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Carmen Ferreras

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El gesto de Letizia

Si nunca se hubiera santiguado a los ojos de todos, el gesto hubiera pasado más desapercibido.

La princesa Leonor, la Reina Letizia, doña Sofía y la infanta Sofía. LOZ

A día de hoy, todavía se habla del gesto, del polémico gesto de Letizia Ortiz, en la misa de Santiago, el pasado 25 de julio. Mientras el Rey Felipe, la princesa Leonor y la infanta Sofía se santiguaron, Letizia se perdió en un mar de miradas, hacia un lado y otro, provocando, como siempre. Letizia Ortiz que haga lo que le dé la gana. Lo viene haciendo desde que tiene uso de razón. La consorte del rey es otra cosa. Se supone que es la reina, ¿no? Entonces que actúe en consecuencia.

Mientras fue la novia y la esposa del heredero, Letizia Ortiz se santiguaba allá donde fuera: un funeral, un acto oficial, una boda, un bautizo, una comunión. Tenía que hacer méritos a los ojos de sus reales suegros que ya sabían de requetesobra cómo se las gastaba la chica aquella de la televisión. Si nunca se hubiera santiguado a los ojos de todos, el gesto hubiera pasado más desapercibido. Pero es que hay antecedentes. No se explica por lo tanto el antes y el después. Va de coherente y patina en la coherencia. También va de moderna y de progre. Como si el hecho de santiguarse estuviera reñido con la progresía, con la modernidad.

Letizia no destaca precisamente por su fe. Eso no es ningún secreto. En su pasado nunca se mostró apegada a este dogma. En su primer matrimonio con el profesor Alonso Guerrero, un señor estupendo al que conozco personalmente, se casó por lo civil. Los templos, las sotanas, el incienso, la señal de la cruz y otras cuestiones relacionadas con la religión católica le producen urticaria. Lo que no logro comprender es por qué aceptó casarse por la Iglesia en la catedral de la Almudena, estrenándola prácticamente para tal menester. Es contradictoria.

Ya entonces no estaba de acuerdo pero pasó por el aro. Claro es que,de otra forma. no hubiera podido desposarse con el heredero. Por lo tanto actuaba entonces con hipocresía mientras ahora lo hace con soberbia. Desde luego, diga lo que diga Casa Real que prosigue con el blanqueo de su imagen, bastante deteriorada desde el suceso aquel de la Catedral de Palma, entre amplios sectores de la sociedad, Letizia no está bien vista, no es querida. Ciertos gestos y actitudes no contribuyen a su redención a los ojos de la sociedad.

A pesar de haber girado visita al Santo Padre acatando las normas y de otras manifestaciones incomprensibles en ella, a estas alturas nadie pone en duda la laicidad de Letizia Ortiz que, no obstante, no duda en ponerse el velo oficial cuando visita un país musulmán.

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