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Luis Miguel de Dios

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Las barbas del vecino

De Gran Bretaña nos llega un aviso muy serio sobre la polémica bajada de impuestos

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (derecha) Salvador Sas

Les imagino enterados del follón que tienen montado en el Reino Unido los “tories”, el PP de allí. Los propios conservadores británicos se están cargando a sus primeros ministros. La última, Liz Truss, les ha durado mes y medio. A la pobre no le ha dado tiempo más que para enterrar a la reina Isabel II y para organizar un lío que ha acabado por obligarla a dimitir tras perder la confianza de sus correligionarios. Difícil de entender en una democracia tan firme como la de los súbditos de Carlos III, pero así están las cosas, especialmente desde el Brexit y sus consecuencias. Quizás ahí, en el Brexit, resida el origen de todo. Y el tiempo no ha curado aquel problema de la ruptura con Europa, sino que lo ha agravado. Y tal vez la mejor prueba sea que, desde entonces, llevan cuatro primeros ministros, todos ellos conservadores, y van por el quinto. Y eso que ganaron con mayoría absoluta las elecciones del 2019 y pusieron a un tal Boris Johnson, que parecía la panacea universal y el paladín y adalid del retorno del gran imperio de su Graciosa Majestad. Pero las mentiras, esas en las que basó Johnson su trafullera estrategia, tienen las patas cortas. Ya lo dice el refrán.

Y hablando de refranes, hay otro que puede venir al pelo entre lo que sucede en Londres y lo que puede pasar aquí. Me refiero al que dice: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. A Liz Truss, sucesora del repeinado Boris, se la ha cargado su anuncio, e intento de aplicación, de una fortísima rebaja de impuestos que iba a beneficiar a los más ricos. Ya saben la teoría ultra liberal. Consiste en asegurar (otra cosa es estar convencido de ello) que si se bajan impuestos, llega más dinero al bolsillo del contribuyente, éste gasta más, se reactiva la economía, se crea empleo, se recauda más y así sucesivamente hasta llegar a ser felices y comer perdices (con el permiso de ecologistas de garrafa, animalistas de despacho, veganos irredentos y demás fauna española en ascenso). Todo perfecto. Ya se inventó en el XIX cuando se acuñó aquel lema de “Dejad hacer, dejad pasar, el mundo va bien por sí mismo”. Si se hubiese aplicado hasta hoy, ¿conoceríamos el Estado del Bienestar?

¿Cómo se pueden mantener servicios, inversiones, gastos en seguridad, Sanidad, Educación, pensiones, etc si no se recaudan impuestos?

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Pues bien, Liz Truss intentó resucitar aquella filosofía político-económica de hace siglo y pico. No engañó a nadie. Iba en el programa con el que ganó las primarias de los “tories”. Y nombró un ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, que era aun más papista que el papa, o sea más rebajador de impuestos que la propia primera ministra. Y fue lanzar la susodicha rebaja, valorada en unos 60.000 millones de euros, y hundirse la libra esterlina y, por tanto, la economía británica. Días de angustia, de nervios, de miedo, de graves divisiones internas en el partido conservador… Y la señora Truss que se cargó a don Kwasi para sustituirla por Jeremy Hunt, mucho más moderado. Tanto que retiró la medida y como si no hubiera pasado nada. Pero sí había pasado. Aunque la libra se recuperó y la economía tomó algo de aire, Truss estaba tan tocada que tuvo que decir adiós. Casi seguro que mañana sabremos quién la sustituye.

Y es posible que sepamos también si el PP es capaz de la cuadratura del círculo sin que el señor Feijóo se ponga colorado. Los populares españoles se deshicieron en elogios hacia la medida anunciada por Liz Truss. Encajaba como un guante en sus deseos y peticiones de bajada de impuestos (lo único que se conoce de su programa económico) y en lo ya decidido por Moreno Bonilla en Andalucía. Y si Gran Bretaña, con lo listos y avanzados que son, lo ponían en marcha, aquí no íbamos a ser menos; ya sabíamos el camino a seguir. Nos aplaudiría todo el mundo, empezando por los grandes organismos económicos y financieros. Pues, va a ser que no. El Fondo Monetario Internacional (FMI), varios bancos centrales, autoridades económicas criticaron las medidas de Truss y auguraron un desastre para el Reino Unido si esas medidas se mantenían.

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué dicen ahora en el PP. De ahí lo de la cuadratura del círculo. ¿Cómo compaginar los elogios iniciales a doña Liz con el fiasco posterior?, ¿cómo mantener erre que erre la oferta electoral de bajar impuestos a la vista de lo sucedido en Gran Bretaña?, ¿cómo insistir en que esos descensos, casi indiscriminados, favorecen y alientan la economía si el propio FMI y el Banco Central Europeo están advirtiendo de lo contrario?, ¿cómo se pueden mantener servicios, inversiones, gastos en seguridad, Sanidad, Educación, pensiones, etc si no se recaudan impuestos? Óigame, cuadrando el círculo. O mejor, poniendo las barbas a remojar.

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