Opinión

Como hijo de agricultor

Tractorada infantil en Zamora.

Tractorada infantil en Zamora.

También yo soy hijo por herencia de agricultor y comparto plenamente todas y cada una de vuestras reivindicaciones que son las mismas de ayer, de cuando el trigo tenía poco más o menos el mismo valor de hoy. Sé que tenéis motivos suficientes para reivindicar lo que os corresponde. Como hijo de la tierra, también yo tengo alma de agricultor. Con ellos aprendía a respetar y valorar el esfuerzo en el campo; en él dejé mi infancia mientras oía a mi padre los mismos lamentos que hoy vuelvo a escuchar como si el tiempo en el campo, en el pueblo, se hubiera detenido para siempre.

Reivindico sí, justicia y respeto para esos agricultores como lo fue mi padre, esos hombres y mujeres humildes, sencillos, pacientes y generosos que vivieron pobremente de la agricultura siempre arrancando horas a la noche y haciendo rogativas al cielo. Esos que destriparon tantos terrones y dejaron su sudor en la tierra de manera tan generosa y altruista, estando condenados a desprenderse de lo mejor que conseguían para quedarse con las granzas y seguir sobreviviendo.

Es hora que seamos justos con ellos y comencemos a devolverles tanta generosidad y sudores baldíos; es hora de revivir esas viejas esperanzas detenidas en el tiempo y bajo su misma caprichosa tiranía. Amordazarlos con cuestionadas decisiones políticas alejadas de la tierra, ni por caprichos burocráticos que ellos no saben arar porque no es su cometido.

No olvidemos que hombre, tierra y cielo son la esencia de nuestra propia existencia. Primer eslabón de una cadena que va engordando sus cuentas de manera injusta, para caer con todo su peso sobre su propio esfuerzo. Ellos, mejor que nadie, conocen las necesidades de su tierra, porque ahí guardan sus raíces más ancestrales.

Recuerdo a mi padre lanzando desde su sembrador al pecho, a veces, con impotencia, un puñado de grano sobre la tierra. Sé que estaba sembrando esperanzas y sueños, que hoy me da la impresión de haberse convertido, tan solo, en espinas y abrojos. Andando por el camino de tiempo veo que así es. Aquellos sueños parecen haberse quedado colgados como cuchillos de carámbano sobre el filo indiferente del tiempo.

No puede ser que venda un kilogramo de trigo y, como una barra de pan de paja, vacía de harina del mismo kilogramo de trigo quede multiplicado por trescientas veces en unas barras, que ahora les llaman "baguettes", del que alguien vende muchos panes de aire.

El agricultor tan solo busca vivir en su pueblo; de sus tierras y del capricho del tiempo. Busca dar forma al silencio de lo que aún pude quedar de pueblo. Busca sostener en pie esa encina heredada que no encuentra consuelo y perdurar en el tiempo. Querer disfrutar de su tierra y revertir la luz en paisaje. Nunca buscó riqueza maltratando a su tierra; armonizarse con ella. Arrancarle poemas y dibujos que esconde; escuchar su propia musicalidad.

Agricultor, te podrán quitar todo, la palabra, la esperanza, la multa que te pongan, pero siempre te quedará la tierra, y como a mi padre, en mi memoria, aquella vieja yunta de vacas, o ese viejo tractor para darle forma a tus sueños.

¡Ánimo!, ¡Adelante!

Benjamín Charro