Opinión | Buena jera

Un intento de frenar rollos

El papa Francisco quiere que las homilías sean breves, que no duren más de 8 minutos

Archivo - El Papa Francisco

Archivo - El Papa Francisco / Alessandro Di Meo / Zuma Press / Contactophoto

Pasan tantas cosas cada semana, cada día y hasta cada hora que no es fácil elegir un tema para esta homilía dominical. Algo que el lunes o el martes veías como adecuado para guiar tu artículo, resulta que el miércoles se ha quedado ya desfasado o puede ser sustituido por otro asunto, que, a su vez, parecerá ya del Neolítico solo dos fechas después. Y, en ocasiones, se amontonan novedades y más novedades en un pequeño espacio de tiempo; todas, y por tanto ninguna, se presenta como la idónea para hincarle el diente del comentario. Esta semana ha sido un ejemplo claro. Es difícil sustraerse al tirón de las elecciones europeas con la victoria "sí, pero no tanto" del PP; la derrota dulce del PSOE; el batacazo de Sumar; el "resistiré" de Podemos; el avance algo amargo de Vox; la aparición sorpresa de "Se acabó la fiesta" (ya veremos cuando llegue, si es que llega, la resaca); el nuevo, y esperanzador, retroceso de los Junts y ERC en Cataluña; el adelanto casi al sprint, de Bildu sobre un PNV cansado; el descenso en la participación; las declaraciones (algunas parecían de Gila o de Cantinflas, ¿saben los jóvenes quienes eran y lo que nos hicieron reír?) de supuestos responsables políticos…

Ocurre con frecuencia en los entierros. Bastante tienen los familiares y amigos del difunto con el dolor que les aflige como para escuchar durante mucho tiempo una prédica larga y, generalmente, monótona y reiterativa

En fin, que había elementos suficientes para hacer un tratado de varios tomos de extensión. Y nos quedaríamos cortos. También están sobre el tapete la inevitable, y cansina, amnistía; el lío entre los fiscales, las negociaciones en Cataluña; varias cuestiones domésticas en Zamora o en Castilla y León, pero, claro, esas no cuentan a nivel nacional (¿quién se para a preocuparse de las tribus mesetarias si parecemos osos en invierno, adormilados?). Era una oferta amplia, pero bastante aburrida ya que llevamos mucho tiempo, años, abducidos por estas realidades. Así que me dio por hojear otra vez la prensa en busca de inspiración y, hete aquí, que el jueves 13 de junio, San Antonio de Padua, por más señas la fiesta de mi pueblo, encontré en este periódico un suelto tan pequeño como maravilloso. Con un titular muy atractivo: "El papa pide homilías de ocho minutos porque la gente se duerme". Tuve que repasarlo varias veces para cerciorarme de que no me equivocaba. Y no, no, había leído bien. En el cuerpo de la noticia se recogían más palabras y explicaciones del Santo Padre: "La homilía debe ser breve: una imagen, un pensamiento, un sentimiento; una homilía no debe durar más de ocho minutos porque después de ese tiempo se pierde la atención y la gente se duerme; y tiene razón". El papa Bergoglio tampoco se ahorró críticas a algunos curas: "Los sacerdotes a veces hablan mucho y no se entiende de qué hablan".

Reconozco que las palabras del papa me hicieron gracia y, sobre todo, me invitaron a la reflexión, a hacerme preguntas y a ponerme en la piel de esos feligreses que suelen salir de las iglesias con cara de haber soportado un latazo. Ocurre con frecuencia en los entierros. Bastante tienen los familiares y amigos del difunto con el dolor que les aflige como para escuchar durante mucho tiempo una prédica larga y, generalmente, monótona y reiterativa. Uno creía que esa sensación era de la gente de a pie, pero resulta que hasta el Santo Padre la tiene, lo que le lleva a aconsejar homilías más cortas y con más sustancia: una imagen, un pensamiento, un sentimiento. Y se acabó. Le faltó decir que, como escribió Baltasar Gracián, "lo bueno si breve, dos veces bueno".

La llamada de atención del papa tendría que extenderse a todos los órdenes de la vida y alcanzar a autoridades, políticos de toda laya y condición, famosos, artistas y hasta a los ciudadanos corrientes y molientes. Que dice el papa que no hay que pasarse de ocho minutos y tú llevas ya quince hablándome de tus nietos o contándome lo bien que te va y lo que gana tu yerno.

El mundo sería muy otro, especialmente menos pesado y coñazo, que ya es algo y más en estos tiempos. Así que pongámonos a ello.

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