Viernes Santo haciendo ofrenda a modo de sacrificio de no hablar ni darse a conocer.

Previamente a realizar su misión, se celebraba en la casa del abad de la cofradía, hoy al ser ocho abades se celebra a la puerta de la sede de la cofradía ante la imagen de Jesús Nazareno, donde se congregaban los demás cargos en ejercicio de la misma, un sencillo acto, hoy dignificado.

A las doce en punto, al mismo tiempo que sonaban las campanadas, los conqueros procedían a tapar su rostro y ponerse de rodillas ante el abad, que presidía el acto revestido con su túnica negra. El abad les exhortaría a guardar silencio y soportar molestias terminado el acto, dándoles su bendición. Acto seguido, los conqueros besarían la insignia de la cofradía. Los conqueros realizaban su misión de forma voluntaria o mediante una modesta retribución, no nos puede sorprender este dato pues la cofradía también pagaba por portar a hombros algunos de sus pasos. Prueba de esto es que en 1943 surge un conflicto entre la cofradía y los cuatro hermanos que habitualmente realizaban la función de conquero. Las inasumibles pretensiones económicas de estos por realizar su función son solucionadas por la cofradía gracias al gesto generoso de cuatro hermanos que se ofrecen voluntariamente a sustituirles sin percibir a cambio retribución.  

La importancia de las cuestiones

De la importancia que la cofradía daba a las cuestaciones en el pasado y que realizaba a lo largo de todas las noches del año, da buena cuenta las ordenanzas de la cofradía fechadas el 2 de noviembre de 1877. Estas ordenanzas, en su capitulo 1, articulo 6, decían los siguiente: “Todos los hermanos que correspondan a la sesión de Ánimas y los que quieran de la de Jesús han de pedir limosna con la campanilla por uno de los cuatro cuarteles en que tienen ya dividida la población al efecto, por un periodo de quince años, un mes en cada uno, el que no lo hiciese, será despedido a no ser por causa legitima que ha de probar ante el Abad, Diputados y Abades viejos con el secretario”.

Tan clara obligación por parte de los hermanos queda patente en este mismo capítulo de las ordenanzas, ya que especifican que para ingresar en la cofradía y ser aceptados, aparte de demostrar buena conducta y sentimientos piadosos ante el Abad y los distintos estamentos de la misma, “estos se informaran al mismo tiempo de su capacidad y robustez para pedir, como que lo han de hacer a bueno y mal tiempo”.

Las citadas ordenanzas dedican su capítulo 7 a las excepciones para los hermanos de pedir con la campanilla estas serían:

  • Estarán exentos de pedir con la campanilla los que hayan pedido ya por espacio de quince años, un mes en cada uno.
  • Estarán también exentos el que antes de cumplir ese tiempo se halle enfermo o se halle imposibilitado del todo, lo que deberá acreditar con certificación del facultativo que le asista; pero si hubiese sospechas fundadas; podrá el Abad con los cuatro Diputados hacer que lo reconozcan: si resultare que el impedimento es real y verdadero se le dará por cumplido el mes como si hubiera pedido, mas si fuese falso el motivo, por primera vez se le exigirá multa de ocho reales, por segunda diez, y la tercera se le despedirá de la cofradía sin mas absolución.
  • El hermano cada uno que se hallase preso por cualquier delito, no siendo los que causan infamia porque por estos serán despedidos de la cofradía; también se les darán por exentos, y se les dará el mes por cumplido.
  • Como puede suceder que algún herman , en alguna noche de las de su mes no pueda pedir con la campanilla, bien sea por enfermedad, por atención urgente en su casa, por viaje preciso e inevitable, lo hará presente al abad, el que viendo el motivo es justo; dará disposición de que pida un hermano de los nazarenos (Jesús) por los días que dure la causa o impedimento y, si no hubiese de estos, se valdrá de uno de los de Ánimas, pagándole lo que se ha acostumbrado o aquello que se convenga, se entiende estado enfermo, por que si es otro caso lo pagará de su bolsillo.
  • El hermano pedidor de mes o el que le hiciere sus veces que abandone la vereda y no se pida en ella por su culpa, abonará la cantidad más alta que saque cada uno de los otros, y la pondrá en poder del Depositario.
  • El hermano que, sin dar parte al abad, abandone la vereda por una, dos o más noches, se le tenga por despedido de la cofradía, y a su fallecimiento no se le asista ni a su mujer ni hijos con misas, cera ni otro sufragio, ni honor como si no hubiera pertenecido a ella. 
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