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Bárbara Palmero

Bárbara Palmero

Ganadera, escritora y exalcaldesa de Prado

Yo acuso…

La España rural arde sin control y nuestros políticos no trabajan en buscar una solución porque las energéticas ya han proyectado sustituir pinos por aerogeneradores

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Ricardo Rubio - Europa Press

Yo acuso al Gobierno de la nación y a su máximo responsable, Pedro Sánchez. Quien, cariacontecido y sin corbata, culpabiliza de los incendios al cambio climático. Qué cráneo privilegiado está desperdiciando este país, en el que hasta los locos del manicomio saben que el cambio climático es inherente a la longeva vida de este planeta.

La diferencia radica en que el actual cambio climático, que dio comienzo en el siglo XIX con la revolución industrial, y que se ha recrudecido con el voraz consumismo del siglo anterior y lo que llevamos del actual, lo origina la codiciosa mano del hombre.

Ese nimio detalle se le olvida siempre al Zaratustra de la Moncloa.

Yo acuso al ministro de Agricultura, Luís Planas, que pese a ganarse el pan sin sudor y con el dinero del contribuyente, no está al servicio de agricultores y ganaderos. Sólo sigue órdenes del siniestro alfabeto de los cárteles de la comida: ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus y Glencore, las cinco corporaciones que manejan los hilos de la industria alimentaria mundial.

“Cargill genera conexiones en todo el sistema mundial de alimentos para ayudar al mundo a prosperar. Conectamos a los productores agrícolas con los mercados y a los clientes con soluciones sostenibles de nutrición, y nutrimos al mundo”, reza la bonita publicidad.

Lo que no se menciona por ninguna parte es que estas corporaciones se dedican a comprar y almacenar cereal, con vistas a especular, subir y bajar precios, hundir economías, arruinar a los campesinos y encaminar hacia una nueva hambruna a los condenados de la tierra.

Los españoles convivimos con casi 35 millones de cerdos macrogranjeros. En todo el país existen restricciones de agua para consumo humano, pero la consigna del agroministerio es la de convertir a España en una pocilga. Es el mejor negocio del mundo, las multas por contaminar las pagamos entre todos, pero las ganancias van a parar sólo a la industria.

Yo acuso a la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. ¿Transición eco-qué? Para cuándo una Ley que prohiba, en todo el territorio nacional, que las energéticas aprovechen el suelo rústico carbonizado por los incendios para llenarlo de placas solares y aerogeneradores.

Las casualidades no existen. No es una casualidad que este verano “alguien” esté incendiando la España de interior. Como tampoco es una casualidad que, desde hace tiempo los pocos valientes que aún la habitan, se hayan venido manifestando contra la imposición de las energéticas de expropiar los montes y los comunales, que son patrimonio de todos, para ponerlos a producir en beneficio del Ibex35 y sus eco-accionistas.

Al que no quiere caldo, dos tazas.

Yo acuso a la ministra de agenda 2030, Ione Belarra. Por delito de inacción. No hay que ser muy listo o excesivamente mal pensado para prever que, si otra lluvia de meteoritos no lo remedia, a medida que el calendario se vaya aproximando al año 2029, la única política activa de la rama verde de su ministerio se limitará a cambiar el nombre de la agenda 2030 por el de agenda 2040.

Yo acuso a Felipe González, responsable máximo de haber finiquitado el Instituto para la Conservación de la Naturaleza. Qué lástima que el insigne desnacionalizador no descubriera su pasión por los zarcillos y los colgantes pijibohemios en Suresnes. Las empresas nacionales seguirían en manos del pueblo español y no en las de los amigos de pupitre de nuestros expresidentes.

Como las casualidades siguen sin existir, fue disolver el ICONA, y empezar a arder todo el litoral español. Y fue arder todo el litoral español, y dar comienzo una recalificación salvaje del suelo rústico para declararlo como urbanizable y llenarlo de hoteles y apartahoteles y campos de golf y urbanizaciones de lujo para el turismo.

Yo acuso al presidente de la Junta, el señor Mañueco, por seguir empeñado en ignorar a todos los castellanos y leoneses, incluso a aquellos que le votaron. Y gobernar sólo en favor de empresas con sede en el paraíso fiscal de Madrid, porque así evitan pagar impuestos.

Al paraíso fiscal de Andorra van los anti españoles políticos catalanes. Y como el de Gibraltar sigue en manos sajonas, y además a los llanitos no se les entiende nada porque hablan raro, ni andaluz ni inglés, hemos creado un paraíso fiscal carpetovetónico, con olor a vermú y bocadillo de calamares.

A nuestro presidente no se le ha ocurrido mejor idea, que regalar el dinero del contribuyente a cualquier empresa que venga a revitalizar la economía de las áreas devastadas por el fuego. Esas mismas empresas que antes de los incendios del verano ya hacían cola a las puertas de la Junta, ávidas por rellenar la España vaciada con placas solares y aerogeneradores.

Plantas fotovoltaicas y aerogeneradores que acumulan energía, por lo que generan altas temperaturas en la zona. Un exceso de calor contraproducente que termina repercutiendo sobre los suelos en los que se instalan. Por cada pro siempre hay un contra. Las placas solares y los aerogeneradores erosionan y desertizan el terreno sobre el que se asientan, lo dejan inservible para cualquier uso agroforestal futuro.

Incendios, políticos, energéticas y miseria: los cuatro jinetes del apocalipsis.

Podría seguir acusando, en este país los políticos insensatos y sus insensateces son ilimitados, pero me he quedado sin espacio.

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