Opinión | Religión
Javier Prieto
Tiempo de alegría

Coro de la Catedral de Zamora / Javier Angulo
Hoy abrimos en nuestra Diócesis de Zamora el año Jubilar, mucho más que un acto o una celebración, una verdadera oportunidad para descubrir la fuerza de la esperanza en una tierra demasiado acostumbrada a convivir con la desesperanza y el pesimismo ambiental. La puerta, abierta en Roma en la tarde del 24 de diciembre, nos recuerda que se abre para nosotros la oportunidad de descubrir una alegría auténtica, un júbilo capaz de recorrer cada espacio de nuestra existencia.
Todo acto extraordinario debería hacernos parar y mirar nuestra vida ordinaria. Lo que rompe la rutina nos puede ayudar a preguntarnos por nuestro día a día, cuestionarnos cuál es la ruta que estamos siguiente, de qué está llena nuestra mochila, o cuáles son las piedras que nos impiden avanzar. Por eso, desde este primer día debemos intentar superar la indiferencia con la que vivimos casi todos lo que nos ocurre. Nunca más volveremos a celebrar que hace 2025 años en una gruta de Belén vivimos por primera vez el rostro de Dios.
El Jubileo es una oportunidad para cada uno de nosotros, sí, nadie puede decir que no necesite parar, hacer silencio y dejarse renovar por la Alegría del Señor. Esta generación de hombres y mujeres fuertes, construidos así mismo, independientes y autosuficientes, está muy necesitada de buscar hondura, de cimentar su vida en aquello, o mejor dicho en Aquel, que permanece frente a los avatares.
¿Cómo salir de la rutina y parar? Ojalá tuviésemos una formula mágica. Muchos desearían un algoritmo que resolviese el peso del silencio cuando intentamos escuchar nuestro corazón. Otros piden criterios matemáticos de tal forma que, combinando correctamente los elementos, pudiésemos obrar la alquimia que nos consiguiese un dios a demanda. Pero no, parar es ejercicio de paciencia, de dejarse encontrar, de recorrer la senda de lo que somos, un tú amado de Dios, tan pequeño como profundamente amado, por eso alegre y esperanzado. Porque la fuente de nuestra alegría nunca se olvida de nosotros.
Los cristianos no podemos ser uno más, no puede habitarnos la sombra o la desilusión, por el contrario, nuestra misión, la de todo bautizado, es llenarse de la Alegría de Dios para sembrar del verde vivos de la esperanza este mundo grisáceo. Llenémonos de la luz de la alegría del que nace para salvarnos, muchos están esperando que les llevemos esa luz. Feliz Jubileo.
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