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Carmen Ferreras

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Prometer y no dar

Díaz y el ministro de Consumo Garzón, son tal para cual

Yolanda Díaz y Alberto Garzón Alejandro Martínez Vélez

Un viejo y conocido refrán recuerda: “Prometer y no dar, no descompone casa”. Se lo aplico directamente a la ministra Yolanda Díaz quien, una vez más, nos ha vendido humo. Dos meses después de la que fue una de las que estaban llamadas a ser propuestas estrella del ala más radical del Gobierno: el tope a los precios de los alimentos básicos, se ha quedado en agua de borrajas. Ni se la menciona. Se le ha echado encima una capa de olvido. Cuan fácil le resulta a esta gente vender humo y hacerlo en medio de alharacas verbales, rodeados de gente de su cuerda que se creen a pies juntillas todas las mentiras que nos cuentan.

Recuerdo que fue a principios del pasado septiembre cuando Yolanda Díaz lanzó la brillante idea de topar el precio de los alimentos básicos para ayudar a las familias a combatir los efectos de la inflación. La noticia fue recibida con alborozo. Sólo que ni siquiera era una propuesta y mucho menos una noticia. Recuerdo también que como los virus, la idea fue mutando con el paseo de los días hasta quedar reducida a una especie de presión a las compañías de distribución para que pusieran a la venta una cesta de la compra de calidad con productos básicos “que faciliten una alimentación sana” a precios asequibles. Hicieron un caso nulo. Como el que oye llover y está cómodamente guarecido.

Los ciudadanos seguimos haciendo milagros para llegar a fin de mes, y, sobre todo, cuando accedemos al súper donde los precios están disparados

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Díaz y el ministro de Consumo Garzón, son tal para cual. Mantuvieron una reunión con las principales patronales del sector y la conclusión fue que de aquello no salió nada en claro. Si acaso, el compromiso verbal de seguir reuniéndose para seguir hablando, bla, bla, bla. Pero es que ni siquiera eso. No se han vuelto a ver y mucho menos hablar. No hay negociación alguna al respecto. Los ciudadanos seguimos haciendo milagros para llegar a fin de mes, y, sobre todo, cuando accedemos al súper donde los precios están disparados. ¡Vergüenza debería darles! Con la incomodidad que, encima, algunos de estos establecimientos causan a los vecinos, con sus olores, sus ruidos y demás.

A lo mejor, algún día, quién sabe, con la pertinente seriedad y compromiso, se retoman las conversaciones y se llega a una solución. Permítame dudarlo. Es lo que pasa cuando se vende humo. El ala más a la izquierda del Gobierno debe saber que cuando se promete una medida, del tipo que sea, hay que cumplir la promesa. Encima, alcanzar algún tipo de pacto de precios puede ser una ilegalidad de la que también ha advertido la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. No saben nada.

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