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Opinión | Escalera hacia el cielo

Carta de San Pablo a los no leninistas

Quien no trabaja no come, sentencian la Segunda Carta a los Tesalonicenses y la Constitución soviética del 36

Una cuadrilla de albañiles.

Una cuadrilla de albañiles. / LOZ

Mi amiga Deli no realiza obras en casa, más bien parece que viviera en unas obras interminables. Son los riesgos de seguir el consejo de Casandra, la maldecida por el dios Apolo con el don de la adivinación junto con el de ser ignorada en sus vaticinios, que se acaban invirtiendo los ahorros en el mejor plan de pensiones: reformar la vieja casona de su madre en el pueblo con un corral bien grande para plantar huerto y criar gallinas.

Incluso si un buen día le diera por meter unas pocas cabras malagueñas para hacer queso casero, tendría espacio de sobra. Y le seguiría sobrando sitio. Es lo bueno de los pueblos pequeños, que donde cabe un berzal con dos higueras y un pozo, caben unos pocos de pollos, un olivar y hasta un galgo adoptado.

El hecho es que le sobra espacio y le faltan profesionales a cargo de la obra.

Ya no quedan apenas albañiles, yesistas, cristaleros, fontaneros ni herreros. No hay profesionales ni relevo generacional a la vista. Hubo un tiempo alegre en que los españoles nos reuníamos alrededor de la tele para reírnos en familia viendo la serie Manos a la Obra. Hoy la obra está huérfana de manos, porque para qué ganarse el pan con el sudor de la frente, con lo que eso cansa, cuando encima el pan viene subvencionado.

Hago memoria y pienso en aquella Andalucía en la que nací, la cuna del voto cautivo del PSOE. No sólo del PER vive el hombre. Sigo dándole vueltas a la cabeza, y pienso en esta Zamora que vio emigrar a mis padres, la misma que me acogió hace un cuarto de siglo, o en el cercano Orense de la familia Baltar, ambos cortijos del PP con sus redes clientelares. No sólo del plan DIPNAMIZA vive el hombre.

Termino de tirar paja a los corrales, para que los corderos corrisqueen y hagan cabriolas en el aire, antes de echarse a dormir en una cama limpia y calentita, y sigo erre que erre rumiando mis cosas. Comprendo que la gente no guarde cola para ser pastor de ovejas. Hasta puedo llegar a entender que haya peleas por ser creador de contenido, sea lo que sea esto, porque compruebo que se trabaja poco y se gana un pastizal con el que exiliarse en Andorra.

Pero lo que me raya es la fascinación patria por las estrellas del deporte, a la par que este amor desmedido hacia el dolce far niente. Escuchaba a Marc Márquez, tras su triunfal regreso al podio del que sólo consiguieron bajarle las terribles lesiones, y me admiran sus palabras acerca de la ilimitada capacidad de sacrificio, superación personal y dedicación absoluta a lo que le apasiona hacer con su vida. Incluso a riesgo de tener que renunciar a la faceta personal.

En las Paralimpiadas de Paris, unos titánicos atletas con diversas discapacidades de nacimiento o adquiridas se esfuerzan hasta niveles sobrehumanos por alcanzar sus metas. Y mientras tanto en esta España mía esta España nuestra, si pides presupuesto para cambiar las ventanas por unas más eficientes desde el punto de vista energético, nadie se molesta en contestar porque no hay personal disponible con el que realizar el trabajo.

Entre elucubraciones descubro también que, al doctor Cavadas, una eminencia en el ámbito de la cirugía reconstructiva, las Redes Sociales le han montado una quema de brujas por unas palabras acerca de la falta de motivación y el poco apego al oficio en los nuevos médicos.

Quien dice la verdad, ni peca ni miente, que se dice en mi pueblo.

Las nuevas generaciones no quieren ser médico, mucho menos médico de familia, por lo que de médico rural ni hablamos. Aspiran si acaso a ser dermatólogos, porque es la única especialidad que no hace guardias. Cuanto menos se trabaje, mejor. Porque las nuevas generaciones no quieren hacer guardias ni ser guardias. Sólo demandan una colocación, la que sea, que les reporte la consabida paga, y ya.

No hay vocaciones para ser cura, porque no hay vocación por ejercer ningún oficio. Por eso mismo mis amigos en la cincuentena se están preparando como locos unas oposiciones. A qué. Da igual, Correos, educación, administración, sanidad… de lo que sea. Lo fundamental es cobrar una nómina fija cada mes.

Mis sobrinos no aspiran a trabajar los veranos y ganarse un dinero extra con el que empezar a no depender de papá. Para qué, si pueden cobrar el bono joven para ir de festival en festival. Se falsean bajas justificadas con dolores ridículos, inventados o supuestamente psico somatizados. Se sueña, se pelea en los tribunales por conseguir una incapacidad permanente.

Se aspira a rebajar la semana laboral a cinco horas. O a trabajar solo el lunes.

Se sueña con la tan cacareada Renta Básica Universal, que no es sino un cebo, un señuelo, la mosca de la pesca. El truco y trato del capitalismo global. Un sueldo gratis, no para mejorar la calidad de vida, ni promover una existencia más digna, sino una maquiavélica táctica para evitar que los consumidores pierdan poder adquisitivo y mantenerlos en sus niveles actuales de insano y voraz consumo.

Pobre San Pablo y su “quien no trabaja no come”, incluido en La II Carta a los Tesalonicenses, 3:10. Pobre Lenin y su Constitución Soviética de 1936 que daba un toque de atención a los trabajadores ociosos y escasos de animus laborandi, así como a esos burgueses duchos en apropiarse de la fuerza de trabajo de sus empleados.

No nos engañemos, cualquier político que se presentara hoy día a unas elecciones en plan profesora Grant de Fama: "Tenéis muchos sueños, buscáis levantar un país, pero levantar un país cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar con su-dor", no conseguiría sumar votos.

Apenas el de su madre y su abuela, pero porque esas santas mujeres nos quieren aunque no demos un palo al agua.

Ganadera y escritora

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