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Lo que aprendí de los mayores de la Sierra de la Culebra

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Mi nombre es Luis Romero Cid. Soy natural de Tábara, el cual no ha sido afectado (aunque por muy poco) por el pavoroso incendio que hemos sufrido en los últimos días.

Por motivos laborales y familiares, resido en Sevilla, pero soy tabarés “ por los cuatro costados” como se dice aquí, en Andalucía.

Cazador, amante de la naturaleza, de esa Sierra que me vio crecer, donde me forjé como persona y aprendí de los mayores del lugar, todo lo que sé de campo y de cacería, de lo importante que es mantener la Sierra desbrozada, de que apaga más fuegos un rebaño de cabras que un hidroavión....

Aprendí que la gente de campo no pensamos en despachos, ni en restaurantes comiendo marisco y destinando presupuestos a asuntos innecesarios...

Pensamos limpiando los arroyos para que en la crecida no se inunde el pueblo...

Pensamos quitando las zarzas en invierno, para que en verano no haya desgracias...

Pensamos viendo a un gato cazar ratones y a un jilguero anidar en un manzano...( Sí, en un manzano , no nacen en la pajarería de la esquina).

Hoy me lamento como otros muchos paisanos de la enorme pérdida ecológica y económica sufrida en nuestra Sierra. Y lo hago de la mejor manera que sé, en la intimidad que me da la poesía.

Es por ello que quiero compartir con ustedes como me siento y como se sienten todos los habitantes de esa maravillosa Sierra. Creo que es un buen homenaje a todos los vecinos de los pueblos afectados.

¡Fuego!

Desde Sevilla lloro e intento mojar el suelo...

Pero en el filo de la noche

danzan las lenguas de fuego,

caen por la montaña,

lamiendo los árboles,

dejándolos secos.

¡Lluvia, lluvia! Gritaba la luna a Dios , viendo enrojecer el cielo.

Habrá un nuevo día,

pero no habrá pájaros en el cielo,

las mariposas se han ido,

se queda un mundo negro,

escrito en letras rojas carmesí.

¿Sabes cómo me siento?

Ya no hay aroma a pinos,

solo tierra calcinada, solo

rastrojos viejos.

Gritos se oyen en aquel

infierno, se oye el rumor del fuego,

Llantos y lágrimas,

agua y esfuerzo.

Cada hoja me habla de paz suave,

y yo les pregunto:

¿Dónde está la paz en las manos de los

que apagaron el fuego?

¿Dónde está la paz de mis paisanos ?

Sí.

De ellos.....

Lágrimas caen de las hojas

que se han librado de las llamas,

Lloran como yo.

intentando mojar el suelo...

Luis Romero Cid

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