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La Opinión de Zamora

Carmen Ferreras

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Carmen Ferreras

¿El fin de dos tradiciones?

La feria ha vuelto pero el ambiente no era como el de otros años

INAUGURACION FERIA DEL AJO EMILIO FRAILE

No lo afirmo, no puedo asegurarlo, es tan solo una pregunta que me hago a tenor de lo que he venido escuchando estos días. Pregunta que me hago y que hago a los responsables de las Ferias del Ajo y de la Cerámica, a las autoridades y a quienes intervienen con sus productos en estas dos tradiciones tan importantes dentro de las fiestas de Zamora.

Este año no han sido tantos los productores de ajos. Ni siquiera por las Tres Cruces, se notó el picante olor a ajo recién enristrado de otros años. Pocos puestos y un poco de desazón, un poco de decepción por parte de algunos participantes. No les compensa. Eso es lo que me dijeron, eso es lo que me contaron muchos de los ‘ajeros’ a los que me acerqué para preguntarles el origen de sus productos y cómo veían el devenir de la feria. El pesimismo fue la nota predominante.

Hay que dotar a ambas ferias del atractivo necesario para que se sumen nuevos participante, ojalá que llegados de allende las fronteras de España, como ya ocurre con Portugal y darle una dimensión internacional

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Las Ferias y Fiestas de San Pedro no serían igual sin el concurso de las gentes llegadas de tantas localidades zamoranas como inscriben su nombre en este tradicional evento que a nadie deja indiferente. Es verdad que la feria ha vuelto a sus orígenes, recuperando su lugar, manteniendo viva una tradición que no podemos permitirnos el lujo de perder, pero el ambiente no era como el de los años anteriores a la pandemia. Hay que preguntar para saber.

Quizá si el ajo zamorano pudiera ser reconocido, consiguiendo la Marca de Calidad que sin duda merece, a lo mejor, sólo así, los productores podrían animarse, porque las Tres Cruces son un escaparate ideal que atrae a gentes llegadas de otras muchas latitudes, incluso de fuera de España y los ajos de nuestra tierra tienen justa y merecida fama, como la tiene nuestro barro.

Esa es otra, porque se me ocurrió preguntar a algunos alfareros y ceramistas y, aunque no hubo unanimidad, muchos me dijeron que tampoco compensaba, y que cada vez hay menos productores de un elemento que han convertido en arte. Un arte con mayúsculas. Algo tendremos que hacer desde Zamora. Estimo que sí se han producido ventas, algunas muy buenas, que los puestos han estado muy concurridos, que a la gente se la veía animada aún a sabiendas de lo que nos espera tras el verano.

Hay que acabar con ese pesimismo que puede ser contagiante. Hay que dotar a ambas ferias del atractivo necesario para que se sumen nuevos participante, ojalá que llegados de allende las fronteras de España, como ya ocurre con Portugal y darle una dimensión internacional.

En principio cabe desear larga vida a ambas ferias.

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