Opinión

Aníbal Lozano

El que menos sabe y la plenitud poética de Tomás Sánchez Santiago

La palabra poética sosteniendo ideas frente a la barbarie

Tomás Sánchez Santiago

Tomás Sánchez Santiago

La aparición del libro "El que menos sabe" (Eolas, Ed. 2024) de Tomás Sánchez Santiago (Zamora,1955) no descubre sino dos aspectos límite de una obra inmensamente configurada: la limpieza y plenitud de un poeta esencial.

El autor de novelas erigidas en una honda arquitectura narrativa como Calle Feria y Años de mayor cuantía, prosista en delicadas apariciones como El murmullo del mundo, Para qué sirven los charcos, Los pormenores, La vida mitigada o La belleza de lo pequeño, alcanza un lugar propio en la poesía actual española, lugar con derecho adquirido desde la humildad del conocimiento hasta el hallazgo de la palabra precisa en la consolidación de su obra.

Tomás Sánchez Santiago profundiza pronto en los aspectos en que confluyen la experiencia y el conocimiento como articulaciones literarias y profundiza en el estudio inmenso de la literatura española. Este trabajo paciente de enseñante y creador da fe en su obra de una búsqueda incesante de la palabra y su sentido, más allá del significado, por cuanto adquiere desde su origen en la belleza y verdad

Han pasado años desde la publicación de "Amenaza en la fiesta" (1979), primer poemario de Tomás Sánchez Santiago que vio la luz en torno a la generación ¿de la transición? que se citaba entre Salamanca y Zamora. Sin perder de vista aquellos nombres: Ángel Campos Pámpano, José Diego, Ezequías Blanco, Anacor Herrero, José Luis Sánchez Matilla, Luis Javier Moreno, Comendador y cerca también Aníbal Núñez, en torno a Claudio Rodríguez o Valente giraban unos y hacia Gil de Biedma otros, quizás, o los mismos nombres eran para todos ellos.

El caso es que Tomás Sánchez Santiago profundiza pronto en los aspectos en que confluyen la experiencia y el conocimiento como articulaciones literarias y profundiza en el estudio inmenso de la literatura española. Este trabajo paciente de enseñante y creador da fe en su obra de una búsqueda incesante de la palabra y su sentido, más allá del significado, por cuanto adquiere desde su origen en la belleza y verdad. Esto acontece en su escritura y así nos encontramos, en plenitud de su obra, con la lectura de El que menos sabe.

En una entrevista mantenida por el autor con Vicente Duque, reflexiona Tomás Sánchez Santiago, quizás en esa filosofía poética que destella en el libro como singladura de lo cotidiano, el aprecio y amor por las cosas sucedidas: "Valorar lo pequeño y lo inmediato es, seguramente, la mayor subversión que puede llevarse a cabo en este mundo tendente a la grandilocuencia y al rendimiento en todos los órdenes". El poeta, tal como él mismo propone "debe llegar a la precisión por caminos verbales que pueden ser intransitables, confusos, inverosímiles… pero certeros".

Esta no renuncia del querido escritor zamorano ante la estética y la ética supone una propuesta de literatura capaz de levantarse en un mundo atónito con espléndida sencillez. Y esta limpieza sobre lo sencillo evoca el talento y la madurez de su palabra poética.

El libro recoge tres lugares/estancias/tiempos entre "quehacer", "acotado del ojo" y "quieta casa ya", participando del mundo recorrido entre espacios definidos por la vida y nombres aparecidos en ella: Delhy Tejero, Giacometti, Antonio Pedrero, José María Mezquita, Manuel Sierra, Fernando Zamora, Benjamín de Pedro…, y en ese tránsito entre una y otra columna erigidas por la creatividad y la memoria acontece la razón del niño y clave del dolor y homenaje a la madre desaparecida.

Inmenso legado poético nos desvela Tomás Sánchez Santiago en un poema tan significativo como "Almanaque desconcertado (I)", un viaje en torno al tiempo en un día en el mercado de abastos zamorano que concluye: "Nunca he podido olvidarlo./Primera vez sin madre./Así empezó todo".

Si se me permite, la obra de Tomás Sánchez Santiago adquiere en este libro un lugar de consolidación germinal. Nos descubre la poesía como un proceso para dar fe de la sustancia que posee ante las cosas proclamadas en la vida. Y lo hace desde el lugar que ocupa una palabra precisa, en todo su significado, por sí misma y en el entorno en que gravita junto a las demás o en el silencio mismo manifestado en el vacío de un espacio. La sencillez absoluta. No es baladí, por ello, claro, que la última cita, y final del libro, sea de José Ángel Valente: "Caer del aire, disolverse como/ si nunca hubieras existido".

Estamos ante un libro que proclama la palabra poética sosteniendo ideas frente a la barbarie y música en las palabras: un gozo entre la bondad y la belleza. En este territorio que configura El que menos sabe se pronuncia la plenitud inmensa de Tomás Sánchez Santiago en un poemario trascendental.

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