La Opinión de Zamora

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Yo también he sido víctima de maltrato verbal (II)

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En primer lugar, me presento. Mi nombre es Guzmán Tamame, soy médico con 38 años de ejercicio profesional en distintos ámbitos, llevaba un tiempo pensando en escribir esta carta de los lectores a este periódico y me he decidido a hacerlo tras leer la carta firmada por Salomé Mateos, publicada en este medio el pasado sábado 21 de enero.

Quiero narrar que causé baja por enfermedad común en el mes de abril del pasado año con seguimiento por parte del médico de familia y de la especialista correspondientes. A finales de julio recibí una citación del INSS, en mi teléfono móvil por SMS, para comparecer en la Inspección Médica de dicho organismo el 1 de agosto. No quiero pensar qué hubiera sucedido si mi teléfono no hubiera estado activo por deterioro, extravío o sustracción.

Me presenté en tiempo y forma a la cita señalada y allí me recibió una señora que lo primero que hizo fue exigirme identificación mediante mi DNI y ella, sin embargo, no se presentó. A la salida de su despacho, y después de leer el informe que me entregó, ya que no me dejó hacerlo durante la entrevista, comprobé que era una inspectora médico. Durante la entrevista, y sin ningún interrogatorio ni exploración relativas al problema de salud causante de la baja, me comunicó que me daba el alta porque “llevaba mucho tiempo de baja” (en realidad poco más de tres meses). Le manifesté que aún no estaba en condiciones de trabajar al 100% como médico y esto lo podría ratificar mi médico especialista, quien no me había indicado aún el alta médica, a lo que respondió, prepotente, “que si quería fuera ella quien la llamara”.

Asimismo, cuestionó mis decisiones y actuaciones como médico por razón de mi edad (¡tengo 62 años!) Acto seguido me entregó un documento que, obviamente, ya tenía elaborado porque no lo escribió durante la entrevista, en letra muy pequeña, donde figuraba el supuesto “resultado del reconocimiento médico” que, repito, no había realizado y, como colofón, el “alta médica por curación”, o sea, alta por el “artículo 33” y sin ningún criterio médico. Todo ello considero que son hechos de mala praxis profesional, maltrato verbal, discriminación por edad y falsedad en documento público.

Esa misma mañana contacté con mi médico de familia y mi médico especialista y ambos me informaron que no había nada que hacer porque la Inspección estaba “por encima“ de ellos y no se tiene en cuenta su criterio profesional (¡qué mal se tienen que sentir cuando son ninguneados!). A continuación, hablé con mi abogada, para presentar la “reclamación previa a la vía judicial social”, a la que daba pie el escrito, en letra muy pequeña, supongo que con la intencionalidad de que pueda pasar desapercibido, la cual presenté en el plazo de 10 los días establecido. Al cabo de dos meses recibí contestación de la directora provincial del INSS en la que, como era de esperar, ya que se hace de oficio, se “desestimaba” la reclamación previa presentada, se “ratificaba” el alta médica y se daba opción a “interponer demanda ante el Juzgado de lo Social”. Mi abogada, quien tiene una amplia trayectoria en Derecho Laboral y Sanitario, consideró que era inútil interponer la mencionada demanda ya que en estos casos los fallos son siempre a favor de la Administración.

En todo este tiempo no he dejado de acordarme de la sensación de pena y de vergüenza que hubiera tenido mi madre, que fue funcionaria del INSS, al ver la deriva que han tomado las actuaciones de este organismo otrora digno.

Por último, señores ciudadanos, como médico, y discúlpenme la ironía, les aconsejo que no se pongan enfermos (¡como si alguien pudiera decidir cómo y cuándo hacerlo!) y si la enfermedad acontece, cúrense en el plazo establecido para no tener que caer en el averno de la susodicha Inspección Médica. Estimados compañeros médicos, olvidaos de aquello que aprendimos en la facultad de Medicina de que no hay enfermedades sino enfermos ya que las enfermedades, según el criterio administrativo, son todas idénticas y no admite la variabilidad individual.

Estimada Salomé, no es que en el INSS haya una diablesa, sino que hay varias, y, menos mal, que, como tú, tengo la fortuna de tener ángeles en mi vida. Resulta que conozco varios casos similares al mío en personas allegadas, y aunque al principio te cuesta dar crédito a todo lo que escuchas, como que a los sanitarios se nos trata incluso peor, no tomas conciencia plena de lo que sucede hasta el día en que te pasa a ti. En fin, no sé cómo estas personas que quizás algún día tuvieron alguna de las cualidades inherentes a la profesión médica, como la empatía con el enfermo, pueden dormir tranquilas. Como Salomé, también animo a “abrir hilo” ya que denunciar el maltrato, la mala praxis, la vejación y la falsedad documental, no sólo es un derecho, sino también un deber ciudadano.

Agradezco la publicación de esta carta, ya que es de lo poco que podemos hacer, y su lectura.

Guzmán Tamame

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