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Zamora ya no aguanta más “parches” y exige planificación ambiental

ZAMORA. ESTADO EMBALSE RICOBAYO JOSE LUIS FERNANDEZ

Zamora salió ayer a la calle en manifestación por los desembalses de la cuenca del Duero en cumplimiento del convenio internacional con Portugal. La protesta se mantuvo, e incluso elevó el tono, pese a que 72 horas antes el trasvase se daba por finalizado sin cumplir el 100% de lo pactado entre ambos países y en medio del creciente malestar, sobre todo, entre los regantes y empresarios afectados por los bajos niveles de las presas, raquíticos tras la salida de 400 hectómetros cúbicos de la cuenca del Duero ordenada por la Confederación Hidrográfica.

De hecho, las primeras manifestaciones en León a principio de semana ya concentraron a 2.500 personas que amenazaron con cerrar las puertas de los embalses de la provincia vecina para evitar la salida del caudal.

La sequía ha perseguido de forma inmisericorde este año a la producción agrícola. Mermó la del cereal y la de regadío ha sido también dramática. Malas cosechas en tiempos de escasez por el contexto internacional, que en nada ayudan a paralizar la escalada de materias primas, arruinando explotaciones agropecuarias y obligando a los consumidores a hacer frente a una escalada de precios que, aunque no compensen al productor en origen, sigue repercutiendo gravemente en los compradores finales.

El desembalse ha terminado de colmar la paciencia de una Zamora rural que ha vivido el peor verano en muchas décadas y que ya no se resigna a esa ausencia de planificación, cuando no al ninguneo directo

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Quien pueda pensar que, detenido el trasvase, se acabó el problema, puede acercarse a comprobar “in situ” el paisaje desértico que ofrecen los grandes embalses de la provincia como Ricobayo y Almendra. Ricobayo ha quedado al 18% de su capacidad tras el desembalse. La previsión era que quedara al 16%. En Almendra han tenido que realizar obras de urgencia para que la comarca zamorana de Sayago pudiera captar agua para uso doméstico.

Los afectados se quejan de un mal del que adolece de forma endémica buena parte de todas las administraciones públicas españolas: ausencia total de planificación y política de “a salto de mata”. Resulta evidente que España está obligada a cumplir la legislación y los acuerdos internacionales, pero esas “condiciones de excepción” que se han aplicado a última hora eran más que evidentes desde meses atrás. La sensación es que se ha obrado como en el antiguo Egipto a la espera de la crecida del Nilo y se ha continuado obrando con arreglo a un convenio de hace 14 años, un periodo en el que los problemas de cambio climático se han agravado de forma alarmante.

Pero en la protesta del sábado confluyen otros factores que son los que acaban dando la sensación de “tomadura de pelo” de la que hablan los alcaldes de los ayuntamientos ribereños. El problema del agua en Zamora, potencia hidroeléctrica, viene de lejos y tiene otro de sus pilares asentados en esa falta de sensibilidad hacia los orígenes de producción, que no se rentabilizan o se rentabilizan poco.

Existe en la provincia una sobreexplotación de acuíferos que acaba traduciéndose en contaminación y en pueblos abastecidos por camiones cisterna. Las masas de agua y los ecosistemas de las que forman parte sufren consecuencias devastadoras. El agua es un bien cada vez más escaso y su consumo debe ser regulado y perseguido su mal uso.

No será fácil encontrar el equilibrio. El Plan Hidrológico del Duero para el 2022-2027 que tramita el Ministerio de Transición Ecológica fue elevado esta primavera por la Confederación Hidrográfica del Duero con el rechazo absoluto de la Junta de Castilla y León y de todo el sector agropecuario.

El desembalse ha terminado de colmar la paciencia de una Zamora rural que ha vivido el peor verano en muchas décadas y que ya no se resigna a esa ausencia de planificación, cuando no al ninguneo directo.

Es la misma sensación que en julio pasado sacó a más de 4.500 zamoranos a la calle, tras ver arder 60.000 hectáreas en la Sierra de la Culebra en un terrible incendio que reunió lo peor de las condiciones naturales con la nula planificación en un episodio de absoluta excepción histórica en la climatología, igualmente con previo aviso de los técnicos expertos. Y tras el desastre llega la pretendida solución con un acuerdo con los agentes sociales que dobla la asignación de la Consejería de Medio Ambiente al colectivo antiincendios. La pregunta es no solo si la dotación es suficiente, sino si responde a un cambio absoluto de la política forestal en la provincia, que es lo que se demandaba.

Si, además de las necesarias ayudas para quien lo ha perdido todo, se implementará un plan que impida que se repita la tragedia que costó tres vidas, el futuro de miles de personas y una pérdida medioambiental histórica.

Porque lo que se demanda en esa Zamora que ya no se calla son actuaciones, planificación que elimine incertidumbre y un trato digno a los afectados que son todos los zamoranos. Los parches, lejos de solucionar los graves problemas ambientales, solo consiguen irritar aún más a una ciudadanía definitivamente harta. Y por eso sale a la calle y protesta.

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