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Carmen Ferreras

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Hace falta ser necia

La “ley del solo sí es sí” tuvo advertencias desde el principio

Irene Montero Eduardo Parra

Es imposible silenciar tanta necedad como la que se respira en el Ministerio de Igualdad. Hace falta ser necia y tonta para no escuchar a los que en verdad saben de leyes. Y eso reza para la titular y su corte de asesoras, orientadoras y sugeridoras. Todas demuestran estar más despistadas en materia de leyes que una burra en un berzal. ¡Uy!, a lo mejor es políticamente incorrecto lo que digo o, en el peor de los casos, se trata de violencia política.

La tramitación del anteproyecto de ley de garantía integral de la libertad sexual, la conocida como “ley del solo sí es sí”, desde el minuto uno, no estuvo exenta de advertencias de lo que ahora está sucediendo con la aplicación de las normas en los tribunales. A la espera de que el Tribunal Supremo asiente su doctrina, las rebajas de pena a condenados por delitos sexuales se han ido sucediendo a la vez que el galimatías judicial que se ha producido por la disparidad de criterios entre las distintas audiencias provinciales se ha propagado de forma notable.

La tramitación del anteproyecto de ley de garantía integral de la libertad sexual, la conocida como “ley del solo sí es sí”, desde el minuto uno, no estuvo exenta de advertencias de lo que ahora está sucediendo con la aplicación de las normas

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Seguro que se trata de jueces machistas y además fascistas. Son los dos insultos que primero se le vienen a la boca a la ministra del “sí”, que ha sido “no”. Dos son los organismos que advirtieron en sendos informes no vinculantes de que la nueva norma implicaba en algunos casos las rebajas de las penas. ¿Cómo osaron enmendarle la plana a la ministra que se lo sabe todo sobre el bien y el mal y que en leyes y en feminismo nadie le da lecciones? Tal osadía se ignoró, dejando al Consejo General del Poder Judicial y al Consejo Fiscal con la palabra en la boca.

De entrada, además de convertirse en la risión de España y en la vergüenza de propios y extraños, incluso el movimiento feminista de Madrid, con más luces, se ha echado a la calle pidiendo la dimisión de Irene Montero que, al amparo del presidente Sánchez, va a seguir ocupando la cartera ministerial que preside y obviamente un sillón en la bancada azul donde la pobre recibe la violencia política de sus adversarias más preparadas y menos prepotentes que ella. Son unas desalmadas y muy poco solidarias. Cierto que se miran en el espejo de la propia Montero.

Que pena que las alertas de los dos organismos que advirtieron a la ministra cayeran en saco roto, porque el desaguisado es bárbaro. El escenario que previnieron se ha hecho realidad con las decenas de reducciones de condenas acordadas por los tribunales en aplicación de la cuestionada ley que le salió rana a la ministra.

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