Opinión

¡Gracias, AFA Zamora!

Una paciente con alzhéimer, haciendo terapia en un centro de día.

Una paciente con alzhéimer, haciendo terapia en un centro de día. / F. CALABUIG

El motivo de esta carta es agradecer públicamente a TODO el personal de AFA Zamora, la experiencia familiar que hemos tenido en el Centro Terapéutico de Día Ciudad Jardín de Zamora. Como centro especializado en el cuidado de enfermos de Alzhéimer y otros deterioros cognitivos, acudimos a vosotros cuando vivíamos la angustia de ver a mi padre con una enfermedad progresiva e implacable para la que necesitaba un apoyo especial, cuidadoso y profesional. Y allí fuimos a una primera entrevista con escasas esperanzas de encontrar el lugar adecuado para ayudarle con su problema. Y allí nos encontramos con que la respuesta que nos ofreció el centro no solo era la esperada, sino la mejor que podíamos haber conseguido: un trato profesional, personalizado, respetuoso y humano.

El centro tiene una ubicación inmejorable (en plena Ciudad Jardín y junto al Hospital Provincial) que le aporta un plus de tranquilidad (en todos los sentidos). El acceso al centro es bueno y las instalaciones, en dimensiones y organización, bien ajustadas a las necesidades de los usuarios. Su interior luminoso, abierto, limpio y amplio es un espacio que transmite optimismo y serenidad. Allí, todo es “transparente” pues las paredes son meras pantallas que comunican y ajustan espacios y, nada más entrar, se percibe cuidado, orden, una excelente organización y una perfecta coordinación entre sus trabajadores.

Decía Salustio, historiador del s. I a.C.: Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur, (Así como la concordia hace crecer las cosas pequeñas, la discordia arruina las más grandes) y en este centro es precisamente esa “concordia”, esa armonía, ese latir de corazones al unísono, lo que hace de él un lugar especial, un refugio para las inquietas y vacilantes mentes de nuestros familiares que encuentran allí la serenidad, el orden, la seguridad y el respeto que necesitan. Porque todos los trabajadores, cada uno en su tarea (Psicóloga, Fisioterapeuta, Terapeutas ocupacionales, Trabajadora social, Cuidadores y demás personal), trabajan perfectamente coordinados y con un claro objetivo final: que los usuarios reciban lo que cada uno de ellos necesita en cada momento y cada día. Con esa actitud y esos planteamientos profesionales, lo que a simple vista podría parecer un objetivo diario "pequeño", se convierte en algo especialmente importante, grande y hermoso, pues proporciona una singular calidad de vida a nuestros familiares. Y eso era lo que mi padre y nosotros, su familia, necesitábamos; y eso fue lo que encontramos en este centro.

Desde el primer momento, en su ya limitada capacidad verbal, mi padre nos aseguraba cada día, al llegar a casa, que en el centro se encontraba perfectamente, que las personas que lo cuidaban eran muy buenas y que estaba encantado: traía feliz los "deberes" que había hecho en el "cole" (como él llamaba al centro) y se los mostraba a mi madre con orgullo; cada mañana se levantaba feliz porque se iba ya al cole y, a veces, se impacientaba y, sin esperar a nadie, después de desayunar, intentaba salir "corriendo" hacia allí. Mi padre ha estado feliz con vosotros, disfrutaba de vuestro trabajo y trato diarios y eso hacía que nosotros confiásemos y reconociésemos aún más vuestra profesionalidad: teníamos la absoluta tranquilidad de que estaba en las mejores manos que podíamos imaginar.

No hay palabras para expresar lo agradecidos que estamos por la atención tan especial que mi padre ha recibido en el centro, por el trato tan humano, cariñoso y personalizado que él sentía, por la empatía mostrada y los cuidados que todo el personal le ha proporcionado: desde quien valoró su deterioro inicialmente y hacía su seguimiento, o quien lo duchaba los lunes y jueves, a quienes lo llevaban al comedor o a terapia, lo pasaban al sillón, o lo recibían y despedían cada mañana a la puerta. Mi padre ha sido feliz con vosotros y le habéis ayudado y mejorado su calidad de vida durante estos meses. Por todo ello, muchísimas gracias.

Gracias, Laura, por tu eterna sonrisa, tu delicadeza, tu cercanía, tu interés por valorar adecuadamente a mi padre, por tu empatía; gracias por ayudarnos en el apoyo psicológico a mi madre, muy cansada ya y anciana, pero que apoyada en tu juvenil entusiasmo, la hiciste sentir parte del centro y se reconoció acompañada en su lucha. Muchísimas gracias.

Gracias, Verónica, por tu ayuda con los “papeles”, por tu cercanía, tu interés, por tu sólido apoyo. Contar con tu comprensión para reconocer las dificultades de ese momento inicial y ayudarme a simplificarlas ha sido crucial también para la familia. Muchísimas gracias. Gracias, Lucía, por tu amabilidad, tu deseo de ayudar, por el trabajo que tú y tu equipo hacéis con los usuarios como mi padre… no es fácil, pero conseguís entre todos que ellos se sientan bien, acogidos, admitidos, tranquilos en un entorno amigo que les hace la vida más fácil. Muchísimas gracias.

Gracias también a Rubén, a Javi, a Elena, a Ana… siento no haber tenido la oportunidad de conoceros a todos, pero sé bien que formáis un equipo cohesionado, humano, profesional y capaz en el que reina una serenidad y complicidad que se respira nada más entrar en el centro. Sois estupendos. Vuestro trabajo no es fácil y habéis formado un grupo que trabaja en armonía y con eficacia por el bien de los que acuden al centro. No se puede pedir más. Enhorabuena por ello y gracias de corazón por vuestra gran labor profesional, vocacional y humana.

Recibid todos vosotros un fuerte abrazo: os estaremos siempre agradecidos.

Elena Cuadrado.

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