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Los mayores, un activo de la sociedad zamorana

Graduados de la Universidad de la Experiencia de Zamora, en el Campus Viriato con sus becas y diplomas en mayo de 2022. Cedida

Zamora es, hoy por hoy, la provincia más envejecida de España y, de acuerdo con las proyecciones realizadas por Eurostat, lo será de toda Europa en 2040, cuando la media de edad de sus habitantes superará los 60 años. Esta realidad es percibida, mayoritariamente como algo negativo, porque no se tienen en cuenta otros factores que dibujan una sociedad muy diferente a la que venimos conociendo.

Hay cambios que ya se aprecian y otros que se anuncian: el mero hecho de políticas que alargan la edad de jubilación y, por tanto, de cotización, no solo responden a la urgente necesidad de llenar la maltrecha hucha de las pensiones cuando está a punto de desembarcar en el final de la vida laboral la que fue, en su día, la generación del baby-boom, nacidos en las décadas de los 60 del pasado siglo. También se debe a una nueva percepción del concepto de envejecimiento, basada en una mayor longevidad que alarga la etapa más vital de las personas, también la laboral.

La Organización Mundial de la Salud cuenta con que en 2025 sean ya más de mil millones los habitantes del planeta que rebasen la sesentena. La esperanza de vida supera los 80 años. La mayor longevidad es uno de los mayores logros alcanzados como sociedad y, al mismo tiempo, supone un reto crucial tanto para el sistema sanitario como el social, que deben estar preparados para afrontar el cambio demográfico que incluye prestar más atención al envejecimiento activo y a la salud emocional de las personas mayores.

En esa nueva sociedad, sin embargo, se agrava cada vez más una “pandemia silenciosa” que se percibe, de manera especial, en el colectivo de más edad. La soledad no deseada se ha convertido en el primer problema de los jubilados y jubiladas, agudizado cuando aparecen patologías asociadas al envejecimiento que merman sus capacidades motoras o sensoriales.

Envejecer es percibido, mayoritariamente, como algo negativo, porque no se tienen en cuenta otros factores que dibujan una sociedad muy diferente a la que venimos conociendo.

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Esa soledad no deseada afecta a una de cada cuatro personas en los países industrializados. El COVID-19 ha exacerbado el temor a envejecer sin compañía. Los casos de muertes en solitario han dejado de ser un suceso exclusivo de las grandes ciudades. En Zamora también ocurren. Los mayores solos constituyen una población vulnerable en salud mental y, muy a menudo, el aislamiento conduce a situaciones irreversibles como el suicidio. Los expertos calculan que uno de cada cuatro personas del denominado “primer mundo” padecen soledad no deseada.

Ni siquiera los núcleos rurales, cada vez más deshabitados, son capaces de sostener ese tejido social y de convivencia que tenía su máxima expresión en la misa, porque cada vez hay menos párrocos, en el bar, porque la despoblación obliga a cerrar negocios en los pueblos, o en las tertulias a las solanas, cada vez más escasas. Los hogares unipersonales se han multiplicado con respecto a hace 50 años. Solo en Zamora el INE calcula que 24.000 personas viven solas, muchas de ellas tras haber perdido a sus parejas por viudedad o por divorcio y separaciones.

En Zamora se reclama, con razón, dentro del déficit de atención sanitaria, las consultas de pediatras. Con una realidad demográfica como la descrita sorprende que no se demanden geriatras y otros especialistas, además de una Atención Primaria donde el médico, y la enfermera, sobre todo, se convierten en los centinelas de primera línea para prevenir situaciones de sufrimiento.

Justamente, la Escuela de Enfermería de Zamora forma parte activa de un nuevo proyecto contra la soledad no deseada, con el aval del Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CNIE), que pretende identificar necesidades y, con ellas, soluciones, entre los mayores de 65 años que se sientan solos. Para muchos de ellos, la soledad es un problema grave o muy grave que se ceba más en las mujeres y en aquellos con menor nivel educativo. La resignación y la aceptación suelen ser las modestas y, muy a menudo, inútiles armas con las que luchan contra su vulnerabilidad.

Llega otra generación que no ve en la jubilación el final de su vida activa, sino el principio de otra que, a diferencia de la laboral, puede elegir y que contribuirá a la creación de nuevas sinergias

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La soledad no deseada sobrevoló también muchas de las intervenciones de la cuarta edición del Congreso Silver Economy celebrado hace una semana. Los datos de Cruz Roja hablan de 1.200 personas en Zamora “invisibles” por esa situación. Y todos coincidieron en la importancia de ese tejido social que puede apoyarse en la tecnología, aunque no solo, puesto que existe un porcentaje aún demasiado alto de personas mayores que no está formado como usuario. La relación personal suele ser la más efectiva y sus buenos resultados pueden apreciarse en las cada vez más activas asociaciones y colectivos de los pueblos y ciudades de la provincia.

Y quizá ese resurgir venga de la mano de ese cambio generacional mencionado al principio. Un cambio definitivo al tratarse de una generación con más formación y, muy importante, una cultura del ocio radicalmente distinta. Que no ve en la jubilación el final de su vida activa, sino el principio de otra que, a diferencia de la laboral, puede elegir. De ahí el auge, por ejemplo, de la Universidad de la Experiencia que en la capital zamorana cuenta con más de 200 matriculados, y cuya actividad se ha extendido a Benavente, Toro y Puebla de Sanabria.

Mayores que, además de seguir adquiriendo conocimientos que en su día no pudieron por motivos diversos, crean lugares de intercambio, sinergias en un colectivo de edad cada vez más mayoritario y que no necesariamente debe identificarse con decrepitud o lastre para la sociedad, sino todo lo contrario.

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