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Domingo García Fuentes.

San Martín de Castañeda, su historia

Uno de los pueblos de Zamora que destaca por su belleza natural

SANABRIA NIEVE NEVADA Aspecto que presentaba el pueblo de San Martín de Castañeda, cubierto por la nieve. SARA SAN ROMÁN

Por el año 54 (con 15 años) empecé a conocer la comarca de Sanabria. Pertenecía, como 30 ó 40 jóvenes más, a la Escuela de Montaña de la Organización Juvenil Española. Algunos fines de semana y en vacaciones los pasábamos aprendiendo a esquiar y haciendo rutas de montaña por Chanos, Laguna de los Peces hasta llegar a Peña Trevinca. Nuestro lugar de partida siempre era el Albergue de San Martín.

Cuando vas de Zamora por la carretera de Puebla y dejas la carretera que lleva al lago y te acercas a San Martin, todo es belleza natural. La altitud, el paisaje frondoso de vegetación, la vista del lago…. La subida a San Martín en coche no llega a 15 minutos. En invierno, y si ha nevado, el pueblo presenta un paisaje de postal de Navidad. ¡San Martín de Castañeda! Con su historia, tan contada y tan leída… Las campanas que se oyen tocar en el fondo del lago la noche de San Juan. Los monjes que habitaban el monasterio cisterciense, el derecho a la pesca del lago y eran dueños de todos los terrenos del entorno. Hoy el monasterio es museo y la iglesia de estilo románico es parroquia del pueblo.

En invierno, y si ha nevado, el pueblo presenta un paisaje de postal de Navidad. ¡San Martín de Castañeda! Con su historia, tan contada y tan leída…

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En este artículo quiero hacer un esfuerzo y no silenciar el nombre de personas que compartieron conmigo el deporte en aquellos tiempos: Luis Gil, Secundino, Amador, Guti…y como no acordarme de Manolo Bello, fundador de la Escuela de Montaña y muchas mas cosas. ¡Las gentes de San Martín! El señor Julio y su señora Bernarda. Él era el alcalde del pueblo y lo cuidaba como si fuera los años de la posguerra. La señora Bernarda ha sido la única persona que a mi hija Mari Carmen hizo creer que el conejo era pollo una vez guisado y así se lo comía. El bueno de Peneque y su esposa ¿María? eran los cuidadores del albergue. Otro personaje entrañable era Federico, el gaitero de San Martín. Venía a tocar su gaita por las fiestas de San Pedro. Yo llegué a tener buena amistad con él. Era un personaje muy típico, enamorado de su gaita que él llamaba La Herramienta, su mujer Josefa y su casita de San Martín que me enseñó. La casa ¿Qué tenía de especial? Al final del pueblo, subiendo una pequeña cuesta, ahí está. Tiene una fachada grande y muy floreada, con unas letras muy grandes que dice: “Aquí vive Federico el gaitero y su mujer”. Esa era la casa de Federico hace 50 años.

La Agrupación Montañera Zamorana, un ejemplo de buena asociación. Muchos socios, muy activos y solidarios. A nosotros nos invitaron varias veces para hacer alguna ruta. ¡Y con que esmero nos trataban! Nos llamaban ¨los montañeros azules¨. Alli, en plena Sierra Segundera oír cantar de la voz prodigiosa de Chiquilín “La Donna e mobile”. todo un espectáculo en voz, compañía y entorno.

En el año 1959, en sus primeros días de enero, estábamos unos chicos de Zamora haciendo el curso de esquí en San Martín. El día 5, reunidos los responsables del curso, se decidió que, al ser la noche de Reyes, podías hacer una cabalgata para los niños de San Martín y para el pueblo en general. A todos nos pareció una idea fantástica. Esa misma mañana se fue a Puebla y se compraron unas bolsas de caramelos, velas para simular antorchas, etc. Por la tarde se improvisaron los Reyes Magos (a mí me todo hacer de Baltasar) y con toda la imaginación que se quiera se organizó la cabalgata sin faltar detalle. A las 10 de la noche estaba previsto la salida del albergue camino de San Martín a la casa del alcalde donde sería la recepción a los Reyes Magos. En toda esta movida colaboraron muy cerca Peneque y su mujer ¿María? y tanto vivió la mujer ese momento que Peneque le dijo: “María, que esto no es de verdad, que es un “semolacro”. ¡El semolacro de Peneque y su señora! Hubo caramelos y algunas cosas más para los niños del pueblo. ¡Noche mágica en San Martín por los años 50!

Alrededor del lago y del propio San Martín han surgido leyendas, historias de lobos y maquis que estaban escondidos en la sierra. Leyendas en una palabra o verdades a medias y muchas veces mentiras sin más, y pensando en estas historias quiero contar una que un profesor de un instituto nos contó. Este profesor era muy aficionado a estos relatos y así nos lo contó: se trata de visita al Albergue de San Martín de Castañeda el 22 de octubre de 1930 por el propio Rey Alfonso XIII. En la Zamora de aquella época había en la capital un personaje muy peculiar y querido por todos, tanto a él como a su familia. Era César, de apellido Bobo. Era alto, bien vestido y muy educado. Siempre llevaba en las manos unos guantes de piel y todo el mundo le respetaba. Previniendo la familia que, si se enteraba que el Rey estaba el 22 de octubre en San Martín, como cautela y para que no se enterara, optaron por que ese día César no saliera de casa. Pero Cesar, que era muy listo, vaya si se enteró y se las arregló para escapar de casa. Cogió un taxi desde Zamora y orden de Cesar: “A San Martín de Castañeda”. En plena recepción apareció Cesar y apartando a todas las autoridades cogió del brazo al Rey y le dijo: “Por aquí Alfonso”. ¿De novela?......No lo sé, pero así nos lo comentó nuestro profesor Don Víctor.

Hace unos días me llamó por teléfono mi cuñado Jesús, de Valencia, y me dijo que había estado hablando con un amigo mío que había leído todos mis artículos y les gusto mucho. Yo me imaginé que serías tú, amigo Andrés. La última vez que nos vimos en Zamora creo que fue en Villafáfila en el entierro de nuestro amigo Nano. Yo ya llevo seis años en Castellón. Tú, Andrés, siempre apuntaste alto. Fuiste profesor, banquero y luego primera autoridad en Zamora, alternando como senador en representación de los zamoranos. Valías mucho y lo demostrabas. Acuérdate de nuestras correrías desde Santiago a Vigo por los años 58 o 59. Tú casi siempre llegabas tarde y me decías: “Domingo, eres mi mano derecha”.

En el verano de 1979 fue completo para mi familia. Alquilamos una casita en San Martín y pasamos allí el mes de agosto. Alternábamos mucho con un aparamento que tiene mi hermano en Cubelo, en la playa del lago y de regreso a San Martín. Uno de los días pensamos hacer una excursión por la sierra y que los niños y mi mujer Paquita conocieran las Lagunas de los peces, Chanos sin nieve, etc. Andando llegamos a Peñatrevinca ¡Qué disgusto me llevé! La cruz de piedra que habían construido nuestros mayores para todos los hombres de buena voluntad (la mayoría de la Agrupación Montañera Zamorana) estaba en el suelo. La habían tirado y destrozado. Esa cruz la habían construido muchos zamoranos con sus manos, su dinero y su sacrificio en el lugar mas alto de la provincia de Zamora.

Acabado el mes de agosto, regresamos a Valencia, pero llevado por la morriña, le mandé un artículo al director de El Correo de Zamora que era en aquella época Sixto Robles. No sólo la publicó, sino que me mandó una carta personal que aún conservo.

Voy llegando al final y, como decía al principio, este artículo es muy personal y distinto a los anteriores.

Mi última palabra se la dedico a mi sobrino Raúl que con tanta paciencia cada vez que salía un artículo mío en nuestro periódico, ya lo estaba mandando a Valencia, Castellón, La Coruña. . Gracias Raúl.

Un abrazo.

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