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La Opinión de Zamora

Laura Rivero

Caliente verano en Zamora

La temperatura social aumentará en agosto, cuando los pueblos se llenen de forasteros

MANIFESTACION DEL PRIMERO DE MAYO EN ZAMORA ZAMORA MANIFESTACION DEL PRIMERO DE MAYO EN ZAMORA

No sé si será el cambio climático que todavía algunos niegan pese a las evidencias científicas y la experiencia vital propia, al menos este verano. Pero el clásico otoño caliente, que se refería a las movilizaciones sociales que se anunciaban en la tregua veraniega de los meses de vacaciones en la playa o en el pueblo, parece que este año se ha adelantado.

En Castilla y León, donde en los últimos años ha reinado la paz social del diálogo del mismo nombre entre gobierno, patronal y sindicatos, nueve de los dieciocho acuerdos vigentes para este año “han saltado por los aires” –según han dicho los interlocutores sociales- tras tomar las riendas de la Consejería de Empleo los socios políticos de Vox. La política de diálogo social que el vicepresidente Gallardo comenzó a dinamitar tras anunciar la reducción de la financiación acordada para los sindicatos mayoritarios y la patronal, ha explotado definitivamente en pleno verano elevando la ola de calor a temperaturas insoportables.

Anular la mitad del dinero convenido y la mitad de los acuerdos pactados, sin ninguna justificación más que el cambio de la Consejería de Industria, Comercio y Empleo que ha pasado a manos de Vox, ha adelantado el previsible otoño caliente

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Anular la mitad del dinero convenido y la mitad de los acuerdos pactados, sin ninguna justificación más que el cambio de la Consejería de Industria, Comercio y Empleo que ha pasado a manos de Vox, ha adelantado el previsible otoño caliente al inicio del verano. Patronal y sindicatos anuncian que acudirán a los tribunales de justicia para hacer cumplir lo acordado. El PP en el gobierno de Castilla y León, intenta salvar los muebles abriendo negociaciones con otras consejerías. El mes de julio se ha puesto caliente.

Zamora se ha llevado la peor parte del verano caliente literalmente, y ha colaborado a aumentar la temperatura aún más, con el mayor incendio de la historia que ha quemado gran parte de la Sierra de la Culebra. La temperatura social por el incendio y la falta de medios para apagarlo, subió de tono hasta pedir la dimisión del Consejero de Medio Ambiente -“Quiñones dimisión”- que fue lo que más se oyó en la concentración en la capital, donde los vecinos han lanzado la voz de alerta: “Hemos pasado de formar parte de la España vaciada a la España calcinada, porque miles de esperanza, proyectos, recuerdos y formas de vida han quedado enterrados bajo cenizas” –nos han dicho. Y esas palabras que hemos llevado a la Diputación por considerar que es la administración más cercana para ayudar a los ayuntamientos y a los vecinos de la zona de manera más rápida e inmediata, no han obtenido respuesta de los dirigentes que, una vez más, se han lavado las manos, pese a que la institución guarda en el banco 86 millones de euros y tiene 78 millones de remanente: dos más que los 76 millones que estima la Coordinadora Rural y la Universidad de Salamanca que se han perdido por el incendio.

De nuevo Poncio Requejo y Barrios Pilatos, reivindicando a otros y sin tender la mano a los zamoranos. Lavándoselas a favor de los gobiernos de la región y de España.

Eso si hay donde lavárselas, las manos. Porque pese a las inversiones y la propaganda medioambiental sobre el agua, en Zamora el agua sigue siendo un bien escaso. Y pese a estar surcada la provincia de ríos con suficiente caudal para quitar la sed a una población menguante, Zamora se seca en verano: los embalses bajan su cota porque no se hicieron ni para dar de beber a las personas ni para darles de comer regando los campos, ni para el turismo deportivo y recreativo; los pozos y agua subterráneas se contaminan por las malas prácticas agrícolas pensadas para producir a base de fertilizantes mientras aumenta la tierra baldía, y por los residuos de las macrogranjas que sustituyen al ganado que pastaba antes de que se quemara la reserva de la biosfera. Sube la temperatura y en Zamora, ni agua.

Como contagiados por la subida de temperatura, se calientan los precios de los alimentos y de la energía, y se dispara la inflación hacia cotas inasumibles por las economías domésticas y parece que por la economía con mayúsculas del Estado. Esa inflación que se fue instalando como lógica tras la invasión de Ucrania por Putin, continúa creciendo pese a que la guerra en Ucrania haya desaparecido de las primeras páginas de los periódicos. El intento de enfriar la economía a base de subir los impuestos a las empresas energéticas y a los bancos, con el fin de ayudar a las clases más desfavorecidas, hace subir el tono del debate del estado de la nación entre las derechas del PP y Vox y las izquierdas gobernantes. Pero sobre todo augura un otoño más caliente donde la inflación planeará sobre los convenios colectivos con cláusulas de revisión salarial, la revalorización de las pensiones y el salario de los empleados públicos. Como planeará también el hecho de que el gobierno ha aumentado el gasto militar para la OTAN.

A un verano caliente como el que estamos viviendo, tiene que seguir un otoño caliente de los clásicos: de movilizaciones para conseguir las justas reivindicaciones de igualdad de derechos entre personas y territorios

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En Zamora el verano ya es suficientemente caliente en el mes de julio, y se prevé que la temperatura social aumentará en agosto, cuando los pueblos se llenen de forasteros que se van a encontrar con las consecuencias de la política de tierra quemada literalmente en la Culebra y simbólicamente en la tierra despoblada, descuidada y abandonada a su suerte. Cuando ya en julio se están anunciando restricciones de agua, no sólo debidas al incendio, sino en prácticamente toda la provincia. Cuando las cotas del embalse bajen de nuevo para dejar en evidencia que hundieron nuestros pueblos para producir energía para otros. Cuando sigamos viendo cómo ha cambiado el paisaje del año anterior para poner energías renovables, también para otros. Cuando se compruebe que un verano más no hay cobertura de internet ni del móvil, y sin embargo sigue habiendo cortes de luz en los momentos de mayor afluencia de visitantes. Cuando para la mínima atención sanitaria haya que buscar al médico de pueblo en pueblo, y no encontrarlo.

A un verano caliente como el que estamos viviendo, tiene que seguir un otoño caliente de los clásicos: de movilizaciones para conseguir las justas reivindicaciones de igualdad de derechos entre personas y territorios.

Para mantener ese “impulso vital” que demuestre que seguimos vivos, y que no estamos al borde de un ictus social. Reflexión que hago tras leer que van a controlar nuestro riesgo de ictus en los pueblos de manera telemática, detectando la posible fibrilación. Algo muy positivo, pero que no nos va a hacer desistir de tener un médico cerca.

(*) Portavoz de Izquierda Unida en la Diputación de Zamora

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