Opinión | Editorial

El apoyo de Zamora al PP en las europeas merece correspondencia de la Junta

Nada es gratis y ese respaldo de los castellanoleoneses debe traducirse en actuaciones concretas

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, vota en Salamanca.

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, vota en Salamanca. / Jesús Formigo / Ical

Hace dos años y dos meses Alfonso Fernández Mañueco se convertía en el primer dirigente regional del PP en formar gobierno con Vox. Castilla y León pasaba a ser una comunidad bajo la lupa constante de todos los partidos políticos. En la toma de posesión como presidente de la Junta, el 19 abril de 2022, Núñez Feijóo, con las riendas del PP nacional recién tomadas, excusó su asistencia y optó por desmarcarse de todo lo que tuviera que ver con los de Abascal. Desde entonces, todas las citas electorales que se han desarrollado con especial atención a la lectura nacional han reforzado a Mañueco, que en cada una de ellas ha mejorado resultados sin acusar el desgaste que otras regiones lideradas por el PP sí sufren tras verse obligadas a pactar con Vox para poder gobernar. A pesar de entregar la vicepresidencia y tres consejerías, Agricultura, Cultura, e Industria y Empleo al grupo capitaneado por Juan García-Gallardo, el Gobierno regional se muestra sólido, sin fisuras y dispuesto a finalizar una legislatura que muchos daban por muerta antes de comenzar.

El voto «prestado» por los ciudadanos tiene billete de vuelta en forma de lucha para conseguir la fiscalidad diferenciada, la reapertura de la Ruta de la Plata o el impulso definitivo a los polígonos industriales

De ser un quebradero de cabeza para el recién nombrado presidente nacional del PP Mañueco ha pasado a ser hombre de peso en Génova. En estos poco más de dos años ha conseguido fortalecer su Gobierno sin graves crisis con su socio, limitándose a apagar los fuegos que de vez en cuando provoca Gallardo al polemizar con el aborto, la violencia de género o los inmigrantes. Pionera en gobernar con Vox, Castilla y León es ahora mismo una región en la que se miran los dirigentes populares y un escollo para el PSOE, que se topa con un muro inquebrantable en cada convocatoria electoral. El presidente de la Junta no oculta su satisfacción tras los resultados cosechados el 9-J, pero nada es gratis y ese apoyo de los castellanoleoneses debe traducirse, en el caso de Zamora, en actuaciones concretas. El voto "prestado" por los castellanoleoneses tiene billete de vuelta en forma de lucha para conseguir la fiscalidad diferenciada, la reapertura de la línea férrea Ruta de la Plata o el impulso definitivo a los polígonos industriales que nacen para atraer empresas y puestos de trabajo que asienten población.

El pasado domingo el PP ganó los comicios en la comunidad con el 44,5% de los votos frente a un PSOE que se quedó en el 30,4%. Vox ha crecido hasta el 10,5% y "Se acabó la fiesta", formación que lidera Alvise, se convierte en su estreno en la cuarta formación política con más apoyos, el 4,04%. En el análisis por provincias Zamora, una de las más castigadas por la mayor parte de los indicadores socioeconómicos, se ha disparado como granero de votos de los populares. El PP ha conseguido en Zamora, porcentualmente, los quintos mejores resultados de toda España, un récord histórico sin precedentes que aúpa a los responsables y cargos públicos del partido en la provincia.

El alza de la derecha política se consolida mientras que el PSOE evita el derrumbe ante los casos Koldo o Begoña Gómez, lo que no es poco si a mayores lidia con la fractura interna que se agranda con la amnistía a los responsables del procés. En Zamora, como en el resto de Castilla y León, el PSOE de Tudanca ve de nuevo cómo la comunidad se tiñe de azul. La última posibilidad real de gobernar la tuvo en los comicios autonómicos de 2019, cuando por segunda vez en la historia, el Partido Socialista Obrero Español ganó en la región, obteniendo 35 procuradores, hecho que no sucedía desde las primeras elecciones autonómicas en 1983. Aunque el cabeza de lista de la formación naranja, Francisco Igea, coqueteó durante la campaña con el PSOE, finalmente el líder de su partido, Albert Rivera, le empujó a los brazos de Mañueco a cambio, como luego sucedería con Vox, de una vicepresidencia y tres consejerías. Los socialistas, como el resto de partidos de la izquierda, tienen por delante una intensa reflexión si quieren gobernar un territorio tan complejo para ellos como Castilla y León.

Ahora, tras las Europeas, es buen momento para que ciudadanos y políticos reflexionen. Los primeros para devolver en forma de hechos los votos prestados que no pueden ni deben ser gratis. Los segundos, para vigilar de cerca si las instituciones cumplen o no con la ciudadanía.