Opinión

Cuando los años mienten

CARTAS

CARTAS

No son los años los que marcan la valía de las personas; lo es la experiencia del vivir una vez jubilado. Vivir amarrados a una ilusión que va mas allá de tu "jubilación profesional".

No he tenido ocasión de haber visto la obra que el grupo "El Desván" presentará estos días en el Teatro Principal, pero presiento un éxito de aplausos para todos esos "artistas" de su propia vida. Seguro que será todo un éxito porque es "el teatro de cada una de sus vidas". Conociendo a muchas/os de ellas y ellos, no puede defraudar porque su currículo lo avala y cuando son capaces de asumir, en su doblez, el papel de protagonistas y espectadores/as, es mas sincero el teatro. Y es que el valor de la vida no se esconde en la caja del cartón de los años. No son los años ya vividos de cartón, cuando están bañados en hierro acerado; en sudores y afanes ya gastados y arrastrados por los pasos cansados y esa nebulosa ue se vuelve mosca en la mirada.

Estos "artistas" hoy sacan de la caja de "El Desván" sus propios sentimientos para aventarlos ante todos nosotros bajo la atenta mirada de Cándido, el maestro del teatro, que es capaz de poner a "guerrear" a gente mayor sin que le tiemble el pulso, para que sean capaces de rimar una tortilla con versos entresacados del alma. Aquí, la ficción es verdad; la realidad teatro, y teatro la vida.

En los ojos de estos actores está la palabra mas sincera; las verdades de la vida aprendidas de sudores, afanes y lutos sufridos.

Es este un ejercicio del compartir y convivir repartiendo los dolores y soledades; del vivir en compañía de otros jubilados. De rasgar silencios con espontaneas carcajadas. Todos son ya semilla granada en estas tierras nuestras de llanadas y piedras clavadas a la tierra. Ellos que son ejemplo del vivir en compañía, y hoy ponen voz a las carencias y modas que no acaban de entender y hasta serían capaces de vivir si de ellas estuvieran convencidas. Gentes que reniegan de su soledad y de esos silencios y tópicos que condenan la valía de su experiencia.

Invito a que también vayan a verlos, yo no tengo entrada, a quien los condenan a trastos obsoletos perdidos en "El Desván". Que contemplen con sus ojos cómo esta gente es capaz de romper tópicos y patear esas críticas que aveces injustas se vierten y se oyen por la edad.

Ellos, que mas que nunca son mas productivos en su palabras; en su experiencia; en su vivir, y por eso "valen". Porque aún recosen las heridas del sentimiento; y mil remiendos de la sangre y de la herencia.

No, no son puro trastos viejos olvidados en "El Desván", porque aún sostienen su tejado de emociones y silencios retenidos; de amores fracasados y dolores a escondidas. Son esos hombre y mujeres que de niños sintieron lo que ahora viven; lo que ahora sienten; lo que ahora esperan. Hoy exprimen los mejores años laborando en el taller de la vida y donde ya nadie es mas que nadie, porque que acotan las distancias con la lentitud de los pasos y esa nebulosa en forma de mosca en la mirada.

Entre "sonrisas y lágrimas" es el teatro de la vida el que ponen hoy en escena para ejemplo de todos. Por eso merecen toda mi admiración. Por ser capaces de vaciarse al espectador de su propia mirada sin complejos. Porque es esta la verdad de la vida contada por quienes ya la tienen casi vivida ¡Que sirva de ejemplo! Gracias.

Benjamín Charro Morán

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