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CARTAS DE LOS LECTORES | Yo también he sido víctima de maltrato verbal: el diablo vive en el INSS de Zamora

Sede del INSS en Zamora capital, en la avenida de Príncipe de Asturias. L.O.Z.

Me presento. Mi nombre es Salomé Mateos, tengo 54 años y una discapacidad auditiva no reconocida. Mi primer episodio de sordera súbita me llevó a la consulta del especialista en septiembre de 2021. Durante este tiempo he estado viviendo en un mundo de luces y muchas sombras. No os negaré que he estado a las puertas del infierno, pero solo he visto una vez al diablo y os aseguro que ahí, en el infierno no habita. Tiene forma humana, viste como nosotros y vive en el INSS de Zamora.

Lo denuncio porque ha sido mi otorrinolaringólogo, en el Hospital Virgen de la Concha, quien me advirtió: “Salomé, lo que tú has sufrido es un maltrato, eres periodista, cuéntalo”. Y de verdad que lo hago sin intención de dañar a ninguna institución. Lo denuncio como un acto de responsabilidad y AMOR en mayúsculas, por los profesionales sanitarios, que ponen su cuerpo y alma en que mejoremos y el sistema le devuelve a los enfermos por la puerta de urgencias más quebrados.

Mi patología diagnosticada es una hipoacusia neurosensorial bilateral, con distorsión del lenguaje y problemas de comunicación y entendimiento. Soy periodista y durante toda mi vida laboral he trabajado en un medio de comunicación audiovisual. Desde marzo de 2022, llevo audífonos que me ayudan a que oír no sea un sufrimiento, pero sí un trabajo.

Pero vamos al tema que nos ocupa. En mi primera visita al INSS de Zamora, me atendió una inspectora que no dejó de repetirme que era médico. Una cita sin opción de preguntas ni respuestas por parte de la paciente. Centrada en su ordenador, decidió que el único informe médico que era válido databa de 2008, en el que yo tuve un episodio de moco con valoración de audiometría en el hospital. Sin embargo, no le interesaron los informes del Otoneurólogo del Hospital Universitario de Salamanca, del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, donde también fui derivada y de la Jefa del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Virgen de la Concha. Su respuesta fue: ¡Qué 365 días de vacaciones te has pegado! “Y ahora a vivir otro mes más de vacaciones, el que te corresponde por ley”. Esto, entre otras perlas que le llegué a entender, porque todo me lo dijo a gritos. Y en mi situación, precisamente lo que hacen los audífonos es ensordecerme cuando el volumen del ruido se eleva, con el fin de no dañarme.

Otra pregunta: ¿Por cierto, en cuantas empresas has trabajado?

Mi respuesta: “Llevo toda la vida en la misma”.

La contestación que alcancé a entender fue: “mientes” .

Cuanto salí de la cita empecé de verdad a analizar qué era lo que había pasado. No entendía nada. Sentí decepción por el sistema, con el que llevo contribuyendo toda mi vida, porque es de todos. Pero resulta que la verdad es muy tozuda ¡Cuánto daño hace la ignorancia! Enseguida me percaté que mi empresa, a lo largo de su trayectoria, ha ido cambiando de nombre y en el informe de mi vida laboral así aparece reflejado. Me di cuenta también que no se había estudiado mi expediente. El trabajo se hace en el mismo instante, con el enfermo delante y el camino solo es uno: Alta médica por curación. Yo en mi caso le quiero explicar a la inspectora-médico lo que me han dicho los especialistas “las enfermedades se pueden curar, las discapacidades sólo queda aceptarlas”. Y en lo que a mi empresa se refiere, no se atreva a nombrarla. No-se-atreva poque soy una de las madres que la vio nacer.

El 10 de enero de 2023 he sufrido mi segundo episodio de sordera súbita con ingreso hospitalario. La respuesta del INSS, y leo literal: “Ha valorado su solicitud de nueva baja médica y considera que es diferente patología a la que motivó su alta médica” por curación. Y me deriva a mi médico de atención primaria. Gracias, de verdad, por devolverme a mi médica de cabecera, porque ya es difícil regresar a las puertas del infierno, como para además tener que lidiar, otra vez, con el diablo.

Creo sinceramente que cuando veamos el mínimo maltrato, hay que denunciarlo. Hay que darle visibilidad y de ninguna manera lo podemos normalizar. No lo contamos por miedo y el miedo nos paraliza, nos hace débiles y no nos deja ser libres. Ante el temor de que todo pueda ir a peor, elegimos que nada cambie.

Hace algún tiempo, quien para mi será también siempre mi jefe, Florencio Carrera, me envió una foto de cuando entré a trabajar en la empresa, recién licenciada. Mi respuesta fue “qué tiempos”. Y la suya me dejó pensativa. Me dijo “no, Salomé, lo mejor está por llegar” En aquel momento no lo entendí ¡Lo que es la mente! Ahora, os digo, que sí, que lo mejor está por venir, porque cuando vuelva a resurgir de mis cenizas, voy a aprovechar cada segundo que me regale la vida.

Lo más importante en estos casos es rodearse de Ángeles, que, por suerte, los tenemos más cerca: la familia, los amigos, la gente que nos quiere. Y escuchar a los profesionales sanitarios que son los que nos van poniendo las baldosas en el camino, para que, a pies puntillas, podamos seguir avanzando.

Aunque he escogido la vía de los medios de comunicación para contarlo, porque son mi vida entera, quiero sin embargo despedirme como se hace hoy en día en las redes sociales ¿A quién más le ha pasado lo que a mí? Abro hilo…

Salomé Mateos

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