Opinión | Repoblación 2.0
Benavente, San Cristóbal de Entreviñas y Villabrázaro: Un polo de desarrollo productivo de manual
OPINIÓN | A pesar de todo, somos muchos los que, desde aquí y desde afuera, seguimos creyendo que estos pueblos tienen futuro

Terrenos del polígono Puerta del Noroeste. / J. A. G.
Hace más de noventa años don Eutiquiano Díaz de Geras, natural de San Román del Valle y recordado cura-párroco de Villabrázaro y San Román, decía a cuantos quisieran oírle que “¡Estos pueblos tienen mucho futuro, lo que pasa es que comemos mucho tocino!”. Hoy no comemos ese tocino al que eufemísticamente se refería el sacerdote, aunque quizás persista algo de aquella idea desidiosa de que todo estaba perdido en estos pueblos, y que era urgente hacer la maleta para buscar nuevos horizontes geográficos en los que vivir dignamente y formar una familia.
Ahora, casi cien años después y al socaire de la prensa, un nieto de su vecino Cipriano vuelve sobre esa indignación contenida que expresaba aquel hombre de pueblo, y después de iglesia. En medio, cuatro o cinco generaciones que tiene sus raíces aquí, pero que viven la diáspora del exilio económico de sus padres o abuelos. No es opinión ni mera retórica, podríamos retrotraernos mucho más allá y sería más escandaloso, pero nos apoyaremos únicamente en el primer censo oficial de la democracia (1981). Benavente tenía ese año 12.791 hab. y hoy 17,246 (+4.455); San Cristóbal de Entreviñas 1.715 y hoy 1318 hab. (-397); por su parte Villabrázaro registraba 515 y hoy 263 hab. (-252). Entre los tres municipios, tenían 15.021 hab. y hoy 18. 827. Un triste récord, y no cito los datos de edad por aquello de mantener el optimismo.
No descubrimos la pólvora (ya lo hicieron los chinos en el siglo noveno) si decimos que, especialmente, esta franja al oeste del rio Esla es un punto estratégico de entrada a la Meseta desde o hacia Galicia, Asturias o Cantabria. Así lo vieron los responsables políticos y los ingenieros que establecieron en el término municipal de Villabrázaro, el intercambiador de las autovías con destino A Coruña-Madrid, Gijón-Sevilla y las Rías Bajas. Un nudo de comunicaciones tan formidable que deja en sus orillas un suelo de gran valor para la industria de producción, almacenamiento y distribución. Una realidad geográfica objetiva que, a decir de los especialistas, gestionada con rigor económico podría revitalizar exponencialmente todos los pueblos de la comarca de Benavente y los Valles. Lamentablemente las cosas no son así:
- Benavente centraliza los sectores administrativos, educativos, servicios o el comercio de la comarca, pero estos sufren con fuerza este declive demográfico. Posee una industria razonablemente equilibrada que aprovecha su posición para combinar actividades de almacenamiento, distribución, talleres y pequeñas industrias, pero ha perdido las grandes factorías. En cuarenta y cinco años ha ganado poco más de cuatro mil efectivos después de implementar políticas suicidas de centrifugación de la población de la zona. Los pueblos han perdido en este mismo periodo la mitad de los vecinos población, una renta pírrica para la cabecera de comarca.
- San Cristóbal de Entreviñas cae en cuatrocientas personas. Aun así, ha de reconocerse el esfuerzo por ofrecer ciertos servicios y planificar un desarrollo industrial que combina, de manera exitosa, la industria de proximidad (que consume poco suelo y sostiene la producción y el empleo) con otro intento más serio de captar industrias de alto valor añadido.
- Villabrázaro es un caso verdaderamente paradigmático. Inicia el siglo XX con un censo de 1.148 personas (666+482), en los años cincuenta aún conserva 950 hab. (604+346), en los albores de la democracia (1981) ya había perdido la mitad (515) y en el último censo (2024) se queda con 263 entre los dos núcleos del municipio. A priori, cuenta con varios millones de metros cuadrados de suelo rústico, de secano, llano, abrazado por autovías, y susceptible de ser recalificado para ofrecerlo en condiciones ventajosas a la industria y el comercio. Sin embargo, optó o lo optaron por la industria de gran formato que consume mucho suelo, con grandes alardes presupuestarios y de empleo, pero dependiente de subvenciones, exenciones tributarias y extraordinariamente expuesta a la competencia y las fluctuaciones de los mercados. Sin una orientación industrial clara, y sin el esclavo que sostenía la corona de laurel sobre la cabeza de los generales romanos al tiempo que le susurraba al oído aquello de “recuerda que eres mortal”, este municipio ha visto fracasar los grandes proyectos industriales uno tras otro.
Ante el declive económico y demográfico de esta franja cabe preguntarse: ¿Qué es lo que se ha hecho o se hace mal? ¿Ha perdido valor estratégico la zona? ¿Hay posibilidad real de crear un gran polo de desarrollo industrial y de distribución que aproveche la situación geográfica y de movilidad que ofrece el nudo viario con las ciudades y los puertos de Galicia y Asturias?... Benavente y San Cristóbal avanzan en nuevos empeños, sin duda meritorios, de ofrecer suelo en los linderos de la A-6 con el llamado Puerta del Noroeste y el polígono “San Cristóbal II”, pero la realidad es que aportan una bolsa de suelo muy limitada que no engrasan suficientemente el futuro que precisan los grandes polos de desarrollo productivo.
Sin ánimo de agotar esta reflexión, apuntar brevemente las debilidades que, a mi juicio, lastran el futuro de un territorio, insisto, llamado a ser la gran promesa económica de Benavente y los Valles: La ausencia de un plan estratégico conjunto que ordene, dirija y oriente la inversión con criterios puramente técnicos; la exigencia ineludible y urgente, al menos, de un enlace ferroviario con León; una política de movilidad ciudadana propia y eficaz que conexione bien los núcleos de población con la cabecera de la comarca; la exigencia de unos servicios comunitarios, especialmente sanitarios, a la altura de la modernidad; una política pública de vivienda que facilite de manera decidida la repoblación allí donde se demande… En definitiva, la puesta en marcha de una agencia o de un ente que facilite la cooperación intermunicipal, que ponga en común la gestión de los recursos y las capacidades, que enfrente la incompetencia y el localismo absurdo, que encare las posibles dificultades institucionales con la independencia política y la fuerza necesaria. Algo, desde luego, que era preciso hace ya mucho tiempo, pero que hoy en día se ha hecho urgente e imprescindible.
Pero no somos ilusos y sabemos que las casualidades no existen. Puede que, como diría el bueno de don Eutiquiano Díaz de Geras, haya quienes sigan creyendo que la gente que viven en Benavente y los Valles “comen mucho tocino”, personalmente no creo que sea así. Lo que sí creo es que algunos representantes se pliegan con demasiada facilidad a las directrices políticas de sus respectivos partidos, a los intereses “superiores” de la Junta de CyL, a los equilibrios electorales y/o presupuestarios de la Diputación Provincial… A pesar de todo, somos muchos los que, desde aquí y desde afuera, seguimos creyendo que estos pueblos tienen futuro.
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