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La economía circular, la sostenibilidad y la suficiencia

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“Dios perdona siempre, los hombres a veces y la naturaleza nunca”.

Teniendo en consideración que el espacio para la columna es limitado, voy a hacer un esfuerzo para tratar de compaginar la brevedad con la claridad, lo cual no es fácil, pero para ello hemos de acudir a la capacidad de síntesis, tan necesaria para la exposición y comprensión de los temas.

Hemos de poner de manifiesto, a grandes rasgos, que la economía circular nace para hacer frente a la economía lineal, basada en el derroche consumista que sobreexplota los recursos naturales.

Recuerdo que en el mes de octubre del año 2015, escribí una columna sobre “La encíclica Laudatio sí”, del papa Francisco, sobre el mantenimiento de “nuestra casa común”, que siete años después, me ha motivado a escribir estas líneas, pues, pese a la petición del papa Francisco, sobre la conservación de la naturaleza, parece ser, no ha surtido mucho efecto a la vista de los acontecimientos.

La realidad nos pone de manifiesto que seguimos consumiendo sin límite, derrochando agua, energía y materias primas, con el consiguiente coste ambiental que ello implica.

La economía circular al contario que la economía lineal, es según los especialista en la materia, “un modelo de producción y consumo” que implica compartir, reutilizar, reparar, renovar y reciclar los materiales y productos existentes siempre que sea posible para generar valor añadido, con la finalidad de alargar el ciclo de vida de los productos.

Recuerdo que hace unos meses me publicaron en La Opinión-El Correo de Zamora, una columna titulada “La reparabilidad” donde ponía de manifiesto la necesidad de seguir utilizando por ejemplo los electrodomésticos, y rechazar cualquier tipo de manifestación de que debe comprarse uno nuevo, le resultará mejor que repararlo, muy gracioso...

Si la economía en términos sencillos puede definirse como la ciencia de la escasez y en los momentos actuales una de las causas y motivo principal para aplicar en nuestra vida diaria, la economía circular es evidente, ante el incremento sin límite del consumo de materias primas y la escasez de recursos, lo que ocasiona que las materias se estén agotando, ante una demanda sin límite.

Si a lo expuesto anteriormente le unimos el efecto del clima, nos encontramos ante una tormenta perfecta, permítaseme la expresión.

Es evidente que, como han anunciado reconocidos especialistas, “no puede haber ni en la economía ni en la vida de las personas, ninguna intervención en la naturaleza completamente libre de impactos”.

Los requerimientos de austeridad se dirigen a los mayores consumidores, esto es, a los habitantes de las naciones industrializadas, pero el exceso de consumo ha llegado a muchos sectores, que en el momento presente tienen dificultades para llegar a fin de mes, y ello es muy preocupante, porque son consumidores compulsivos.

Hemos de aplicar el principio “De nada en demasía” esto es, poner en relación esta sabiduría antigua con la ecología.

Hasta fechas relativamente recientes se nos ha educado en la austeridad en el consumo, pero actualmente la modernidad, como bien podemos apreciar, tiene como ideas rectoras de comportamiento, más, mayor, más deprisa, más lejos, el aquí y ahora, etc..

Tomemos nota y apliquemos la economía circular, y créanme que podemos vivir con menos, porque la suficiencia permite un mejor equilibrio del bienestar. El bienestar puede definirse como un compuesto de tres elementos: riqueza de bienes, riqueza de tiempo y riqueza relacional.

No podemos dañar a la naturaleza, pues, no todo es dulzura.

“Cuando se desencadena esta destrucción de la naturaleza es muy difícil detenerla”, explicaba el Santo Padre. Entonces, ¿cuál debe ser nuestra relación con la naturaleza, para que ésta sea clemente? El respeto y el cuidado deben ser la máxima que rija siempre cualquier interacción humana con la biodiversidad que se nos ha dado.

Cierro estas líneas con un refrán: Obras son amores y no buenas razones.

Pedro Bécares de Lera

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