Opinión

Que disuelvan el Mossad

La situación que se vive en Gaza pone muy en duda a los servicios de inteligencia israelíes

Artículo de opinión.

Artículo de opinión.

La filmografía, sobre todo americana, nos ha embotado la cabeza con tramas en las que el Mossad, la agencia de inteligencia israelí, destaca por la formación y precisión en sus intervenciones, haciendo el bien o el mal, según toca. Verdad es que el cine, como cualquiera de las otras artes, no tiene por qué ser una fuente de información veraz, pero no es menos cierto que va grabando en el subconsciente colectivo determinados relatos y, desde luego, en lo relativo al Mossad, como buenos o malos, lo que ha quedado impregnado es su alta cualificación y con ella, quizás, la idea de que, como apuntaba Óscar Wilde, la vida imita al arte; al cine en este caso.

Si obviamos lo anterior y vamos a la realidad, nos encontramos con una agencia con una dotación presupuestaria y una plantilla de agentes que, en proporción a la población para la que está al servicio, la convierten en la primera agencia de inteligencia del mundo, o al menos una de las más destacadas. Sus más de 2500 millones de euros de presupuesto y en torno a 7000 agentes para dar protección a una población que no llega a los diez millones de personas, cito siguiendo al periodista Pablo Soler, no es cosa menor, desde luego, por lo que, con estos datos, no es descabellado ratificar la supuesta cualificación y eficacia de las acciones que le sean encomendadas a esta agencia creada a instancias de David Ben-Gurión allá por 1949.

Pero desde el reciente atentado de Hamás en Israel la situación que se está viviendo en Gaza, y sobre todo muriendo, pone muy en duda a los servicios de inteligencia israelíes por mucho que el Mossad no sea el único implicado en la respuesta bélica que ha planteado el cada vez más contestado, dentro y fuera de su país, primer ministro Benjamín Netanyahu. Me parece más que evidente que tanto en la fijación de los objetivos terroristas a detener o exterminar como en la localización y liberación de los más de cien rehenes que están aún en poder de la organización terrorista Hamás el Mossad está muy lejos de lo que se podría esperar.

La realidad se impone a cualquier elucubración que podamos hacer o a cualquier rescoldo cinematográfico en el subconsciente. Y la realidad es que no parece que el Gobierno israelí y su Mossad estén dando una respuesta precisa, equilibrada, proporcional y, sobre todo, eficaz al atentado y secuestros perpetrados por Hamás, lo que me ha recordado un artículo, bajo el título de Matar moscas a bombazos, que publiqué en estas mismas páginas en 2015 a raíz del atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo.

Israel está bombardeando sin medida a los gazatíes para detener o matar a los terroristas que atentaron contra los colonos, a esos en concreto, y rescatar a los secuestrados, pero los datos que facilitan las fuentes israelíes y las de Hamás, sospechosas como en todos los conflictos, no nos dan una imagen de una intervención ni siquiera inteligente. Supuestamente, más de 30.000 gazatíes muertos, la mayoría civiles y, sobre todo, mujeres y niños, y unos 9.000 miembros de Hamás, muchos menos fueron los asesinos concretos, que no sé yo cómo se identifican del resto de muertos entre los amasijos de carne quemada. En todo caso, no veo que sea la respuesta proporcionada, precisa y eficaz que cabría esperar del servicio del Mossad a los soldados en acción, o a las suyas propias.

No sé si, en términos jurídicos, Netanyahu está cometiendo un genocidio, un crimen de guerra, o las dos cosas a la vez y hasta alguna más, pero de lo que no tengo la menor duda es de que, si los objetivos eran responder, y así se dijo y se mantiene, a los terroristas del atentado y devolver a casa a los rehenes que aún se suponen vivos en manos de Hamás; si esos eran los objetivos declarados y no otros, Netanyahu y su Mossad están cometiendo una auténtica chapuza, una masacre inútil para logar dichos objetivos de manera pronta y exitosa. Así que, además de parar la carnicería humana, lo mejor que podría hacer el primer ministro israelí es disolver el Mossad, que, para más inri, ni se enteró de que podía perpetrarse el atentado de Hamás, y eso que parecían tan listos.

Y lo que acabo de escribir no va ni de pro o anti israelí, judío, o semita, que no son lo mismo, como tampoco va de pro ni anti palestino, árabe, o musulmán, que tampoco son lo mismo, a ver si nos enteramos. Va de la incompetencia de una agencia de inteligencia que está demostrando, como de quien depende, tener poco de su adjetivo.

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