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La Opinión de Zamora

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Hablando en plata

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Estos días se ha hablado mucho sobre los incendios que han asolado la provincia de Zamora. Además de hablarse mucho, han hablado muchos. Tertulianos, políticos y demás personas que, por descontado, tienen todo el derecho a ser escuchados y, además, los últimos, la obligación de hablar.

No quiero meter en este saco a periodistas ya que, sin serlo yo, estoy rodeado de ellos y, aun no siempre de acuerdo con cómo se trata cierta información, respeto profundamente su trabajo, sobre todo del periodismo de provincias, del mileurista, si es que llega, en muchos casos.

Pero, a veces, me surge la pregunta de si realmente nos interesa (al pueblo llano) escuchar todas estas declaraciones y palabrería que, en situaciones extremas, como las que todavía estamos viviendo, surgen como la mala hierba.

Declaraciones y análisis “en profundidad” que ni solucionan, ni consuelan a nadie.

Y ahora es cuando advierto, pero no me disculpo porque, quizá, algún meapilas pueda sentirse ofendido por el lenguaje que voy a utilizar.

En esta provincia, en Zamora, estamos hasta los cojones de ser los putos olvidados de este país. Y sí, ya sé qué hay otras provincias que viven en la mierda al igual que Zamora, pero ahora me ha tocado hablar a mí y, obviamente, hablo de lo que me pilla más cerca.

Me enferma escuchar las putas declaraciones de políticos que hablan y sueltan su verborrea sin decir absolutamente nada y, por supuesto, sin dar ninguna solución a los problemas y, sobre todo, sin asumir ninguna responsabilidad por su trabajo.

¿En qué otro trabajo se consentiría esto? Por supuesto, solo en la política.

Y lo triste de esta situación es que estamos tan acostumbrados a ella, que han conseguido que la normalicemos. ¡Pero no es normal!

Su trabajo es servir a la gente. Son servidores públicos. Para eso se supone que se metieron en política. Para gestionar de una manera lógica y adecuada los servicios públicos de un país, región o localidad.

Pero da la puta casualidad de que su gestión es un desastre. ¿Cómo es esto posible en las personas que se supone que tienen que dar solución a los problemas de los ciudadanos y ante situaciones excepcionales como las que estamos viviendo?

¿Acaso no sabían que ese iba a ser su trabajo? ¿Es que en las juventudes del partido político de turno no les dieron un curso acelerado de gestión de crisis y solución de problemas de la gente? Pues va a ser que no. Igual resulta que haber sido militante de tal o cual partido desde los 17 años no te da el bagaje profesional necesario para estar a la altura de ser un servidor público. De anteponer las necesidades de tus conciudadanos frente a las tuyas. De recordar todos los días que son ellos los que te han puesto en el cargo que ocupas, dándote su confianza. Una confianza que muchos políticos se pasan por el forro, mintiendo y puteando precisamente a las personas que creyeron en ellos.

Después, llegan en sus coches oficiales a algunos de los pueblos que han perdido gran parte de su masa forestal, de su modo de vida, de parte de sus negocios y de la vida de decenas de especies animales y vegetales que tardaran años y años en recuperarse, si es que lo hacen. Pero como los pinos y los ciervos ni votan ni hacen la declaración de la renta, que les den por culo.

Resulta que muchas de esas especies estaban allí mucho antes que nosotros. Pero parece que las cosas solo son graves si hay daños humanos. Y que conste que la gente que me conoce podrá corroborar que no soy sospechoso de ser un abrazárboles o un hippy trasnochado, pero parece que nos cuesta entender que los humanos no somos el puto centro del universo.

Al bajarse del coche, prometen ayudas y dinero para la recuperación de la zona, como si ese dinero saliese de su cuenta corriente personal y nos estuviesen haciendo un gran favor. Pero resulta que ese dinero es tuyo, mío y de todos. Y, no, con dinero no se arregla todo en esta vida. Aunque parece que eso es lo que impera en la sociedad en la que, para bien o para mal, nos encontramos inmersos.

No pretendo ser un tremendista ni me gustaría que se interpretase esta carta como un ataque contra la política en general. Hacer política, es importante. Joder, a veces no nos damos cuenta de que condiciona completamente todas nuestras vidas.

Por eso considero que quizá va siendo hora de que todos nos tomemos más en serio a quién votamos cada cuatro años, sin caer en el juego del discurso fácil y dejándonos engatusar como niños con mensajes y propuestas que queremos escuchar.

Estos son momentos en los que los salvadores y los iluminados salvapatrias con soluciones para todo, aparecen como una puta plaga.

Creo que no nos merecemos que nos traten como gilipollas, pero para ello, primero hay que demostrar que no lo somos.

Ya es hora de que nuestros servidores públicos empiecen a hacer su trabajo, haciendo política de verdad, pensando en la gente, tanto de las capitales como de las zonas rurales que pagan sus impuestos igual que el resto. Dialogando y llegando a acuerdos sin pensar en si eso les reportará votos y poniendo la vista en el largo plazo y no en los próximos cuatro años. Escuchando a la gente y, sobre todo, a la comunidad científica. Para eso tienen los asesores, los funcionarios y los técnicos.

A ver si de una puta vez hacen política de verdad, para todos y pensando en todos.

Daniel Valcárcel Pérez

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