Opinión | Zamoreando

Protección de ¿da qué?

¿Quién es el facilitador o facilitadora de direcciones y números de teléfono?

INTERIOR DE LAS ENTRAÑA DE UN CENTRO DE DATOS, GRANDES NAVES REPLETAS DE ORDENADORES QUE REALIZAN CALCULOS DIA Y NOCHE PARA ALMACENAR CANTIDADES INGENTES DE INFORMACION Y PARA PERMITIR EL FUNCIONAMIENTO CADA VEZ MAS OPTIMO DE INTERNET.

INTERIOR DE LAS ENTRAÑA DE UN CENTRO DE DATOS, GRANDES NAVES REPLETAS DE ORDENADORES QUE REALIZAN CALCULOS DIA Y NOCHE PARA ALMACENAR CANTIDADES INGENTES DE INFORMACION Y PARA PERMITIR EL FUNCIONAMIENTO CADA VEZ MAS OPTIMO DE INTERNET.

No es la primera vez que, en tono quejicoso, escribo del asunto. Cuando me hablan de la Ley de Protección de Datos siempre respondo lo mismo "protección de ¿da qué?". Los datos ahí están, la protección brilla por su ausencia. Nunca, como de un tiempo a esta parte, estoy recibiendo tanta carta y tanta llamada telefónica. ¿Quién diantre, por no decir quién coños, facilita, no ya mi número de teléfono que es como una verbena, sino mi dirección postal?

Habíamos quedado en que eso pertenece a la más estricta privacidad. No es de extrañar que ocurra cuando tanto en el ámbito privado como en el público no se tiene apenas cuidado cuando existe una citación o se pregunta por unos datos personales. No se puede renovar el carné de conducir, pongamos por caso, en el mostrador que existe en la sala de espera del psicotécnico, con más gente esperando. Qué le importa al señor, joven o señora que aguarda su turno, cómo me llamo, dónde vivo y la fecha de mi nacimiento. Por cierto, no hay nada más vulgar qué preguntar a una mujer por su edad.

Donde más cuidadosos son es en la Subdelegación del Gobierno y me da igual la sección de que se trate. Se ve que observan las normas. Otras instituciones no son tan cuidadosas y se lían a hacer preguntas que hay que responder sin tener en cuenta que hay más público presente.

Lo del teléfono es angustioso. Sobre todo cuando quieren venderte algo o bien el contacto procede del resto de operadoras, diferentes a la que tú tienes contratada. Resultan hasta empalagosas. Y no vale con bloquear el número, ¡tienen más! Tienen infinitos números desde los que te bombardean inmisericordemente y sin piedad alguna. Les da igual la hora del almuerzo, la del desayuno o la de la siesta cuando más necesidad tienes de una cabezadita. Ellos y ellas van a lo suyo y a ti que te parta un rayo.

Ya sé que todo el mundo tiene derecho a trabajar, ¡leñe, pero sin molestar al prójimo! En este caso el prójimo somos los acosados telefónicos que notamos la falta de respeto por muy edulcorada que sea la voz que se presenta al otro lado del teléfono. Como si a mí me importase quién es el susodicho o la susodicha a los que no tengo el gusto de conocer ni falta que me hace. Porque cuando quiero algo, me voy a ver a Jorge, que mira por mis intereses en mi compañía de telefonía móvil, es un gran profesional y lo borda. Jorge es enorme por dentro y por fuera. Es como el primo de "zumosol" pero en bondadoso, en servicial y, además, se conoce al dedillo todos los pormenores y "pormayores" de la compañía en la que presta sus servicios. Es sin duda un gran profesional con verdadero espíritu de servicio público o como poco al público. Si todos fueran como Jorge otro gallo nos cantaría.

Por favor, a quien corresponda, si han creado la llamada Ley de Protección de Datos, hagan que se respete y sancionen a quien incumpla la norma. Tan mirados para unas cosas y tan distraídos para otras.