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Luis M. Esteban

La EBAU sale a escena

Bienvenida sea una reforma de este absurdo sistema de selección de los futuros universitarios

Pruebas de la EBAU en Zamora ANA BURRIEZA

Gobierno, como ya nos tiene acostumbrados antes de que se acabe promulgando una ley, ha dejado caer la reforma de la EBAU y, como también es costumbre, todos nos lanzamos a la crítica más que al análisis, cuando este debiera posponerse a que la ley sea promulgada por quien corresponde, la Cortes que no el Gobierno, teniendo en cuenta, que parece olvidarse también, sobre todo en la redes sociales, que las competencias en educación corresponden a las CC AA, con lo que largo recorrido le queda al asunto hasta que realmente podamos hacer una reflexión consecuente.

Dicho esto, un servidor, que junto con la zamorana Asociación por una Selectividad en Igualdad lleva años denunciando la situación de injusticia flagrante del sistema vigente de acceso a la Universidad, no me resisto a no entrar en el tema con el fin de poner un poco de luz, desde mi perspectiva, claro.

Lo primero que hay que decir es que ¡ya era hora! que alguien entrase en la reforma de la EBAU, porque, y no me voy a remontar al Examen General de Bachilleres instaurado en el año 1857 en la Ley de Instrucción Pública del ministro zamorano Claudio Moyano, la realidad es que desde que en 1974 la “ley Esteruelas”, conocida así por el ministro Cruz Martínez Esteruelas, finiquitó la Reválida, la Selectividad ha cambiado, en esencia, solo de nombre. Porque, más allá de que se evalúen unas u otras asignaturas, desde 1975, primero año de puesta en marcha, la resolución del examen en sí de acceso a la Universidad no ha cambiado nada, incluso desde Claudio Moyano. Pese a la incorporación a la enseñanza de las tecnologías, metodologías como el Aprendizaje Cooperativo, el Aprendizaje Basado en Proyectos y hasta el Plan Bolonia para la Universidad, los alumnos se enfrentan a la resolución de cada uno de los exámenes con un bolígrafo y tiempo y papel tasado para plasmar lo aprendido fundamentalmente de memoria, porque los ejercicios de la EBAU obvian no ya competencias, sino incluso procedimientos hasta en materias como las Matemáticas, la Física, o la Química, donde los ejercicios que tienen que resolver están más en la línea de explicar dónde caerá una bala que en explicar por qué nos desplazamos hacia adelante cuando frena el conductor del autobús. Así que bienvenida sea una reforma de este absurdo sistema de selección de los futuros universitarios.

Lástima que puestos a innovar una vez más se haya perdido la oportunidad de establecer un sistema de acceso a la Universidad único

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Por otro lado, y antes de seguir incendiando ideológicamente los medios, veamos cuál es la propuesta del Gobierno, e insisto en propuesta, porque luego habrá de ser ley y habrá que ver los matices de cada una de las CC AA. En síntesis, se mantiene el 60% del valor de los dos cursos de Bachillerato, y la fase general, entre el 2024-2027, constará de dos asignaturas, no cuatro como hasta ahora, que será Historia de España e Historia de la Filosofía, más una de las materias obligatorias en función de la modalidad elegida, más la prueba de madurez, cada una con un valor del 25%. Con posterioridad, el alumno, para optar al 14, deberá elegir, ignoramos si 4 como hasta ahora, entre las materias cursadas en 2º de Bachillerato. A partir de 2027 el cambio es sustancial. La fase general constará solo de dos pruebas: una sola materia en función de la modalidad (25%) y la prueba de madurez (75%) y posteriormente, para optar al 14, dos materias ponderadas en función del grado universitario al que se opte.

De este planteamiento dos cuestiones han levantado revuelo: la salida de la fase general de la Lengua y el Inglés y, sobre todo, la prueba de madurez.

Respecto a lo primero, la asignatura de Lengua no solo seguirá teniendo plena presencia en tanto que podrá elegirse por el alumno en la fase general ahora y en la específica a partir de 2007, sino que cobra aún más importancia como lo que es, un instrumento esencial de conocimiento básico para la resolución de la prueba de madurez, bastante más importante que las funciones sintácticas, por ejemplo. En cuanto al Inglés, amén de que pueda elegirse en otra fase, conviene no olvidar que su inclusión en esta prueba añadió una nueva brecha entre los alumnos que conocen esta lengua exclusivamente por su formación escolar y aquellos otros que la pueden complementar con estancias en el extranjero o en el British, por ejemplo. Así que por aquí no le veo mayor problema.

La prueba de madurez es la que ha levantado más ampollas y temores. La ministra Alegría, mal apellido para ese ministerio, dice que sería una prueba en la que el alumno, a partir de una especie de dossier con textos, imágenes, audiovisuales e infografías deberá realizar un ejercicio de “interrelación” de la documentación entregada con el tema propuesto. Reconozco que como docente me atrae este cambio, así como su valoración cuando la propuesta esté desarrollada, porque es justamente un ejercicio no memorístico, sino de compresión lectora, aplicación de conocimientos y competencial, que son ejes esenciales para un universitario. Así que no puedo por menos que mostrar mi satisfacción por este cambio sustancial encaminado a reducir lo exclusivamente memorístico y ahondar en la competencia real del alumno. Pero tampoco quiero obviar un único temor: que se haga aún más grande la brecha entre las calificaciones de las distintas CC AA. Porque, por mucho que la ministra señale que la prueba contaría con unas “guías de corrección”, mal veo su aplicación y control real en una prueba de esta índole cuando con las plantillas actuales de corrección sobre conceptos eminentemente teóricos las desigualdades son flagrantes, el descontrol de los correctores espeluznante y el desconocimiento de los profesores que preparamos a los alumnos absoluto, pues no se nos facilitan los criterios ni antes ni después de los exámenes. Así que miedo y mucho a en qué acabará siendo esta prueba que, en esencia, me parece acertada y espero que no acabe siendo un fiasco por falta de voluntad y de eficacia en el control de su corrección.

Lástima que puestos a innovar una vez más se haya perdido la oportunidad de establecer, pese a que desde distintos ámbitos sociales y políticos se va reclamando, un sistema de acceso a la Universidad único puesto que único es el distrito universitario a la hora de elegir facultad. Y este hecho puede acabar dando al traste con esta reforma; es más, si la prueba de madurez acaba presentando disfunciones entre las distintas CC AA, redundará aún más en la situación de injusticia actual.

En cualquier caso, esperemos a ver cómo se concreta este anuncio y no nos olvidemos que mi reflexión, como todas las lanzadas estos días, pueden quedar obsoletas y hasta ridículas, puesto que en diciembre de 2023 hay elecciones generales y ya se sabe, si cambia el partido de Gobierno, habrá una nueva ley de educación y ya van faltando siglas para denominarla.

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