Opinión | Zamoreando

Fanático, psicópata o imbécil

Individuos como el tal Farga, activan el odio a España para no perder la costumbre

OPINIÓN

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Posiblemente, Ignasi Farga sea las tres cosas a la vez. Hace falta ser imbécil para escribir en redes sociales la gilipollez, no exenta de odio, resentimiento y xenofobia que ha escrito este concejal de ERC en X. Este individuo, que además tiene funciones de Gobierno, es el 4º teniente de alcalde y regidor de Educación y Juventud en el Ayuntamiento de Palau Solitá i Plegamans, municipio que, por cierto, no he logrado encontrar ni en el atlas de mis tiempos de estudiante ni en Google. Pues bien, este individuo, como tantos independentistas catalanes, ha puesto de manifiesto una psicopatía que ya es endémica entre este colectivo catalán.

El susodicho ha posteado un tuit en el que llega a asegurar: "uno de mis miedos, es que mis hijos hablen en castellano. Estoy por no tenerlos para ahorrarme lo de traer al mundo castellanohablantes". Qué miedo más tonto. Destila fanatismo por cada una de las letras empleadas para hacer el más espantoso de los ridículos. A diferencia suya yo no voy a decir que no se anime a no tener hijos para que así no haya un independentista más, amamantado y educado en el odio a España.

Como en Cataluña no hay otras cosas más interesantes de las que preocuparse, individuos como el tal Farga, activan el odio a España para no perder la costumbre. Si yo fuera concejala en su ayuntamiento estaría sumamente preocupada por la ola de violaciones que se llevan a cabo a diario en aquella hermosa comunidad, especialmente en la Ciudad Condal. Si yo fuera concejala de su Ayuntamiento y una buena catalana, estaría muy, pero que muy preocupada, sabiendo que la población extranjera comete el 80% de los delitos, sólo en Barcelona, y que la inmigración descontrolada a la que Cataluña recibe con los brazos abiertos está transformando significativamente la matriz demográfica de Cataluña. Sólo tienen que mirar hacia Francia.

Pero, no. A este individuo y a otros tantos como él, pocos en realidad, sólo le importa acabar con el idioma y borrar del mapa la presencia de españoles de otras latitudes en Cataluña. Hace falta ser fanático, psicópata e imbécil.

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