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Carmen Ferreras

Zamoreando

Carmen Ferreras

Cara de narices

Conozco hogares en los que sólo se come pan los domingos

Panes IAN LANGSDON

Así está la vida en Zamora, cara de narices. Y al hablar de la vida me refiero a todo lo que la rodea, cesta de la compra incluida por mucho que se diga, rumoree y comente que es mas barata que en el resto de la región. ¡Y un cuerno! La OCU que diga lo que quiera, el bolsillo de los zamoranos es el único que grita la verdad. No hay nada barato. No hay nada asequible. No hay nada al alcance de los monederos modestos.

No hay más que fijarse en el textil. La ropa de otoño-invierno ha llegado con un subidón insoportable. Cualquier cosina de nada, si es un poco mona y con cierta calidad de los doscientos euros no baja. Menos mal que siempre nos quedará el mercadillo. Hay quienes prefieren los bazares chinos donde dicen comprar muy bien. Para gustos se hicieron los colores. Lo cierto es que vestir y calzar un poco bien, sale por un pico.

En lo tocante al pan nuestro de cada día, todo o casi todo está prohibitivo. Los supermercados se han puesto a los consumidores por montera y constantemente nos ofrecen lentejas, si quieres las comes y si no las dejas. Las comes a buen precio, si te alcanza, y encima los envases se han reducido notablemente. Vergüenza debería darles. No se han cortado un pelo a la hora de pasarles la tijera. Algunos han cambiado los formatos reduciendo notablemente el contenido y así sucesivamente. Son unos listos. Tengo ideas para bajarles los humos, sólo que algunas las veo de difícil aplicación.

No sé qué va a ser de nosotros como este crescendo imparable siga el curso que lleva. No nos va a llegar el sueldo. Ya ni propinas se pueden dar en las peluquerías. Bueno, como poder, se puede, solo que al monedero no le conviene. A la subida de los alimentos en general y de algunos en particular, el Gobierno está en la obligación de ponerles freno. Algo tiene que hacer, si quiera cara a los ciudadanos, para que veamos que se preocupa por nosotros, aunque sea de boquilla. Pero es que, ni eso.

Conozco a mogollón de gente que se ha impuesto una dieta rigurosa. Gente que ha dejado de comprar pan y otros alimentos que, según ellos engordan, pero no es así, lo que pasa que cada cual se hace su composición de lugar y obra en consecuencia. Conozco hogares en los que sólo se come pan los domingos. Ya empezamos. Como antaño maría castaño, cuando la paella era propia de los festivos.

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