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Zamora, una historia interminable

La Nada está arrasando Zamora y provincia desde hace décadas

Manifestación por el incendio de La Culebra (Zamora). Emilio Fraile

La catástrofe de la Sierra de la Culebra me devolvió a la mente, como ese momento en que, antes de morir, uno comienza a recordar su vida en una secuencia, mi infancia en Zamora. La asociación se debe a los veranos que pasé en uno de los campamentos que la Junta de Castilla y León (también la Junta se me ha venido a la cabeza estos días, aunque por otros motivos…) tenía en San Pedro de las Herrerías, en pleno corazón de la Sierra. Un tipo de campamento con regustillo militar en el que te enseñaban a sobrevivir en el medio natural, a hacer marchas senderistas con las provisiones justas de agua y alimentos, a orientarte, a sufrir el calor y el frío y, sobre todo, a respetar el entorno. Un entorno maravilloso que ahora agoniza calcinado, chamuscado, quemado.

Zamora, una historia interminable

Esto que relato debió ocurrir hacia 1989. Unos años antes, en 1984, se había estrenado en España la película ‘La historia interminable’. El argumento gira en torno a un niño, Bastian, al que hacen bullying en la escuela, que encuentra en una librería un libro mágico que le transporta, literalmente, a un mundo fantástico; un planeta que está siendo arrasado por la Nada. Y la Nada es precisamente eso, nada; el espacio, el vacío, la antimateria. Pero funciona como metáfora de la pérdida de imaginación que asalta a las personas en la edad adulta; al realismo exacerbado, al racionalismo. Por ello, ha de ser un niño, Atreyu, vestido como un nativo americano, quien salve su mundo a base de esfuerzo, de confianza en sí mismo, de ganas, de imaginación y, sobre todo, de ilusión; la ilusión de que su gente pueda seguir viviendo, de que exista, y siga existiendo, esperanza; un futuro para todos.

Pues bien, esa Nada es algo que, no tan figuradamente, está arrasando Zamora y provincia desde hace décadas; su desarrollo, su población, su mañana, y que cada vez gana más terreno sobre el mapa. Por si esto fuera poco, el incendio de la Sierra de la Culebra, uno de los peores de la historia de España, ha expandido ese vacío. Una tragedia que se ha hecho más dolorosa aún tras la consabida falta de medios que había en la zona y que ha provocado que, al igual que Morla, la vieja tortuga gigante de ‘La historia interminable’, los zamoranos se levanten y se hagan oír tras muchos años en silencio.

Hay que seguir empujando con la fuerza de la ilusión infantil, con la inocencia del iluso, para que se conozca la dura realidad que vive Zamora. Y no solo para ser ayudados y compadecidos, sino también para que las cosas cambien de verdad

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Cuando el pueblo zamorano se manifestó en la plaza de la Marina, frente a la Delegación de la Junta, el pasado día 21 de junio, subí un tweet en mi cuenta de Twitter acompañado de una foto cenital con intención de darle visibilidad al tema desde mis humildes posibilidades dentro de la red social. Para mi sorpresa, el tweet se viralizó (con más de 70.000 impresiones o visitas) y me condujo a entender, desde mi posición de emigrante, que había que seguir empujando con la fuerza del niño Atreyu, la fuerza de la ilusión infantil, con la inocencia del iluso, para que se conozca la dura realidad que vive Zamora. Y no solo para ser ayudados y compadecidos, sino también para que las cosas cambien de verdad, y de una vez por todas; para dar la voz de alarma ante el avance implacable de la Nada, de ese vacío que nos come, que nos arrebata la vida y la esperanza. Y también para poner ante el espejo de la vergüenza a las instituciones que obvian y ningunean a esta tierra.

Una labor que depende de todos y cada uno de nosotros, de todos los que, al fin y al cabo, llevamos una ciudad dentro que nos acusa, por su especial sentido del arraigo, y nos alienta, por su situación desesperada; la Ciudad del Alma a la que cantaba Claudio Rodríguez; la ciudad cuya bandera representa la unidad de unos jirones que se aferran al asta para mantenerse erguidos cuando sopla el viento.

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