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Opinión

Benavente: cruce de caminos y mucho más

OPINIÓN | No solo con estar localizados en un punto estratégico de un mapa de carreteras se ponen en marcha o se mantienen proyectos de desarrollo de tanta envergadura

Autovía A-6 en sentido Madrid, en el término de Benavente. | J. A. G

Autovía A-6 en sentido Madrid, en el término de Benavente. | J. A. G / Juan Antonio Gil Serrano

Me piden un texto para arrancar un nuevo proyecto editorial en las tierras de Benavente y Los Valles, que así se llama la comarca agraria que he recorrido y vivido con cierta intensidad desde hace muchísimo tiempo. Y no solo porque mis orígenes sean de la zona, que sí, sino porque siempre me han atraído los cruces de caminos, las bifurcaciones y los lugares con cierta complejidad social, como el que ahora nos ocupa. Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos escuchado que Benavente es un punto estratégico en el noroeste de la Península Ibérica? Lo han repetido profesionales y expertos (economistas, geógrafos, sociólogos, etc.) que se dedican a la planificación y ordenación del territorio y que de estas cosas saben un montón. Pero también lo dicen quienes tienen en sus manos la responsabilidad de gobernar, gestionar y mejorar la vida cotidiana de las personas con la puesta en marcha de proyectos, programas, planes e iniciativas de desarrollo económico y social. Y no solo me refiero a los responsables políticos (alcaldes y concejales, que son los primeros que aterrizan en nuestras cabezas) sino al conjunto de la ciudadanía, es decir, a usted, al empresario y al currante de turno, al vecino de la esquina, a quien escribe estas palabras, etc. Pero para alcanzar unos objetivos tan loables no está de más recordar una obviedad: el progreso de un territorio (llámese pueblo, comarca o ciudad) no se consigue con solo decirlo o desearlo. Porque si realmente fuera así, ¡qué fácil sería impulsar el crecimiento económico, el empleo, el bienestar o la calidad de vida en Benavente y los Valles, Zamora, Castilla y León, España o Madagascar!

Este modo de observar la realidad social y de (supuestamente) resolver los problemas o las dificultades de la vida cotidiana está muy extendido. Y se paga muy caro. ¿Qué quiero decir? Que olvidamos con frecuencia que la sociedad es muy compleja, pasando por alto los factores y las circunstancias (personales y colectivas) que explican lo que somos, lo que queremos alcanzar, lo que realmente hacemos o lo que olvidamos para siempre. Cuando actuamos de esta guisa, es muy fácil comprobar que, para mejorar nuestros pueblos, comarcas o ciudades, no es suficiente con figurar en una posición estratégica en un mapa de carreteras y ser un nodo fundamental en las comunicaciones del noroeste de España, como se nos dice habitualmente. Porque si fuera tan sencillo, entonces ya está: vamos a cruzarnos de brazos, que ya tenemos lo que se requiere para lograr la medalla de oro del desarrollo provincial, regional, nacional y mundial. El dilema surge cuando pasa el tiempo y los sueños no se alcanzan tan fácilmente como nos dijeron. En mi caso, solo tengo que regresar a los años ochenta y noventa del pasado siglo cuando, por razones académicas, Benavente, Sanabria y La Carballeda se convirtieron en objeto de investigación para mi tesis doctoral: Proceso de cambio y tendencias de futuro de la sociedad rural de Zamora. Implicaciones para el desarrollo rural del espacio fronterizo, publicada en 1999 por la Fundación Rei Afonso Henriques, en los tiempos en que Miguel Ángel Mateos, recientemente fallecido, y Juan Carlos Alba dirigían una institución que empezaba a caminar. A los dos siempre se lo agradecí y ahora quiero recordarlos de nuevo.

¿Hemos aprendido algo? Quiero pensar que sí, aunque, si soy sincero, tengo muchísimas dudas. Si echamos la vista atrás y observamos lo que ha sucedido en la comarca durante los últimos treinta años y pico, el panorama no es muy halagüeño. El desmantelamiento del ferrocarril Vía de la Plata, la reconversión de la Azucarera, el cierre de la tabacalera, las vicisitudes de la fábrica de aluminio en Villabrázaro, el malogrado proyecto de la biorrefinería de Barcial del Barco o el retraso del proyecto Puerta del Noroeste son unos cuantos ejemplos muy significativos que demuestran que no solo con estar localizados en un punto estratégico de un mapa de carreteras se ponen en marcha o se mantienen proyectos de desarrollo de tanta envergadura. ¿Qué hubiera sido de Benavente y de la comarca si esas iniciativas, junto a las que aún se mantienen en pie, estuvieran funcionando? Pues que el padrón de la ciudad registraría más de 20.000 habitantes, con efectos muy significativos sobre el resto del territorio. Pero de poco sirve quejarse si no aprendemos las lecciones más básicas. Resalto, una vez más, que la competitividad territorial es el resultado de una pluralidad de factores. Este olvido, escribía más arriba, se paga caro. Por eso es tan importante que los medios de comunicación no solo recojan lo que sucede en la vida cotidiana, sino que los lectores estemos dispuestos también a escuchar e incluso a cuestionar lo que supuestamente sabemos y conocemos. Y por supuesto: ponernos manos a la obra, que es de lo que se trata. Porque no olvidemos las palabras de Marco Aurelio: “El eco de lo que hacemos ahora resuena en la eternidad”.

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