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Ángel Macias

El espejo de tinta

Ángel Macías

Zamora: cambiar o palmar

En un escenario tan negro lo único bueno es que cualquier cosa que se haga, por escasa que sea, será para mejorar

ZAMORA. MANIFESTACION POR FISCALIDAD DIFERENCIADA JOSE LUIS FERNANDEZ

Los datos que revela la revisión decenal del censo de población y viviendas que realiza el Instituto Nacional de Estadística son tan terroríficos en el caso de Zamora que nos asustan incluso a quienes hemos tratado el asunto en casi una veintena de columnas a lo largo de los últimos quince años.

El talón de Aquiles estadístico para Zamora es el de la pérdida de población. En sus cifras se sintetizan todos los grandes males que nos aquejan. No tener costa marítima es un hándicap en el país del turismo de sol, pero ninguna otra de las cincuenta provincias españolas se aproxima siquiera a la pérdida de habitantes que sangra a la nuestra. De 191.000 a menos de 170.000. Una década, veintidós mil menos. El doce por ciento.

En la aceleración que lleva a esa debacle confluye el envejecimiento de nuestra población. Zamora con 51,06 años de media (el 31% supera los 65 años) es la provincia más envejecida de España, seguida por Orense (50,97) y Lugo ( 50,14 ), lo que va a conllevar que el ritmo de caída se acreciente trágicamente en los próximos diez y veinte años. Confluye también ser la provincia de España con menor tasa de natalidad. En 2021 por cada mil habitantes solo 4,2 nacimientos, el peor dato de las cuatro únicas provincias que no alcanzan los 5 nacimientos por mil habitantes, Orense, Asturias y Lugo nos siguen con datos ligeramente mejores. Por cada diez zamoranos nacidos, fallecieron 37.

Nada surtirá efectos importantes si desde los gobiernos central y autonómico no deja de ningunearse a Zamora y si nuestros políticos provinciales pasan de la foto y el lloriqueo al trabajo, la planificación de proyectos y propuestas

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Confluye que solo detrás de Orense y Asturias, Zamora sea la tercera provincia de España con menor tasa de actividad, 50,19% lo cual da clara muestra de la inexistencia de un tejido productivo fuerte y competitivo que cree riqueza y genere empleo. Certeza que se refuerza con el hecho de que la franja mayoritaria de los trabajadores por cuenta ajena sean de cualificación baja o media y que casi uno de cada tres zamoranos dados de alta en la Seguridad Social lo sean como autónomos. Es decir, alto nivel de precariedad y bajos ingresos en una economía básicamente de subsistencia. El vamos tirando hasta que muramos del todo.

En un escenario tan negro lo único bueno es que cualquier cosa que se haga, por escasa que sea, será para mejorar. Así debe ser recibida la tramitación y aprobación en el parlamento de la Ley de Institucionalización de la Evaluación de Políticas Públicas que, al menos en teoría, obligará a que todas las decisiones políticas de gestión e inversión deban pasarse por el cedazo del reto demográfico y tener en cuenta los desequilibrios existentes, aunque el que hace la ley suele hacer la trampa. También que la Unión Europea, aún tímidamente, pretenda reforzar el desarrollo de las zonas transfronterizas, lo que abarca a todo el oeste provincial, precisamente el más castigado. Pero nada de eso surtirá efectos importantes si desde los gobiernos central y autonómico no deja de ningunearse a Zamora y si nuestros políticos provinciales y sus partidos no pasan del lloriqueo ante la prensa y las fotos ridículas en ventanillas o manifestaciones apresuradas y sin contenido, al trabajo, la planificación de proyectos y propuestas y a plantarse antes sus jefes y jefecillos a cambio de mantener foco, puesto y sueldo.

www.elespejodetinta.com

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