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La Opinión de Zamora

Antonio Gallego

Lo importante no es la verdad sino la noticia

Ni se me ocurre usar las redes sociales para ese fin de estar informado

Fake news Anne-Marie Miller

Estamos cansados de constatar este modo de actuación en algunos medios de comunicación. Recientemente lo vimos en las revelaciones que han sido publicadas sobre las conversaciones del famoso, en sentido más negativo y vil, comisario Villarejo donde aparecía algún comentarista muy conocido que se prestaba a publicar, con reticencia, cierta información que le pasaba el citado individuo para hacer daño político, siempre a algún partido de la izquierda. La compra de basura está asegurada en algunos medios españoles. Por desgracia, estamos ante hechos normales en el periodismo de hoy en día. Y no nos olvidemos de determinados jueces que abren causas de origen oscuro, rápidamente publicadas en ciertos medios, como si ya fuese una condena en toda regla, que tienen que ser cerradas por falta de pruebas porque así se lo ordena un tribunal superior. Así y todo, vuelven abrir otras similares. Uno de los más conocidos es el juez Manuel García Castellón.

Creo que los medios de comunicación, como dice nuestra Constitución, son importantes para formar un ciudadano responsable, aunque reconozco que todo ello requiere un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto hacer

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El partido Podemos ha sido posiblemente el más perseguido usando estas ‘tácticas’ de periodismo de investigación, ampulosa denominación para resaltar más el descaro del medio o del periodista que firma. El último asunto lo tenemos con el “caso niñera” abierto sobre las trabajadoras de Podemos que habrían cuidado de los hijos de Irene Montero y Pablo Iglesias. El mismo magistrado que abrió el caso ha tenido que cerrarlo porque constató que no había ninguna prueba que demostrase que habían ejercido dicha función. El día que se dio a conocer el caso, periódicos de tirada nacional como ‘El Mundo’, ‘ABC’ y ‘La Razón’, además de algunos digitales dieron toda la cobertura posible al asunto que acaparó gran parte de sus portadas durante tiempo. Un escándalo de tal tamaño merecía poner toda la carne periodística en el asador. Ahora, ya concluido el caso, apenas dicen nada del cierre de la causa. Todos sabemos que el poso que ha dejado esa falsedad nunca se quita del todo. Algo queda.

La Constitución Española en su artículo 20.1.d dice expresamente que comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión” no solo asegura nuestro derecho a conocer y explicar lo que acontece, sino que también es una garantía esencial para la configuración de la opinión pública, que resulta imprescindible para construir una sociedad libre, plural y democrática. Por eso, informar e informarse es un derecho fundamental independiente y preferente, y el periodista es el encargado de facilitarlo como el profesor lo es de enseñarlo. Todo suena muy bien, pero en este país de pandereta la Constitución está para no cumplirla y sino recuerden lo que está pasando con el CGPJ. El Sr. Feijóo se asombra de que el Gobierno, vía regulación legal, trate de poner coto a este desarreglo vital para el funcionamiento de la Justicia, pero no se le cae la cara de vergüenza de que su partido lo esté impidiendo durante más de dos años. Le interesa tener estos órganos nacionales cautivos.

Soy lector de prensa desde hace mucho tiempo y sigo comprado diariamente un periódico en papel, siempre el mismo. Recuerdo con emoción los tiempos en que apareció El País y el interés con que seguía lo que allí se publicaba. No he sido nunca seguidor de la radio porque no he acertado a coger el hábito que es muchas veces lo que crea fidelidad a un medio. Ni se me ocurre usar las redes sociales para ese fin de estar informado. La basura y los desahogos personales es infinita, aunque puedan existir excepciones.

Además del diario que compro en papel, veo cada mañana por Internet las portadas de casi todos los diarios nacionales, así como la BBC News, The Guadian y The New York Times. A veces pico Le Monde por alguna noticia en particular. No me lleva más de media hora diaria. No soy masoquista.

En líneas generales soy bastante crítico con estas lecturas y con los formatos de presentación, que tienden a la exageración, catastrofismo y dirigismo velado. Me gusta leer los artículos de opinión, pero eso solo lo hago en mi periódico de papel. En los demás ya es imposible por las limitaciones que ponen. Nunca me creo en su totalidad casi ninguna noticia importante. Si alguna me interesa en particular, hago mi propia investigación. Las noticias en la televisión, si estoy solo en casa, el mayor tiempo las veo sin sonido. La redundancia me resulta insoportable.

Con todo ello, creo que los medios de comunicación, como dice nuestra Constitución, son importantes para formar un ciudadano responsable, aunque reconozco que todo ello requiere un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto hacer. Resulta más cómodo refugiarse en el simplismo, el espectáculo, la ideología y en creerse la falsedad en muchos casos, que tiene su morbo. Eso ya es tu problema.

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