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Cristina García Casado.

Los telares de Cris

Cristina García Casado

El relato

Tenemos que apuntar alto, creernos que este es un lugar excepcional que merece ser compartido

VALLADOLID. ZAMORA. FROMAGO EN VALLADOLID JOSE LUIS FERNANDEZ

La casa más antigua de Washington es seis siglos más nueva que la iglesia más longeva de Zamora. La Old Stone House ahora es un museo, aparece en las guías, tiene sus souvenirs. La iglesia de San Claudio de Olivares, me temo, queda fuera de la ruta exprés de tantos turistas. No he visto todavía un imán de sus capiteles. Sería precioso.

En Filadelfia y en Virginia visité, con toda la ceremonia, sitios históricos con menos solera que las casas de mis abuelas. Pero en esos muros se fijó Hollywood y los pueblitos de mi infancia salen solo, y a vista de pájaro, en algunos vídeos de turismo local porque los apellidan las ruinas de Castrotorafe.

Me fascina la capacidad de Estados Unidos para contarse. Para dar relato, es decir, valor, a lo más mínimo. Son capaces de hacer una sala de museo en torno a un bolígrafo con el que se firmó un documento histórico. En los sótanos y almacenes de nuestros museos, en cambio, yacen obras de gran valor que nadie contempla hace demasiado. Nos falta reconocerlo, construir su relato. Sería necesario.

La II Iberoamericana, que estará abierta hasta el 16 de octubre, marida en Toro arte contemporáneo de creadoras latinoamericanas con edificios nobles de un pasado real. Un festival lleno de relato, memoria y mundo. Por ahí hay que ir

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Los días de San Pedro he recorrido la ciudad por donde suelen pisarla los que la visitan y he sentido algo bastante parecido a la desolación. En la calle que conduce a la catedral más antigua de Castilla y León se te cae el alma a los pies. Estado de calamidad. Los turistas no saltan de templo en templo, las ciudades agradan o no por su conjunto. No basta con albergar una concentración excepcional de románico, hay que construir alrededor de esa suerte. Y limpiar, a ser posible, esas firmas feísimas que desprecian y deslucen el inmenso patrimonio de provincia y capital.

Zamora tiene mucho, pero no se ha contado. Y lo que no se cuenta, sobre todo en este tiempo, no existe. Este viernes me decía el agregado cultural de Perú, bajo la cúpula de San Agustín, lo fascinante que es ver obras andinas sobre altares del siglo XVI en esta España rural. La II Iberoamericana, que estará abierta hasta el 16 de octubre, marida en Toro arte contemporáneo de creadoras latinoamericanas con edificios nobles de un pasado real. Un festival lleno de relato, memoria y mundo. Por ahí hay que ir.

Otra idea que, me parece, señala el buen camino es Fromago, la feria internacional del queso que acogerá Zamora en septiembre. Algo muy grande a partir de un alimento humilde, cotidiano y ancestral. Tan nuestro. Tenemos que apuntar así de alto, creernos que este es un lugar excepcional que merece ser compartido. Sería urgente.

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