Opinión

El bar, llave y cerradura del pueblo

Cartas en una partida

Cartas en una partida

El bar del pueblo es la frontera entre la vida y la muerte de éste. Es la distancia entre el bullicio y la soledad. Es el lugar donde se entrecruzan las voces y rememoran historias nunca escritas de pueblo. El bar de pueblo es el sorbo de esperanza que aún perdura y que calla cuando cierra. Es como un aire de frescura, orgullo y sonrisa de pueblo. Es, sin duda, la sala de estar del pueblo, y ese café que sabe puchero y encuentro con el pasado mientras se deshila la palabra.

Hacía ya tiempo que en San Román del Valle, pueblo de la comarca de Benavente camino a Galicia, el bar de toda la vida había cerrado sus puertas dejando huérfanos a sus vecinos. Ya no se cantaban las cuarenta, ni sonaban las fichas del dominó sobre el mármol frío de una mesa; ni se hacía menos diez a la escoba, ni se leía y se comentaban las noticias de prensa de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA. El pueblo parecía sumido en el olvido. El café se había helado como un carámbano. Tan sólo una botella a medio consumir de "Licor 43" parecía haberse detenido para siempre en el tiempo en su hornacina aprisionada entre telarañas.

Fue la iniciativa de los vecinos, y de una joven de la zona, Sira, la que con entusiasmo y buen hacer ha vuelto a revivir al pueblo. Un pueblo que desde que ha reabierto el bar parece mas alegre, con una mayor afluencia que no cesa y donde cada día, y, en especial, los fines de semana, aglutina a todos. Vecinos y forasteros que vienen a disfrutar de su pasado, de la tranquilidad y del buen hacer de Sira, que ha sido capaz de rescatar del olvido este pueblo que bien conoce.

Ella ha facilitado que allí la soledad sea menos fría; la palabra y el café mas dulces y compartidos; y que los días ahora resulten mas llevaderos y entretenidos.

Iniciativas como esta son las que mas subvencionadas deberían estar para volver a dar vida a los pueblos. Organizando, en ellos, encuentros poéticos, bailes, teatro, y todo tipo de actividades a los que los pueblos se han visto relegados.

Allí, en el bar, se revive a los muertos, se venden y compran viejos recuerdos del pasado. Se transmite historia no escrita de pueblo. Costumbres ancestrales. Todo el bar huele a pueblo y recuerdos.

La nueva regente del local también se siente acogida y ha sido capaz de establecer un mutuo afecto bidireccional que ha tenido, no solo por parte del todo el pueblo, sino por quienes de localidades cercanas, y visitantes forasteros, acuden a tomarse una copa y son y se sienten acogidos como vecinos de toda la vida.

Es cierto, un pueblo sin un bar es un eral en el olvido. Por eso es necesario hacer lo posible porque perduren mientras dure la memoria. Son candil en la oscuridad.

Sí, porque sostienen en el aire sabores de puchero y tartera. Ese olor a humo y aquel vermut de garrafa con la aceituna naufragando en el vaso largo, tras la salida de misa mayor.

Enhorabuena a todos los vecinos de San Román, por volver a poder disfrutar de un café en compañía y por haber sido capaces de revivir la zona.

¡Ahhhh...sí!, y para que no se mueran nuestros pueblos pasen alguna vez mas por ellos: por su bar.

Benjamín Charro