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Olimpio Pérez Castro

Eólicos: el momento de los alcaldes

La condena a la industria está asegurada por la incertidumbre y la carestía del suministro eléctrico, que provocará una agotadora falta de competitividad

Un cabrero pasea entre los molinos. LOZ

Un plan siniestro es impulsado por nuestro Gobierno. Está imponiendo un modelo energético de catástrofe para el futuro de España. Renuncia a todas las tendencias europeas en cuanto a fuente de energía eficientes (gas, nuclear, carbón) y condena al país a la precariedad, escasez y carestía, presentes y futuras, con un absurdo Plan Eólico y Fotovoltaico.

Apuesta por energías impredecibles y sin fiabilidad: ya se sabe que de noche la Solar Fotovoltaica produce “Cero” y con nubes pude quedarse en el 5% de la potencia instalada. Y la Eólica solo produce cuando el viento es ideal: con mucho, no, y con poco, tampoco. Ello nos obliga a comprar electricidad del exterior, habitualmente de Francia, costándonos carísima. Nos convierte en dependientes de la voluntad de terceros países. Y nos aboca a la segura escasez y al racionamiento.

La condena a la industria está asegurada por la incertidumbre y la carestía del suministro eléctrico, que provocará una agotadora falta de competitividad. Y la población se ve conducida a un empobrecimiento continuo, gota a gota, mes a mes, con tarifas brutales y una consecuente subida constante de precios y costos: desgastará a la clase trabajadora y a la clase media, anulando su capacidad de ahorro y garantizando su eliminación. Es un Plan traicionero, ensayado ya con desgraciado éxito en Venezuela y Argentina y ahora aplicado aquí por los agentes chavistas del gobierno de España conocidos por todos.

Este Plan Eólico y Solar sólo es posible si se entregan a las Eléctricas subvenciones de escándalo y se les garantiza un beneficio económico produzcan poco o mucho, lo que es también escandaloso. Tal saqueo de dinero público y privado se comprende con la imposición de ideologías foráneas y con el impresentable fenómeno de las Puertas Giratorias.

De paso, a sabiendas, van a destruir los mejores ecosistemas, los mejor conservados, arruinando el presente y el futuro de todas esas poblaciones rurales, las que llaman con desprecio “Territorios de Sacrificio”. A la vez, se ven usurpadas inmensas superficies comunales a cambio de un mísero alquiler. Pasan a pleno dominio de las empresas eléctricas, que pueden condicionar cualquier uso de ahora en adelante, incluso el acceso, o la explotación de recursos, como pueden ser las canteras.

También se oculta el inmediato empobrecimiento de los habitantes de esas comarcas rurales: toda propiedad, incluso viviendas, perderán drásticamente su valor hasta llegar a no tener ninguno. Nadie quiere propiedades rodeadas de eólicos, nadie quiere vivir allí. Naturalmente, no se crean puesto de trabajo locales, ya que la construcción se realiza con empresas especializadas- al igual que el mantenimiento- y la explotación se realiza a distancia, desde centros de comando que pueden estar en cualquier lejana ciudad. La pérdida de habitantes es segura y la triste despoblación total ocurrirá en breve plazo.

El rural está envejecido y débil. Lo saben. Hay poca gente. Lo saben bien. Hay pocas personas con coraje y fortaleza para oponerse y la situación laboral de algunos es precaria. Todo juega a favor de los mercenarios siniestros de las eólicas. Tienen la técnica muy depurada para comprar voluntades, ofreciendo dineros e incluso promesas de jornales en la fase de construcción. Explican a las Juntas Vecinales cómo mejorarían sus finanzas con ese dinero extra y esconden que están condenando a muerte a los pueblos y haciéndose dueños de sus territorios. Consideran fácil engañar a la gente.

También a su favor está la complicidad de los grandes partidos. Desde el Gobierno de PSOE y Podemos lanzan este Plan terrible, amoldan las leyes para facilitar su implantación, quitan cautelas ambientales y gestionan los parques de más de 50 Mw. El PP parece sentirse satisfecho con gestionar los parques de menos de 50 Mw; calla y ayuda. Esperan, quizás, sus cuotas de puertas giratorias y otras compensaciones por su colaboración. De Vox nada se sabe y ese silencio los delata. Así, es fácil que las cúpulas de los partidos fuercen la actitud de Alcaldes y pedáneos afines para que sean permisivos con las Elécticas.

A la par, desde los partidos más combativos de izquierda se amordaza a las grandes ONG`s ecologistas, que observan calladas con indignidad como se quiere arrasar con parques eólicos lo más puro y valioso de nuestras sierras y como se destroza la Red Natura. Y, también, como se condenan inmensas superficies al riego permanente con mortales herbicidas para dedicarlos a fotovoltaicos. La Cabrera, El Bierzo, O Courel, Os Ancares y tantos otros están sentenciados. A la vez, tales partidos “domestican” la actitud de los grupos de descontento locales, los van frenando, los conducen a protestas light e irrelevantes. Evitan toda manifestación y acaban neutralizándolos, venciéndolos. La izquierda y sus sindicatos, cómplices, reniegan de su capacidad de movilización. Las gentes de los pueblos están solas.

Pero es el momento de la valentía y del liderazgo para combatir esta catástrofe, para oponerse y decir no eólicos, aquí no. El último recurso de los pueblos es el compromiso sincero de sus dirigentes locales. Alcaldes y pedáneos fueron elegidos para proteger y mejorar a sus pueblos y conducirlos a un buen futuro. No pueden ahora fallarles y engañar a su gente. Por encima de todas las ofertas, imposiciones y disciplinas de partidos está el deber íntimo con sus vecinos y con sus familias. Los conocen a todos, les han votado y les han investido, depositando en ellos toda la confianza. No pueden traicionarles. La vida o la muerte de las comarcas está en juego. Por las generaciones presentes y futuras, es el momento del “no” salvador. Es el momento del coraje y la honradez.

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