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La Opinión de Zamora

Ángel Alonso Prieto

Palabras en la ceniza

La furia de la naturaleza nos ha recordado que ella sigue aquí, en el cielo, en la tierra

Incendio en Sierra de la Culebra.

No han faltado palabras para calificar, llorar, denunciar, informar, del desastre del incendio en la Sierra de la Culebra. Toca apagar también el incendio de las frases hechas, de las críticas oportunistas, o del esconderse tras la letra de la fatalidad o la falta de medios. Manos a la obra; menos retórica, más racionalidad y menos humo, menos lobos (ahora sí), menos teoría, más sensatez, y más coraje. Cuando vienen mal dadas todos a una. A salvar la madre sierra, la madre naturaleza en la que nos ciscamos con tanta desvergüenza, siendo así que le debemos todo. Seguimos sin enterarnos de nada aunque todos hayamos tenido que estudiar dónde nace el Duero y sus afluentes, pero olvidamos donde nace lo que nos hace crecer y nos alimenta, donde da la vuelta el aire que ensuciamos, donde la ‘trinidad’ de la vida (vegetal, animal,y humana) se mantiene más pura y sagrada.

Palabras en la ceniza Ángel Alonso Prieto

Que nadie se dé por aludido porque escribo para nadie y para todos. A ver si de una vez nos enteramos que la educación ambiental, y la preservación de los recursos naturales no es una prioridad en el sistema educativo ni en el poder establecido. Pero de esos lodos vienen estos barros y quien siembra vientos se queja de tempestades.

Una vez más la furia de la naturaleza nos ha recordado que ella sigue aquí, en el cielo, en la tierra, en Zamora, en La Palma y en Haití, por más que nuestra chulería tecnológica y nuestra civilización ensoberbecida quiera negar la mayor o cambiar el curso de las cosas en provecho del curso de la moneda. Pues cuidadín con seguir jugando. Ya vemos cómo se las gasta nuestra madre tierra cuando nos ponemos tontos. Debe ser que hay un plan B cuando los árboles falten y el agua potable se acabe; lo intuímos, lo prevemos, cuando de tanta basura ingerida nos convirtamos en zombis o seres con tripas de plástico, pues de ello ya cantan las radiografías, en animales y humanos, bastante.

El “homo sapiens” ¿es en realidad tan sabio? ¿Por qué tipo de “homo” el mundo está siendo gobernado?

Nosotros somos el hijo necio y caprichoso de ella, la ruina de la herencia gratuitamente recibida

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La naturaleza sí que es sabia y ha hecho todo lo posible para agarrarse a la vida y a la supervivencia, en lucha lícita consigo misma para perdurar equilibrándose. Nosotros somos el hijo necio y caprichoso de ella, la ruina de la herencia gratuitamente recibida.

La naturaleza es sabia, lleva millones de siglos aprendiendo a sobrevivir, a reproducirse, a resistir y protegerse.

Contemplaba el otoño pasado el parque próximo a mi casa; los arces habían convertido sus hojas en llamaradas de color rojo antes de ir al suelo en suave y constante planeo; lejos de las hojas muertas otras hijas del árbol habían ido al suelo con pretensión de seguir viviendo y transmitiendo la sangre de sus padres: eran las semillas que encapsuladas con un extremo en forma de ala o hélice estaban preparadas para emprender el primer vuelo que el viento otoñal les deparase, para seguir produciendo sabia, vida y leña donde el aire caprichoso las dejara aterrizar.

La naturaleza es sabia, y tanto que nos engendró a nosotros. Como madre, aún con nuestros desatinos, nunca se arrepentirá. Nosotros, por lo que se ve, no tenemos nada de qué arrepentirnos: seres cenizos que reproducen su semilla.

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