Opinión

La inmigración, una baza en la lucha contra la despoblación en Zamora

Zamora cuenta los días para la conclusión de un año récord desde el punto de vista demográfico. Si bien la provincia sigue perdiendo habitantes, la tendencia apunta a un cierre de ejercicio por debajo del millar de bajas en el censo, un hito nunca visto desde aquel extraño 2007 en que las listas de vecinos crecieron por última vez antes de emprender una caída libre que llega hasta la actualidad. La razón detrás de este cambio de paradigma hay que buscarla en una población extranjera que, desde hace tiempo, contribuye a amortiguar el mayor de los golpes que sufre este territorio. Un colectivo que ha encontrado en la provincia el lugar donde mejorar su vida, donde conseguir las oportunidades negadas en sus países de origen. Un grupo que asciende ya a más de 6.000 personas y que no tiene reparos en asumir los trabajos que no quieren los autóctonos. Y eso va desde la agricultura de temporada hasta la medicina en Sanabria.

La contribución de los extranjeros a la provincia de Zamora se mide en términos demográficos, pero también económicos. En un territorio con una tasa de paro superior al 12%, de acuerdo con los últimos datos ofrecidos por la Encuesta de Población Activa, la comunidad de inmigrantes celebra contar tan solo con un 7% de desempleados. El Padrón Continuo contabilizaba, al inicio de este año 2023, un total de 6.342 personas naturales de otros países, de las que tan solo 742 engrosan las listas del Ecyl. Tanto mueven el árbol de la actividad que, solo durante el ejercicio pasado, registraron 5.821 contratos.

Cuando el sustantivo que precede a la palabra "demográfica" pasa de sangría a gangrena, la realidad aleja los remilgos y se centra en las necesidades. Por eso, hace tiempo que los alcaldes de Zamora pugnan por atraer habitantes extranjeros, conscientes de las ventajas que los nuevos pobladores ofrecen al futuro de sus municipios. El pasado curso escolar, Santa María de la Vega logró paralizar el anunciado cierre de su colegio de infantil y primaria tras matricular a cuatro niños ucranianos cuyas familias encontraron en la comarca de Los Valles el refugio perfecto frente a la guerra en su hogar.

Y si niños son colegios, cartillas son consultorios. Con menos de cincuenta habitantes, la Junta de Castilla y León solo garantiza la asistencia a demanda. A partir del vecino número 50, el médico está obligado a pasar consulta presencial una vez a la semana. Buena parte de las dolencias de la sanidad rural se explican por la falta de personas en su censo. Un problema que los ayuntamientos buscan solucionar de maneras absolutamente inverosímiles en cualquier otra parte. No hace mucho que San Vitero ofrecía casa, trabajo y huerta para evitar la parálisis de la actividad en estas dotaciones públicas clave. Y fue la comunidad extranjera la primera en responder en masa a esta llamada.

Hace tiempo que los alcaldes de Zamora pugnan por atraer habitantes extranjeros, conscientes de las ventajas que los nuevos pobladores ofrecen al futuro de sus municipios

El campo zamorano brinda posibilidades a quienes quieran progresar. Y el reto es inmediato. El 60% de los ganaderos entra en la presente década en edad de jubilación. Los datos los aportaba COAG recientemente, al tiempo que alertaba de la falta de relevo generacional para un sector primario que se mantiene como fuerza motriz de la economía provincial. El Ministerio de Trabajo y Economía Social contabiliza dentro de esta actividad un total de 6.567 afiliados a la Seguridad Social en el territorio, de los que 2.236 son extranjeros. Esto quiere decir que no se trata única y exclusivamente de temporeros. Claro que existen las realidades de los esquiladores uruguayos que vienen, afeitan y se van. O las de los vendimiadores de Europa del este que llegan, cortan el racimo y siguen su ruta de las denominaciones de origen. Pero es indudable que son muchos más los migrantes que se presentan en Zamora, se asientan y se emplean para mantener a la provincia, por ejemplo, como líder nacional en producción de ovino.

En la tierra más envejecida del país, el sector de los cuidados debe ser punta de lanza para la economía. Y ese es otro gran nicho de empleo para propios y extraños. Se ve en la calle, como se aprecia también en las aulas de Formación Profesional y Certificados de Profesionalidad, donde se mezclan distintas nacionalidades bajo el mismo objetivo de aprender cómo se realiza un trabajo clave para mejorar la calidad de vida de los mayores. Una atención que va desde el apoyo para el aseo personal y la movilidad, hasta el control médico que realizan los doctores latinoamericanos que ya han llegado a las consultas de Sanabria, Aliste o Carballeda, porque los españoles no quieren saber nada de ruralidad y dispersión. De hecho, en el año 2022 el Ministerio de Sanidad tuvo que abrir una convocatoria extraordinaria ideada exclusivamente para que médicos migrantes asumieran las plazas MIR de Familia y Comunitaria que los nacionales dejaron pasar, prefiriendo no obtener ningún destino antes de tener que trabajar en esta provincia.

La contribución del colectivo extranjero al progreso de esta provincia ha llegado también hasta la religión. La falta de vocaciones ha llevado a la Diócesis de Zamora a incorporar sacerdotes de puntos tan dispares del globo como Nigeria, India o Venezuela. Ellos son los encargados de abrir las iglesias allá donde no hay nadie más que lo haga, de oficiar los funerales de quienes no quisieron abandonar sus raíces y de celebrar las bodas y bautizos, en mucha menor medida, cuando se dan tan magnos acontecimientos. Pero, sobre todo, son ellos los que velan por el bienestar de los mayores en zonas depauperadas e ignotas, acompañándolos día tras día y alertando a los servicios de emergencia cuando las cosas no van bien. Y eso sí que es comunidad.

Si no fuera por los migrantes, la provincia habría perdido en los nueve primeros meses de este año más de un millar de personas. Con su contribución al censo, esa cifra se ha quedado tan solo en 371. Hace escasas semanas que LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA ponía encima de la mesa estrategias de futuro para conseguir retener el talento que año tras año huye en autobús hacia Madrid en busca de prosperidad. La cuarta edición del congreso "Razones para quedarnos" cerró con la convicción de trabajar de forma conjunta y coordinada para lograr el asentamiento de población, sea de la edad que sea. Y ahí también cabe la comunidad extranjera, porque en Zamora, también, hay muchas razones para que vengan.