Kiosko

La Opinión de Zamora

Bárbara Palmero

Bárbara Palmero

Ganadera, escritora y exalcaldesa de Prado

Carta a Mañueco: "¡Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia!"

Durante una crisis es cuando los buenos profesionales demuestran su impagable valía y una excelencia de la que nuestros políticos carecen

INCENDIO SIERRA DE LA CULEBRA. CALZADA DE TERA Emilio Fraile

Escándalo tras escándalo, hasta el escándalo final. El primer ministro de Inglaterra, Boris Johnson, se ha visto obligado a dimitir presionado por su partido. Antes de abandonar el cargo, ha legado para la posteridad una gran verdad que pasará a los anales conocida como Los Evangelios de la política.

Textualmente confesó: “Estoy muy triste por dejar el mejor trabajo del mundo”. No hace falta que lo jure ante el Muro de Adriano. Ahora, gracias a la sinceridad del escandaloso mandatario, sabemos por qué los políticos se aferran con tanto ahínco al poder y defienden la poltrona con bestial fiereza.

Otro político adicto a los escándalos, un tal Donald Trump, quien tiene intenciones de presentarse a próximo salvador de América manifestó en cierta ocasión, que “podría disparar a la gente en la Quinta Avenida de Nueva York y aun así no perdería votos”.

Lo mismo le sucede a Mañueco. Acapara el confortable sillón del mejor trabajo del mundo, igual que Rose se adueñó de la tabla que la salvaría (sólo a ella) en el hundimiento del Titanic. Y da igual lo desastrosamente mal que se empeñe en seguir desgobernando la región, él continuará juntando papeletas electorales.

Aunque le diera por realizar sacrificios humanos o hacerse evangélico, nada puede hacer que pierda votos. Nada, repito. Ni siquiera esa obstinada terquedad suya en seguir manteniendo en el cargo al peor consejero de Medio Ambiente que ha producido este país.

En Zamora, la Junta no apaga los incendios para matar garrapatas, y de este modo evitar que nos contagiemos en un futuro de la enfermedad de Lyme y de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo

decoration

Lo último, la esquizofrénica comparecencia en las Cortes de Quiñones para tratar de justificar lo injustificable. Y que tan sólo ha servido, para demostrar que sería un buen jugador en el centro del campo. Nadie tan eficaz como nuestro apagafuegos en jefe, para abortar las jugadas del equipo contrario y sacar balones fuera.

La presencia del calificativo esquizofrénica no está escogida al azar. La esquizofrenia es un trastorno mental grave que hace que los pacientes perciban la realidad de un modo anormal. Justo el mismo mal que aqueja al consejero chamuscado.

Primero señaló con dedo acusador a los malvados ecologistas. Ecologistas, cuya presencia está constatada en todo el mundo. En Alemania, su fuerza de actuación es notoria desde los años 80, y en estos momentos están en el Gobierno. Pero según su parecer, los abyectos ecologistas sólo se dedican a elaborar leyes que favorecen los incendios forestales en CyL.

Qué gran protagonista para la segunda parte de Alguien voló sobre el nido del cuco se está perdiendo el cine. Más tarde le echó la culpa a la mala meteorología. Unos días más al frente de su quemada consejería, y bien sabe Dios que el culpable terminará siendo Putin, la ETA o Falconetti, aquel malo malísimo de la serie Los ricos también lloran.

Aparte de Mañueco, ha salido también el Consiglieri de la presidencia en defensa del consejero atrincherado. El señor Carnero es oriundo de Aspariegos, cuyos cielos se han oscurecido y sus calles han apestado a humo durante días, como el de casi todos los pueblos zamoranos.

Además de nativo, el señor Carnero ejerció de consejero de Agricultura. En esta faceta, se convirtió en firme paladín de la producción intensiva y de la agroindustria. O lo que es lo mismo, barra libre de macrogranjas y regadíos.

Ambos manejos, de animales y tierras, requieren de un gasto desproporcionado en agua. Inasumible para un país de la cuenca del Mediterráneo, es decir, aquejado de repetidos episodios de sequía severa. Un consumo muy por encima de nuestras posibilidades, que está agotando pozos y reservas de aguas subterráneas. De ahí la pérdida de humedad de los suelos, que contribuye a expandir incendios y a impedir extinguirlos.

Pero es que hace unos días, el Consiglieri ha suplicado a la Guardia Civil que en estos momentos de crisis incendiaria redoble los esfuerzos de vigilancia para dar caza a los pirómanos. Así, como si nada. Como si entre las dos legislaturas del anterior Gobierno central y la actual, no se hubiera procedido a la reducción de agentes y al cierre de cuarteles en el rural.

Es verdad que el 13 de febrero se celebraron unas elecciones autonómicas en las que Mañueco fue reelegido presidente de todos los castellanos y leoneses. Pero también es cierto, que cuando los ciudadanos ejercen el democrático derecho, meten su voto en la urna, no firman un cheque en blanco.

Y por eso, miles de zamoranos de toda condición, credo e ideología se han echado a las calles para pedir explicaciones razonables, no contubernios judeoecológicos, y exigir la dimisión del consejero responsable de tan nefasta gestión de esta crisis.

Sólo faltaría que nuestro Catilina mesetario acabara alegando que, en realidad están dejando que arda la provincia entera por nuestro bien. En la guerra de Vietnam, los norteamericanos deforestaron la selva con napalm y agente naranja, para así acabar con los charlies. Y en Zamora, la Junta no apaga los incendios para matar garrapatas, y de este modo evitar que nos contagiemos en un futuro de la enfermedad de Lyme y de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo.

En este circo no caben más payasos.

(*) Ganadera y escritora

Compartir el artículo

stats