Opinión
Fracasos que duelen, pero no tanto
La ética hace tiempo que no es el santo y seña de la política española

Yolanda Díaz en una imagen durante la campaña electoral. / Arsenio Zurita
La dimisión de Yolanda Díaz al frente de la formación Sumar tras la debacle del partido en las recientes elecciones europeas no sólo alimenta la incertidumbre en el espacio político a la izquierda del PSOE, sino que pone en solfa los liderazgos súper personalistas al frente de coaliciones como la que nos ocupa. Sinceramente, se veía venir después de las derrotas consecutivas en las urnas, auténtica prueba del algodón para la convivencia orgánica de los partidos que, como Sumar, son una conglomeración de siglas. Las dudas sobre el futuro de una izquierda alternativa y de quién va a asumir a partir de ahora la cabeza visible están en el aire tras una andadura de tan solo un año desde aquel mitin en el polideportivo Antonio Magariños, cuando una exultante Yolanda Díaz se autoproclamó la única aspirante a ser la primera presidenta del Gobierno de España.
El cúmulo de errores, dando la espalda a Podemos y sus caras más visibles (Irene Montero e Ione Belarra), ha acabado por dar con ella en la lona que le tejían ya desde la sombra manipuladora de Pablo Iglesias y, de algún modo, hasta del embaucador aparato socialista. Es lo que tiene ir de sobrada cuando tu fuerza electoral hace aguas por los cuatro costados y sientes el aliento en la nuca de quienes esperan, sin disimulo, a que caigas por tu propio peso. Como así ha sido al final.
Ciertamente, tampoco llego a entender que quien fracasa en un proceso orgánico y en el liderazgo de un partido anuncie su huida sin hacer lo propio en los cargos públicos que ostenta merced a esa representación política.
La ética hace tiempo que no es el santo y seña de la política española, caracterizada por el narcisismo y el creciente apego al sillón. Yolanda Díaz es el ‘penúltimo’ ejemplo de ello, pero, lamentablemente, ha habido otros muchos más en estos últimos años y no sólo en el ámbito nacional. Ahí tienen el caso de Francisco Igea, que perdió aquellas primarias de Cs con Inés Arrimadas y al día siguiente, como si no hubiera pasado nada, seguía (y sigue) en el Parlamento de Castilla y León. ¿Qué tendrá eso de ostentar un cargo público para cogerle tanto vicio? Respóndanse cada cuál a sí mismo, aunque seguro que, al menos, en un par de motivaciones coincidiremos: el sueldo y el poder. A lo que se ve, hay fracasos que duelen, pero no tanto. ¿Verdad?
Suscríbete para seguir leyendo
- Carlos Martínez acusa al PP de usar al Gobierno de España como «excusa perfecta» para no asumir sus responsabilidades con Zamora
- La zamorana Lácteas Cobreros conquista siete medallas y es la empresa española más premiada en los Global Cheese Awards
- Se mete en el vallado de los encierros de Benavente con un menor y termina con una multa de 500 euros
- Este barrio inaugura su primer mural del proyecto “Zamora Variopinta”
- Así afectará la huelga indefinida de médicos a Zamora
- Seis horas para disfrutar de artistas y patrimonio este fin de semana: horarios y lugares de la Noche Blanca del Románico Zamorano
- Ganaderos zamoranos de pura raza: Salamaq premia sus explotaciones y ejemplares de ovino y caprino
- Noche Blanca del Románico en Zamora: conciertos en escenarios de piedra llenos de historia
