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Opinión | Siete días y un deseo

Bares y despoblación rural

"En muchos pueblos es el único espacio comunitario disponible para compartir la vida cotidiana"

DESPOBLACION PUEBLICA DE CAMPEAN LAS ENILLAS Y LA TUDA

DESPOBLACION PUEBLICA DE CAMPEAN LAS ENILLAS Y LA TUDA

No seré yo quien despotrique contra la apertura de bares en los pueblos de Zamora, como he visto que sucederá de nuevo en la localidad de Carbajales de Alba, que volverá a disfrutar de un viejo conocido: "La Viña". En estas tierras, cualquier iniciativa, por pequeña que sea, debemos acogerla con los brazos abiertos, siempre que no produzca efectos contraproducentes en el medio ambiente o la población. Porque si, por ejemplo, a alguien se le ocurre que la mejor manera de incrementar el padrón municipal de habitantes de una localidad es instalando un cementerio nuclear, veinticinco macrogranjas o un vertedero de residuos tóxicos porque a cambio obtendrá dos millones de euros anuales por los tributos que dejarán en las arcas municipales, con los que se arreglarán unas cuantas calles e infraestructuras, pues qué quieren que les diga: ¡que se los lleven a otra parte! Pero un bar es otra cosa y en muchos pueblos es el único espacio comunitario disponible para compartir la vida cotidiana, un ingrediente fundamental para que las relaciones sociales y los afectos se refuercen y mantengan en pie. Porque sin esos vínculos, créanme, no somos nada.

Pero ojo, no podemos ni debemos conformarnos con mantener los bares o, en el caso de que no existan, con demandar unos recursos comunitarios de tanta importancia para la vida social y, a renglón seguido, olvidar que en las zonas rurales son imprescindibles otras infraestructuras para que el corazón de los pueblos siga latiendo con la fuerza de antaño. Porque si se carece de consultorios médicos, de transporte, de servicios formativos y educativos, de conectividad telefónica, internet o televisión, de la misa dominical, de la tienda de ultramarinos, de la panadería, de la farmacia o incluso del botiquín, etc., pues qué quieren que les diga: ¡apaga y vámonos! No obstante, si, en estos momentos, alguien pudiera sospechar que estoy reivindicando que todas las localidades, indistintamente de su población, deberían aspirar a tener esa retahíla de recursos e infraestructuras, se equivoca. Lo que solicito es, una vez más, el diseño y la puesta en marcha de un conjunto de políticas públicas y sociales activas para hacer frente a las causas y los efectos de la despoblación rural. Si olvidamos algo tan básico, ya lo saben: ¡no hay nada que hacer!

Y no lo digo yo. Si examinan los cientos de informes e investigaciones sobre el desarrollo local que se han realizado durante las últimas décadas en Castilla y León, España, la Unión Europea o en otros países de África, Asia o Latinoamérica llegarán a conclusiones similares. Sin ir muy lejos, aquí tenemos el ejemplo de la iniciativa comunitaria de desarrollo rural Leader, lanzada al aire en los inicios de los años noventa del pasado siglo. Quienes asistimos a su nacimiento y vimos dar sus primeros pasos pudimos comprobar que el desarrollo se entendía, por fin, desde nuevas visiones y perspectivas, dándole un protagonismo muy especial a la participación de la población local. Sin embargo, tras algo más de tres décadas, se ha comprobado que las buenas intenciones no se alcanzan con solo desearlas o escribirlas en un plan de desarrollo. Sabemos que pasar de las palabras a los hechos es muy complicado. Pero al menos lo sabemos, que no es poca cosa. Por eso, cuando alguien es capaz de poner en marcha una nueva iniciativa de empleo, por pequeña que sea, como un bar en la localidad de Carbajales de Alba, solo puedo decir: ¡muchísimas gracias!

Sociólogo

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