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Luis Miguel de Dios

Buena jera

Luis Miguel de Dios

Mal ejemplo, señorías, muy malo

Los insultos y broncas en las Cortes regionales son una alarmante y pésima noticia

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El vicepresidente de la Junta y líder regional de Vox, Juan García-Gallardo, llamó “imbécil” y, más tarde “presunto delincuente” a su antecesor en el cargo y ahora procurador de Ciudadanos, Francisco Igea. Al día siguiente, el vicepresidente de las Cortes, Francisco Vázquez (PP), un hombre que lleva en cargos orgánicos e institucionales casi desde el Diluvio Universal, suspendió la sesión a la vista del follón que había; no sin antes decirle al secretario de la Mesa: “Estoy por suspender la sesión y la reanudamos por la tarde; que se jodan”. La suspensión duró apenas quince minutos, pero reflejó el ambiente que se vivía en el hemiciclo con continuas interrupciones y comentarios salidos de los escaños, especialmente, de Vox y PP, según señalan las crónicas periodísticas. Incluso de ahí procedían palabras como “gilipollas” y frases como “deja de hacer el ridículo” dirigidas a Pablo Fernández (Podemos), que estaba en el uso de la palabra al comenzar el follón.

Confieso que, cuando leí y oí las reseñas de estos incidentes, me vi desagradablemente sorprendido y un tanto estupefacto. Fueron muchos los años que hice información de los plenos de las Cortes (con algunos paréntesis, desde su inicio en 1983 hasta el 2008) y jamás fui testigo de algo similar, ni siquiera parecido. Hubo intervenciones fuertes, duras, críticas, pero nunca se llegó a las descalificaciones personales, a los denuestos barriobajeros. Tampoco recuerdo que tuviera que suspenderse ninguna sesión por interrupciones al orador o por comentarios en alto para molestar a quien intervenía. Asimismo, no se me ha olvidado que, muchísimas veces, los que se habían enfrentado verbalmente en el hemiciclo salían hablando tranquilamente por los pasillos para aclarar posturas o continuar la discusión. Debatían, discutían, pero con respeto, educación, buenas maneras; incluso, como sucedió en más de una ocasión, como inicio de cierta amistad personal.

No se puede convertir un órgano de tal importancia en un estercolero. Y no se puede tolerar que el presidente de esa cámara tire balones fuera y no amoneste a quien tenga que amonestar, sea del grupo que sea

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¿Qué ha cambiado ahora? Creo que no es difícil adivinarlo si uno se fija en la composición del Parlamento y de la Junta salidos de las elecciones de febrero. Es el único cambio sustancial. Y curiosamente, o no tanto, lo de “imbécil” y “presunto delincuente” salió de la boca de don Juan García-Gallardo, jefe de filas de Vox y nada menos que vicepresidente del Gobierno autónomo. Y al día siguiente, cuando la suspensión de la sesión por el guirigay que se había armado, las frases extemporáneas brotadas (¿o ya venían pensadas?) surgieron de las filas de Vox, a las que se unieron algunos del PP, mientras hablaba Pablo Fernández, de Podemos. ¿Es tan complicado escuchar al adversario político y luego refutarle?

Si uno no está de acuerdo con lo que dice, ¿no se le ocurre otra cosa que llamarle imbécil o gilipollas, o hacer todo lo posible para que no se le escuche o para que pierda el hilo de su intervención?, ¿para qué se inventaron los silencios y, si me apuran, el respeto, la moderación, la educación? Es muy llamativo que quienes van por la vida como “gentes de orden” y predican ese orden sean, precisamente, los que promueven el desorden, el alboroto, la bronca. ¿Con qué objetivo?, ¿quizás para que no se hable de otra cosa más que de los incidentes?, ¿tal vez para que el ciudadano de a pie piense, y diga, aquello de “todos son lo mismo”, se desentienda de la Política (con mayúsculas), sea, por consiguiente, más manipulable y quede a merced de populistas y vendedores de crecepelo?

En cualquier caso, lo vivido esta semana en las Cortes de Castilla y León es muy preocupante, alarmante. No se puede convertir un órgano de tal importancia (creador de leyes, control del Ejecutivo) en un estercolero de frases groseras y de actitudes más que impúdicas. Y no se puede tolerar que el presidente de esa cámara tire balones fuera y no amoneste a quien tenga que amonestar, sea del grupo que sea. Y aquí entra en juego una sospecha. El presidente, Carlos Pollán, es del mismo partido que Juan García-Gallardo y, hablemos claro, esta puesto ahí, con buen sueldo, por decisión de este último. ¿Cómo enfrentarse a él y recriminarle, aunque fuese un poquito, por mucho que hubiera llamado “imbécil” y “presunto delincuente” a Igea cuando éste estaba en el uso de la palabra. Ahora Igea ha pedido la dimisión de Pollán y amenaza con denunciarle por atacar su honor. Pollán ha compartido un tuit de David Hierro (Vox) en el que viene a recalcar lo de presunto delincuente, pese a que Igea fue absuelto en tal proceso judicial. De la absolución nada se dice.

Todo muy edificante.

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