Kiosko La Opinión de Zamora

La Opinión de Zamora

Agustín Ferrero

Corre, corre, ¡que te pillo!

Hooligans políticos que apenas se diferencian de los que siguen a los equipos de fútbol

Chema Moya

Lo de “corre, corre, ¡que te pillo!” es algo que se les suele decir a los niños con la sana intención de jugar con ellos, haciendo como si uno no fuera capaz de alcanzarlos. Así, los pequeños se ponen contentos y se sienten orgullosos de ser más rápidos que los mayores. Pero esa añagaza no es de aplicación cuando se trata solo de adultos, pues no puede haber nadie tan ingenuo que llegue a creerse que no va a ser rebasado por otra persona más preparada que él en la cosa de correr. ¿Alguien se imagina corriendo al futbolista Mbappé, tras Bertín Osborne, sin lograr ponerse a su nivel?

Pues eso, que hay cosas que no se las puede creer ni el que asó la manteca. Y eso es lo que parece que se esta escenificando ahora en el Congreso de los Diputados, un enfrentamiento artificial que pretenden les sirva de cara a las próximas elecciones. Enfrentamientos personales de unos grupos contra otros, en los que se llaman de todo, tachándose de fascistas o de terroristas, según de donde sople en viento. Un espectáculo que no solo no sirve para arreglar las cosas que preocupan a los ciudadanos, sino que les trasmite una sensación tan bochornosa que dan ganas de cerrar la puerta y salir huyendo.

“Para creerse este tipo de espectáculos teatrales hay que haber aceptado antes la cuadratura del círculo” podría decir uno de los ujieres de la Cámara Baja que tenga el culo pelado de asistir a sainetes, tragedias y comedias. Y si además es aficionado al arte de Talía, añadiría que en cualquier representación teatral se dicen las cosas con mucho más sentido, ya que cada uno suelta su parlamento cuando le toca, sin interrumpirse, sin pateos; vamos, como personas educadas y civilizadas. Y, aunque sus personajes disientan en ideas y opiniones se muestran respetuosos hasta con los silencios.

A esta tropa, la del Parlamento, parece que le gusta mostrarse como ineducada, pero con un grupo de malos actores, incluso pésimos diría yo, que aburren hasta el hastío

decoration

Y es que a esta tropa, la del Parlamento, parece que le gusta mostrarse como ineducada, pero con un grupo de malos actores, incluso pésimos diría yo, que aburren hasta el hastío. Porque nadie puede llegar a creerse que alguien que falta al respeto a otro, acto seguido se preste a ir a cenar con él y a tomar un par de copas en el bar de al lado, como puede ser el caso.

El caso es que, cada una de las bufonadas que protagonizan sus señorías nos está costando a los contribuyentes la friolera de 300.000 euros (según información del canal de televisión “La Cuatro”) ya que, al parecer, es por lo que sale cada sesión parlamentaria. Y eso es algo que se parece bastante al despilfarro, a la falta de consideración, a la ausencia de ética.

Llamar promotor de violaciones a un partido político, por el mero hecho de que haya lanzado una campaña publicitaria penosa, es ganas de buscar la pelea porque sí. Tachar de poco menos que de lameculos a una ministra para tratar de desacreditarla, raya en lo barriobajero. Ese es el nivel actual que ofrece nuestro Parlamento. Pero es que, según publicó en su día “Abc”, existen leyes que permiten a nuestros representantes en las Cortes insultarse y acusarse de haber cometido delitos, a sabiendas que son mentira, sin que sean considerados como penalizables, y siendo así cualquier disparate vale. Cosa distinta sería que los autores de esos esperpentos fueran ciudadanos normales y corrientes que no gozan de inmunidad parlamentaria.

Cada una de las bufonadas que protagonizan sus señorías nos está costando a los contribuyentes la friolera de 300.000 euros que es por lo que sale cada sesión parlamentaria. Y eso es algo que se parece bastante al despilfarro, a la ausencia de ética

decoration

Mientras tanto, un buen número de problemas continúan sin resolverse, quizás los más importantes, y los grandes acuerdos o las coaliciones estables brillan por su ausencia. Son las salidas de pata de banco y las discusiones barriobajeras las que priman en el hemiciclo de la Cámara que nos está representando a todos. Así que, el que más y el que menos, podría preguntarse si sería factible anular el voto que ha confiado a determinado partido o a un señalado líder, sin necesidad de esperar a que lleguen las elecciones generales, para depositarlo en la urna de la madre de Blancanieves o de la mula Francis, que probablemente lo utilizarían con mas inteligencia y menos relinchos.

Lo peor del caso es que, desafortunadamente, lo del “corre, corre ¡que te pillo!”, aunque sea cosa de niños, también se está practicando entre algunos adultos. De manera especial entre grupos de electores que encajan en la categoría de fanáticos, de esos que solo ven la paja en el ojo ajeno; de los que siempre encuentran justificación a lo que hace su partido; de hooligans políticos que apenas se diferencian de los que siguen a los equipos de fútbol, en la gorra que llevan roscada a la cabeza, al modo de una tuerca sobre un tornillo.

Compartir el artículo

stats